Opinión Internacional

Singapur, impresionante desarrollo

Tokio (AIPE)- Algunos ven en Singapur un ejemplo de que los regímenes fuertes, con funcionarios y gobiernos autócratas, son el secreto del éxito, pero nada más equivocado para explicar el éxito de esta nación que, a través de hábiles políticas de promoción a la inversión privada, uso eficiente del mercado y desarrollo de recursos humanos, ha logrado pasar de 500 dólares de ingreso por persona en 1965 a 24.000 dólares actualmente.

Según los críticos, Singapur tiene un “gobierno niñera” porque sus ciudadanos tienen que respetar reglas que incluyen la prohibición de la goma de mascar, el beber o fumar en lugares públicos, o arrojar basura en sitios no autorizados, que se castigan con fuertes multas o cárcel. El gobierno mantiene que esas ordenanzas se justifican porque el país es pequeño y vulnerable. Cambiar la imagen de Singapur es la difícil tarea que se ha propuesto el nuevo primer ministro, Lee Hsien Loong, hijo del patriarca y fundador del país, Lee Kuan Yew.

En 1819, un oficial inglés llamado Stamford Raffles buscaba una base en la península de Malasia para contener el avance de Holanda y Francia en el este de Asia. Viendo el mapa, observó un punto que tenía una posición estratégica, por donde todas las embarcaciones tendrían que pasar; esa base fue la ciudad de Singapur, que más un siglo después, en 1965, se convirtió en nación al separarse de Malasia. El primer gobernante fue un líder de 30 años que había estudiado en la Universidad de Cambridge, Lee Kuan Yew.

En los dos tomos de su obra autobiográfica “The Singapore Story” (La historia de Singapur), Lee Kuan Yew relata los hechos precedentes a la fundación del país y ofrece un plan de gobierno de largo alcance, donde la suerte parece premiar el buen instinto de una política que privilegia la atracción de capital extranjero, la reducción de innecesarias normas administrativas y la competitividad. Este es también un ejemplo práctico del papel que el estado debe tener en la economía, en lugar de obstaculizar a la empresa privada se buscó mejorar la calidad de la administración pública, creándose un estricto sistema de ingreso por méritos a la carrera de funcionario público, ofreciendo a su vez sueldos más elevados que en el sector privado y dotando a ese personal de primera categoría con un credo en la eficiencia. No es casualidad que dadas estas condiciones muchas empresas públicas fueran eficientes y décadas después, al privatizarse, pudieran ser vendidas en las mejores condiciones, ganando ambos, el país y la economía.

Para captar inversión, el gobierno estableció inicialmente oficinas en las principales ciudades del mundo, con el fin de estudiar de cerca las necesidades de las empresas extranjeras y crear esas condiciones en Singapur. Hoy esas oficinas, que hace 30 años buscaban atraer fábricas, trabajan mejorando las condiciones para que las multinacionales elijan a Singapur como sede de sus laboratorios de investigación y desarrollo. El capital humano tampoco es problema: el profesional común es eficiente y es fácil encontrar una oferta adecuada de ingenieros, la profesión preferida.

Singapur no es una economía dirigista, hay que ir más allá de los estereotipos. Su experiencia para aprovechar lo mejor que ofrece la globalización es la faceta que los países en desarrollo pueden aplicar para crecer.

(*): Consultor internacional de proyectos de desarrollo. Estudio desarrollo internacional en la Universidad de Harvard y es investigador de la Universidad de Waseda en Tokio.

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