Opinión Internacional

Se inició la operación prestigio

En San Pablo, el corazón industrial de Brasil, la bautizaron «operación prestigio para Cristina». En Itamaraty, la cancillería brasileña, hablaron de un Plan Marshall para ayudar a la Argentina. Más allá del nombre, lo cierto es que el desembarco ayer del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, acompañado por cinco ministros y la misión empresarial más grande de los últimos 10 años, es un gesto de incondicionalidad con la Presidente y una muestra del liderazgo de Brasil en la región. También es una señal para Néstor Kirchner, quien nunca buscó esconder que en el juego sudamericano cincha más por el venezolano Hugo Chávez que por Lula.

La visita de Lula -es la 12ª que realiza desde que fue electo en 2002- no fue sacada de la galera a último momento: se acordó a comienzos de junio cuando Cristina y el mandatario brasileño coincidieron en Roma para la cumbre de la FAO. En cambio, sí puede decirse que la intencionalidad de la misma está recién horneada. Es que, desesperada frente al revés de la Resolución 125 en la votación del Senado, la Presidente llamó a su par brasileño pidiéndole apoyo para su alicaída gestión gubernamental. Un solícito Lula, ordenó convocar desde el Planalto a la misión empresarial «mais grande do mundo», de 400 empresarios. A los 270 industriales que llegaron especialmente al país durante este fin de semana, se le sumaría la presencia de otro centenar que ya trabaja en las empresas adquiridas por capital de esa nacionalidad.

Pero el brillo de la visita oficial de Lula amenaza con ser opacado por la movida de fichas de Néstor Kirchner. Fue él quien telefoneó la semana pasada al presidente de Venezuela, Hugo Chávez, invitándolo a sumarse a la reunión bilateral de su esposa con el mandatario brasileño. La respuesta positiva fue inmediata: el venezolano es un consumado paracaidista, tanto a nivel militar como protocolar. Además se viene entrenando en aguarle las fiestas bilaterales a Lula. Un ejemplo reciente: 48 horas antes de la del 18 de julio entre Lula y Evo Morales en Riberalta, Bolivia, Chávez avisó que se sumaba.

Relación crispada 

Es inocultable, por otra parte, la crispada relación entre el ex presidente Kirchner y el brasileño. «No es como el buen entendimiento que hay entre Lula y Cristina», aclaran, por igual, en círculos diplomáticos brasileños y argentinos. Además, se sabe, nunca Lula y Néstor pudieron establecer un canal de comunicación personal. En lo formal, el problema radicaría en la dicción del santacruceño, algo que llevó a que después de cada encuentro, Lula terminara por preguntarle a sus asesores: «¿Qué dijo?». Anécdotas aparte, la tensión entre Lula y el ex presidente es de fondo, política. Néstor sigue alineado con Hugo Chávez y parece no haber reparado en que el liderazgo continental de Brasil no es sólo económico sino también político. 

Brasil, por su parte, responde a las iniciativas bolivarianas de Néstor Kirchner con señales elegantes. La primera de ellas: en una entrevista publicada ayer, el asesor especial de la Presidencia de Brasil, Marco Aurelio García, manifestó que Lula iba a aprovechar la cena de anoche para explicarle al matrimonio Kirchner los resultados de su reciente visita a Leticia, Colombia. Allí, los presidentes de Perú, Colombia y Brasil firmaron una alianza en materia de defensa contra el narcotráfico y las FARC, que los Kirchner parecen no haber computado. 

La segunda señal, llamativa, es que, en una comitiva de carácter comercial y empresarial, integrada por Dilma Roussef, jefe de la Casa Civil ( equivale a una Jefatura de Gabinete y casi nunca viaja junto con el presidente), y los ministros de Comercio Exterior, Relaciones Exteriores, de Turismo y de Comunicación Social, a último momento se lo incluyó a Nelson Jobim, el ministro de Defensa. Si bien algunos especulan con que Jobim habría venido para negociar con el gobierno argentino proyectos de Embraer (Aerolíneas Argentinas y al vehículo jeep Gaucho), otros señalan que su presencia es para reforzar la importancia del acuerdo firmado en Leticia el 20 de julio. 

No habría disposición total para un encuentro tripartito entre Lula, Chávez y Cristina. El brasileño tendría apuro en dejar Buenos Aires. Viaja a China mañana, para la inauguración de los Juegos Olímpicos en una gira que lo mantendrá una semana fuera de su país. Una razón, en este caso de forma, para no compartir con Chávez una reunión bilateral que tenían acordada previamente. Después de tanta energía puesta en concretarla, no sería justo que un convidado de piedra se llevase la mejor tajada.

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