Opinión Internacional

Se muere el MAS o el semáforo esta en amarillo

No es un mal augurio, ni mucho menos la crónica de una muerte anunciada al estilo del Gabo.

Como todo movimiento social transformado en instrumento político, el Movimiento al Socialismo deberá someterse a los cambios ineluctables de la historia. Y de hecho ya lo está haciendo, aunque se resiste a aceptarlo como tal.

La descomposición de esta organización es evidente, en cuanto sus estructuras fundamentales fueron concebidas con tal grado de pluralidad que la cohesión interna se debate en duelo de muerte con las poderosas fuerzas centrifugas actuantes.

La toma del poder es siempre una promesa casi obligada de aquellas colectividades políticas que han madurado largos periodos de reivindicación social. La lucha férrea por la coca convirtió al MAS en una armazón orgánica que se vio a sí misma, y descubrió que existía un fuerte potencial político que deberían aprovechar.

Con el combustible financiero de más de 30 Ong`s, la máquina masista entra en la palestra electoral de la mano y experiencia del Diputado por IU, Evo Morales Ayma. Las elecciones generales del 2002 dieron la prueba necesaria que el Movimiento al Socialismo buscaba para asumir la responsabilidad de reestructurarse como una fuerza política de composición social muy amplia, y con un centro de poder semejante a un núcleo duro y poderosamente magnético.

El clima de mayor erotismo electoralista se consumó en diciembre del 2005, cuando 1,5 millones de votantes (53,7%) le dio la silla presidencial al Sr. Morales, y con ello todo el poder del Estado para reconstruir o destruir Bolivia.

A dos años y medio de gestión gubernamental, los 5 grandes brazos orgánicos del MAS; CSUTCB, CONAMAQ, CIDOB, Confederación Nacional de Colonizadores de Bolivia y las Bartolina Sisa, se encuentran profundamente contaminados por la discordia de expectativas, determinado básicamente por el cinturón de asesores y colaboradores que acompañan al Jefe de Estado. Sin embargo los radicalismos de estas organizaciones constituyen también la fuente de garantía de permanencia en el poder del MAS, tanto en cuanto actúan como los operadores de mantenimiento del “voto duro” que sostiene, por un lado la base electoral mínima del Instrumento Político (MAS IPSP) y por otro, la capacidad de movilización callejera que tantos buenos resultados da en un país llamado Bolivia.

Lo más claro es muchas veces lo que no se puede o no nos dejan ver, y en este sentido el ojo crítico puede observar que el proceso de descomposición del Movimiento Al Socialismo continuara, y derivara en formas sucesivas de mutación, producto de la necesidad de mantenerse en el poder, en principio y luego por el imperativo de no sucumbir en el cementerio político donde ya hay muchos cadáveres desde el 2003.

Y no es una especie de profecía hacer estas proyecciones, ni mucho menos, sino que la lógica de estructuras que tienden a complejizarse en fondo y forma, llevan irremediablemente a dinámicas de disgregación forzada. En el campo social y más aun político, este tipo de procesos exigen un nivel de inteligencia discursiva matizada con un carisma de liderazgo muy adaptable a etapas y contextos nuevos. Sino preguntemos a los nuevos y viejos baluartes del legendario MNR la génesis de su gradual pérdida de poder cohesionador desde 1952.

Quizás el MAS tenga la inteligencia discursiva para sobrevivir las pruebas del poder, si es así el semáforo en amarillo puede permanecer muchos años, de lo contrario veremos en un futuro no muy lejano una diversidad de satélites desperdigados y errantes combatiéndose mutuamente pero con un pasado común, el orgullo o la vergüenza de ser los herederos del mayor movimiento indigenista-socialista que vio Bolivia a principios del siglo XXI.

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