Opinión Internacional

Por qué cambió Santos

(Estados Unidos) no pudo, en sesenta años,

lograr la caída de Castro

En nota anterior recordábamos como el Presidente Santos había cambiado radicalmente su actitud frente a Chávez y como lo había convertido en su “nuevo mejor amigo.” Los cambios de humor frente a otros gobiernos no son gratuitos en gobernantes experimentados como nuestro presidente. No se pasa de considerar la utilización de algunas de nuestras bases aéreas por los Estados Unidos de «herramienta fundamental para frenar los ardores bélicos del «impredecible» a abstenerse de pedir al Congreso su aprobación, sin tener una buena razón. Esta no puede ser que cuando Uribe era presidente Santos no estaba de acuerdo con él pues este hubiera renunciado si no estaba de acuerdo o hubiera corrido la suerte de Rodrigo Rivera. Otra explicación, frecuentemente aducida, es que, después de ser elegido, Santos reflexionó y llegó a la conclusión de que apaciguando a Chávez, lograría que Venezuela pagara las sumas importantes adeudadas a los exportadores colombianos, reanudara el comercio bilateral y cerrara sus fronteras a la guerrilla, objetivos estos más importantes, según esta hipótesis, que la contraprestación de no volver a criticarlo en los foros internacionales. No parece válida esta teoría. Santos no es ingenuo y, creemos, que solo está comprando tiempo, sabiendo que el escorpión no muda su naturaleza. A la fecha, Venezuela sigue sin pagar la mayor parte de la deuda a sus proveedores colombianos, no ha reabierto las fronteras al comercio y los guerrilleros siguen en sus campamentos venezolanos (el Almirante Cely lo aseguró). Sí ha suspendido la retórica contra nuestros gobernantes (“oligarcas bogotanos”, “Santos el mafioso amenaza para el continente”, etc.), nos ha deportado un par de guerrilleros de menor cuantía y abonó algo a la deuda.

¿Por qué entonces el apaciguamiento? ¿Qué tiempo estaría nuestro presidente comprando? La explicación podría estar en una consideración estratégica, teniendo en cuenta la situación en que se encuentran los Estados Unidos en el contexto geopolítico mundial y la actitud de la superpotencia frente a las autocracias regionales. Washington tiene demasiados compromisos bélicos, Irak, Afganistán, Libia en menor grado y no quiere involucrarse en otros. En el hemisferio no pudo, en sesenta años, lograr la caída de Castro y menos podría sacar a Chávez quien dispone de recursos muchísimo mayores. Mientras, Chávez sigue armándose rápidamente. Entre 2005 y 2007 compró, solo a Rusia, armas por US$4.000 millones y posteriormente por unos US$2.500 millones adicionales, armas que incluyen aviones Sukhois de última tecnología, tanques T-72M, submarinos diesel, helicópteros, radares, misiles antiaéreos, etc. Los Estados Unidos consideran este armamentismo innecesario pero, en palabras del Departamento de Estado, “no nos importa.” Pero a Colombia si le importa y como Washington no tiene compromiso para defendernos, primero Chávez nos destruiría y luego intervendrían. Antes de quedar como Irak, Afganistán y Libia, probablemente Santos considere que es mejor apaciguar a Chávez a la espera de que los venezolanos lo tumben antes de que nos ataque.

 

 
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