Opinión Internacional

Queda mal parada la comunidad judía argentina por la relación de Kirchner con Chávez / Ahmadineyad

El presidente estadounidense George W. Bush afirmó: «En los últimos 5 años, hemos librado una campaña sin precedentes contra el terrorismo en el país y el extranjero, y esa campaña ha tenido éxito notables en la protección de la patria. Hemos aprendido las lecciones del 11 de septiembre».

Fue el 3er. día consecutivo dedicado por Bush a la guerra contra el terrorismo, una temática que culminará el 19 de septiembre con un discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas.

A menos de 2 meses de las elecciones legislativas de noviembre, Bush intenta restaurar el prestigio del gobierno en materia de seguridad. En este contexto, el presidente de la República Islámica de Irán, Mahmud Ahmadineyad, afirma que desea mantener un debate en la sede de la ONU con Bush, en el que ambos abordarían temas como el de la seguridad y la paz mundial.

Ahmadineyad está viajando a New York para participar en la Asamblea General de la ONU.

Un aliado importante de Ahmadineyad en la ONU es Venezuela, que además intenta integrar el Consejo de Seguridad, sentándose en una de las sillas rotativas, y para esto cuenta con el apoyo de la Argentina.

Si bien se especula conque los múltiples acuerdos bilaterales con Venezuela no obligan a la Argentina con Irán, existe una fuerte corriente de opinión en el Gobierno argentino promoviendo participar del aval a Irán en la ONU, sabiendo de antemano los problemas que eso ocasionaría a los vínculos con USA.

Para complicar todo más, hoy la Cancillería venezolana respondió, por medio de un comunicado, a una nota que envió el 5 de septiembre el Departamento de Estado norteamericano a la embajada de Venezuela, en Washington DC, reiterando la decisión de USA de revocar las ventas de componentes y servicios militares a la administración de Hugo Chávez, e instando a que se cierre en forma inmediata la Oficina de Adquisiciones que tiene el gobierno venezolano en la ciudad de Miami, Florida.

Para el Ministerio de Relaciones Exteriores venezolano, esto “se inscribe en la reiterada y agresiva política que impulsa el imperialismo norteamericano contra Venezuela, basada en un escenario de conflicto de baja intensidad. Todos los países, incluyendo USA, deben respetar los contratos y compras negociados y acordados legalmente”. Por ello, exigió que “se permita el flujo de los suministros y artículos de defensa, que fueron pagados, antes del 17 de agosto de 2006 o, en su defecto, se reintegre esas erogaciones monetarias”.

En este contexto se llega al encuentro en New York, y la Argentina queda involucrada en un conflicto del que no era parte interesada.

La cercanía de la Argentina con Venezuela produce distancias no solamente con USA sino también con Israel, de cuyo gobierno es un crítico marcado el presidente Chávez. Precisamente Chávez apoyó a Irán en la controversia nuclear con Israel.

¿Qué hace la comunidad judía argentina?

Todo un tema considerando la baja disposición para el conflicto que históricamente tiene la dirigencia judía argentina, cuyos líderes prefieren mantener una buena relación con los mandatarios de turno, no importa quiénes sean.

Entonces, mientras los líderes de la comunidad judía argentina mantiene su disponibilidad al diálogo con Néstor Kirchner, pese a los reiterados incumplimientos presidenciales en todo lo relacionado con la investigación de los atentados contra intereses judíos en la Argentina, aparece ahora el vínculo de la Argentina con la Venezuela pro-iraní, que además involucra a sectores cercanos al oficialismo que apoyaron públicamente a Hezbollah durante el reciente conflicto en El Líbano.

Es evidente no solamente la incomodidad de los líderes de la comunidad judía argentina en este contexto sino, además, su decisión de aferrarse a cualquier hipótesis antes que a algún conflicto con las autoridades gubernamentales, no importa cuál sea el nivel de humillación pública que deba soportar.

La concesión más reciente de esos genuflexos dirigentes ocurrió con las manifestaciones de Jorge Kirszenbaum y Luis Grynwald, quienes en nombre de la DAIA y la AMIA, apuntaron a ‘ningunear’ al más calificado, carismático y popular vocero logró la comunidad judía argentina durante los últimos años, el rabino Sergio Bergman.

«Bergman es un rabino más de la comunidad, entre los cientos que hay. Habló a título personal y no a nivel institucional», dijo eel presidente de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), Luis Grynwald.

Voceros de la AMIA afirmaron que existieron presiones desde la Casa Rosada, y que sus dirigentes son extremadamente ‘sensibles’ a esas presiones.

«No se olviden que en la AMIA sigue siendo influyente gente como Abraham Kaul, a quien no le interesó que Kirchner lo convirtiese en un hazmerreir. Luego de todo eso, Kaul siguió esperando que Kirchner le ofreciera integrarse a alguna candidatura. Tiene la cintura política de un pollo», reflexionó un ex dirigente judía argentino. Y agregó: «¿Ud. realmente cree que hay tanta diferencia entre Grynwald y Kaul? Ahora, si lo plantea ya verán que lo acusan de antisemita. Es la reacción adolescente que tienen ante cualquier planteo que les disgusta».

Ante la presión por Bergman, la posición de la AMIA fue dejar en claro que no desea «entrometerse en internas políticas del país».

«Por eso les fue tan mal con lo de la AMIA, porque carecen de liderazgo y de capacidad de presión», agregó el anciano dirigente.

La cuestión ahora es si el presidente de la DAIA, Jorge Kirszenbaum, puede garantizarle a Kirchner un viaje tranquilo a USA, también en ocasión de la reunión en la ONU.

Sucede que el único aspecto que intranquiliza a Kirchner es la posibilidad de algún desplante de la comunidad judía estadounidense, donde hay conspicuos dirigentes que además de considerar unos «pusilánimes» a sus colegas argentinos, creen que hay que dar «señales concretas» en la coyuntura global.

Kirchner le ha solicitado al cónsul general en New York, Héctor Timerman, que garantice que la comunidad judía estadounidense no deparará sorpresas indeseables,

En ocasión del ‘caso Bergman, Kirszenbaum le dijo a la agencia estatal de noticias Télam que las relaciones entre la dirigencia de la comunidad judía y el Gobierno Nacional son «excelentes» y que «al Gobierno Nacional le inquietan las mismas cosas que le inquietan a la comunidad judía».

Sin duda una frase poco feliz considerando que, a la vez, la DAIA y la AMIA, se mostraron preocupadas por un “rebrote antisemita y antisionista” impulsado por el piquetero Luis D’Elía al que además calificaron de » funcionario de cuarto o quinto rango», pero que responde a Kirchner.

“Desde que se encrudeció el conflicto en Oriente Medio entre Israel y el movimiento islámico Hezbollah, en nuestro país grupos de ultraizquierda, como Quebracho, comenzaron a realizar pintadas en distintas Universidades y Facultades de la Ciudad, en una clara muestra de intolerancia”, opinó Grynwald, sin duda un ingenuo si es que realmente considera que no hay conexión entre la ‘transversalidad K’ y esos sectores.

Como demostración de su capacidad de influencia, Grynwald apeló a un ejemplo casi risueño: «La comunidad mantiene relaciones cordiales con todo el Gobierno Nacional, no sólo con el doctor Néstor Kirchner. Por ejemplo, hace unos días, solicitamos una entrevista al ministro del Interior, y el doctor Aníbal Fernández nos atendió antes de que pasaran diez horas de nuestra solicitud».

Grynwald le dijo a la Agencia Judía de Noticias: «Seguramente existen personas antisemitas, bolsones aislados pero para nada estamos de acuerdo con lo expresado, el domingo pasado, por un columnista de uno de los matutinos porteños de que antisemitas están dentro del Gobierno».

Existe la impresión de que esta línea de acción se encuentra muy arraigada entre los potenciales dirigentes de la colectividad judía argentina. Por ejemplo, uno de los interesados a alcanzar la presidencia, Aldo Donzis, de Lanús, Provincia de Buenos Aires (donde supo tener su base operativa el ex comisario Juan José Ribelli), ya dejó en claro que desea mantener una conducta que, en definitiva, es la misma que Rubén Beraja mantuvo cuando Carlos Menem estaba en el poder.

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