Opinión Internacional

Reflejos condicionados

La pregunta sobre cómo pueden afectar las inconsistencias y desacuerdos de este gobierno la popularidad del gobernante si las encuestas se realizarán esta semana revela tres tipos de problemas. El primero relacionado con una premisa dominante entre algunos formadores de opinión: la tendencia (conciente o inconsciente) a enaltecer rasgos carismáticos de la personalidad de Uribe. Una suerte de necesidad edípica que prevalece en la cultura mediática. El gobernante es glorificado como la mejor expresión de la raza, la patria o el momento histórico. Aún siendo criticado, los mass media se encargan de mitificarlo mediante flujos de información que pueden adoptar la forma de un titular o una fotografía de portada.

Esta mentalidad contribuye a que las «razones de Estado» invocadas por el gobernante sean condición suficiente para absolver medidas como al excarcelación de criminales, parapolíticos o guerrilleros, pese a que con tales medidas se esté destrozando el propio Estado de Derecho y las Instituciones Democráticas. Esta dimensión exaltada de los medios ha degenerado de paso la naturaleza y el rigor necesario de las técnicas de medición y encuestas. Los medios se han convertido por cuenta propia en las firmas encuestadoras y viceversa. Y estos ciclos irregulares actúan paradójicamente en una doble calzada, mientras las encuestas y los medios subliman la imagen del mandatario, la cultura política de la mayoría se parece a un gallinero.

El segundo tipo de problema reproduce en otra escala los efectos del primero bajo la forma de una enfermedad parasitaria. La atención recae esta vez sobre la población de las encuestas y los sondeos de opinión. Que si aceptamos los resultados en materias tan delicadas como el paramilitarismo o las filtraciones telefónicas a la oposición, aquello que denominamos «opinión pública», en muchos casos reproduce un grotesco condicionamiento reflejo (como los perros de Pavlov). Por defecto se puede ilustrar el estilo de las preguntas: «Sigue creyendo usted en el presidente Uribe a pesar de Juan Manuel Santos». Preguntas en donde la técnica de la encuesta tiene que ver con los énfasis marcados y los sesgos de preferencia racional de quienes las diseñan.

Esta enfermedad parasitaria se traduce luego en altos porcentajes de opinión favorable que son celebrados por los ganadores (paramilitares y narcotraficantes). Y se pagan tales estados de ánimo con páginas completas de autopromoción del crimen organizado. De manera que la sociedad asiste anestesiada a una complacencia aberrante de alianzas políticas que tienen al 75% del país arrodillado ante una forma de anarquía autoritaria. Expresiones mediáticas que ofrecen espacio político a los Warlords (señores de la guerra). En casos tan carentes de análisis y autocrítica de los medios, las pocas voces de la crítica padecen una sutil censura o lo que es peor: la autocensura. La opinión de minorías no es algo que les quite el sueño a los propietarios de los medios.

El tercer tipo de problema es consecuencia de los anteriores. El contexto general de las encuestas sugiere que una mayoría de problemas de información en las dinámicas de opinión pública están relacionados con preferencias de individuos o grupos bajo influencia. Estas preferencias han recibido tratamiento desde diversos enfoques. Escoger o tomar decisiones no es un asunto estrictamente individual, como lo había planteado la teoría convencional, sino que obedece a nuestra condición humana relacional. Escogemos o tomamos decisiones en contextos variados y dentro de rangos amplios de interdependencia mutua. De modo que nuestro comportamiento no opera siempre con información completa. Obramos limitados por exceso o por defecto de los medios disponibles en un momento determinado.

Este tipo de problema es relevante en la actual coyuntura de Gobierno. Porque nos permite comprender aparentes contradicciones entre política y economía o constitucionalidad y política, por mencionar sólo las más evidentes. ¿Por qué -se preguntan expertos en opinión- a la economía le sigue yendo bien mientras al país le va tan mal? Pregunta cuya respuesta descansa de nuevo en los atributos del mandatario. Y todo el conjunto de argumentos regresa de nuevo a la mitificación edípica.

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