Opinión Internacional

Salvemos a la cubana Hilda Molina

(%=Image(8022526,»L»)%)Buenos Aires (AIPE)- Informa el diario La Nación de Buenos Aires que la voz de la eminente doctora cubana Hilda Molina se quiebra cuando habla de sus dos nietos argentinos que no ha podido conocer. Hilda Molina desde joven abrazó la Revolución Cubana y llegó a ser diputada de la Asamblea Nacional y asesora de Fidel Castro. La prensa la presentaba como «la sensación de la medicina cubana», mostrándola en fotos junto con el dictador. En 1989 fundó -y dirigió hasta 1994- el Centro Médico Internacional de Restauración Neurológica (Ciren), a donde concurren centenares de cubanos y extranjeros. Precisamente, una queja pública contra la decisión del gobierno de disminuir el número de camas para pacientes cubanos y aumentar los servicios a extranjeros que pagan en dólares, le valió ser considerada disidente. Tuvo que renunciar a la dirección del Ciren y luego a su banca como diputada.

Desde entonces, Molina, de 60 años, que vive con su madre ciega de 84 años, no ha podido obtener la visa para salir del país, a pesar de que hasta ese momento había participado en numerosos congresos internacionales. Luego de un par de años sin obtener respuestas, un militar cubano le explicó que no podía viajar al exterior «porque su cerebro es patrimonio del país”.

«Cuando claman por qué no se respetan los derechos humanos en el mundo, pregunto yo por los de los cubanos. Ellos tienen el poder y lo aplican despiadadamente», explicó la neurocirujana, quién aseguró que no se ha muerto de hambre porque la mantiene su hijo que vive en Argentina. «Aquí, si usted no tiene dólares, no come», lamentó.

Cuando comenzaron los problemas, su hijo, Roberto Quiñones, casado con una argentina, se radicó en Buenos Aires, donde trabaja como médico. «Le dije que saliera porque después de mi renuncia temía por la vida de mi hijo. Cuando supe que iba a nacer mi primer nieto, solicité permiso al gobierno porque es el gobierno que decide esos permisos e incluso cómo hay que pensar”, explicó Molina.

Ella quiere conocer a sus nietos de 8 y 2 años, pero el permiso para viajar al exterior se lo niegan desde 1994, a pesar de los pedidos de gobiernos y organizaciones de derechos humanos. Realizó gestiones ante autoridades científicas de todo el mundo; logró el apoyo del Vaticano e hizo una denuncia ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Entretanto, a pedido de Quiñones, el gobierno argentino analiza solicitar a Cuba que le otorgue a la Dra. Molina el permiso para visitar a su único hijo. Me pregunto ¿qué es lo que el gobierno argentino tiene que analizar? Sucede que el presidente Néstor Kirchner es gran amigo del dueño de Cuba. Ya su antecesor y mentor, Eduardo Duhalde (el mismo que declaró la mayor cesación de pagos de la historia y confiscó a los ahorristas bancarios en el mayor robo de propiedad privada registrado en Argentina), cambió el voto del país sobre el régimen cubano en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU: pasó de la condena a la abstención. El canciller argentino Rafael Bielsa viajó a la isla para la presentación del nuevo embajador luego de dos años en los que Argentina no tuvo allí representante diplomático. Bielsa tuvo tiempo para pasear pero no para recibir a las esposas de los presos políticos. Y Argentina le perdonó a Cuba las tres cuartas partes de los 1.900 millones de dólares que le adeudaba desde 1973.

Como lo más probable es que el gobierno de Kirchner, a pesar de llenarse la boca hablando de los derechos humanos, no haga nada para ayudar a Hilda Molina a salir de la isla-prisión, sugiero al lector enviar un mensaje al ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Felipe Roque Pérez, [email protected] .

(*): Miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE (Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas).

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