Opinión Internacional

Rusia se separa de la OTAN

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Esta semana presenció una medida de Moscú que luce como el deslinde final de Rusia de la OTAN, con la cual tenía una estrecha relación desde tiempos de Yeltsin, cuando Rusia acataba ciertos acuerdos sobre limitaciones de armamentos y tropas en Europa. Pero esa época ya luce distante, pues Putin cambió su postura inicial de acercarse a Occidente y quiere no sólo distanciarse sino recobrar parte del poderío que tenía la URSS durante la guerra fría.

Todo para realzar el orgullo nacional, un elemento que Putin ha sabido explotar bien en sus campañas electorales, pues gracias a su firme postura antioccidental es muy popular internamente, lo que le permite dominar la escena interna en forma autocrática, con medidas represivas o intimidatorias contra la escasa oposición y los medios independientes.

Obviamente Putin piensa seguir mandando detrás de bambalinas, escogiendo a un sucesor obediente para las elecciones del 2008, y hasta se rumora que podría hacer modificar a tiempo la constitución para permitir su reelección para un 3º período. Los cambios en la relación Washington-Moscú son muy notorios desde la primera visita de Putin en 2001 al rancho de los Bush en Texas. Desde entonces no sólo la alianza EEUU-UE ha estimulado el ascenso de gobiernos pro-occidentales en ex repúblicas soviéticas como Ucrania y Georgia, sino que busca emplazar sistemas antimisiles en Polonia y la República Checa, todo mientras los países bálticos se acercan más a Occidente.

Ese supuesto “cerco” hizo que los militaristas rusos obtuvieran buenas tajadas (casi $ 200 millardos en 5 años) del presupuesto ruso, ahora engrosado con los cuantiosos ingresos petroleros. Se sabe que Rusia está actualizando su arsenal misilístico, repotenciando la decaída marina con seis portaviones y desarrollando nuevos submarinos nucleares, mientras vende armas y tecnología a naciones antagónicas a EE.UU. como Irán y Venezuela.

Consciente de las nuevas realidades, la UE también trata de alejarse de Rusia –las fricciones diplomáticas de Londres con Moscú son un ejemplo- mientras busca una mayor autonomía energética para no depender del petróleo y gas rusos, ya que Moscú tiende a usar la energía como un arma geopolítica. No hay duda que Rusia quiere ser un polo alternativo de poder mundial, como lo fue la URSS en su tiempo, a pesar de que ahora hay dos fuertes competidores: la pujante China y una UE ampliada a 27 miembros. Así que el mundo del siglo XXI será más bien cuadripolar, algo que podría ser más proclive a la paz, ya que la historia nos enseña que la concentración del poder es dañina, tanto para el mundo como para una nación, al generar arrogancia y estimular abusos.

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