Opinión Internacional

Síntomas que atender

El hombre es el único animal que tropieza varias veces en la misma piedra. El resto de la fauna recuerda y evade el sitio donde tuvo algún inconveniente. Las sociedades, como resultado de ser la suma de muchos individuos, cometen la misma torpeza.

Regresamos de pasar unos días en Madrid y sus alrededores. Hemos disfrutado de participar en una sociedad pujante y triunfadora, mas los triunfos deben abonarse todos los días y la sociedad tiene la obligación de trabajar intensamente para que se mantenga en el rumbo logrado y sus dirigentes tienen que estar muy atentos a las desviaciones.

Durante nuestra corta estadía hemos observado con espíritu crítico lo que sucede en el contexto político social de España y nos atrevemos a comunicar nuestros comentarios.

Diagnosticar cuanto sucede en un grupo enfermo es mucho más fácil que hacerlo cuando se trata de una comunidad exitosa. España es una sociedad que en los últimos cuarenta años ha logrado transformaciones que la sitúan hoy dentro del concierto de las naciones triunfantes. Vamos al grano.

Observamos que en España se están cometiendo errores políticos que ya hemos visto por estos lares. La transición de la sociedad española desde la situación existente a la muerte de Francisco Franco hasta la exitosa nación que es hoy, ha tenido como componente fundamental el incontrovertible hecho de que los políticos han sabido colocar al interés nacional por encima de los intereses particulares, y en algunas ocasiones bastardos, de los partidos. Hoy, podemos observar, sin ser demasiado acuciosos, que tanto los esfuerzos que se realizan para intervenir groseramente la composición del Tribunal Constitucional como la inminente aprobación de la Ley de la Verdad Histórica se constituyen en esfuerzos espurios para, en el primer caso, lograr la hegemonía de uno de los partidos sobre el otro y en el segundo leemos la consagración de la opinión de las izquierdas sobre las de las derechas españolas.

Utilizar las instancias de la justicia para ejercer el poder partidista, olvidándose de la importancia de la ciudadanía, es un gravísimo error. Ya lo hemos vivido y lo estamos sufriendo los venezolanos. Esta acción se constituye en una aberración pues en las chiquitas lo que sucede es que los partidos políticos se colocan en el vértice de la pirámide social y desplazan la importancia de la ciudadanía a un segundo plano.

La aprobación de una Ley de la Verdad Histórica nos resulta congruente con los deseos de un sector del conglomerado nacional para reescribir una historia de la que todos los españoles deberían sentirse orgullosos, no por haberla vivido, sino porque hoy están en una situación que hizo posible la superación de la barbarie sufrida en la Guerra Civil y haber logrado la transformación política, social y económica que les permite hoy ser parte fundamental de la Comunidad Europea.

En este mismo sentido podemos colocar las absurdas situaciones extremas de nacionalismo mal entendido que brotan desgraciadamente en algunas regiones del Reino, la quema de la bandera española y los ataques que se realizan contra la institución de la monarquía.

La concordia de la sociedad española tiene íconos fundamentales dentro del sector político: Adolfo Suárez, Felipe González, Santiago Carrillo, Manuel Fraga Iribarne son unos pocos nombres, colocados desordenadamente, de los muchos que contribuyeron a lograr una transición eficiente. La sociedad toda, los partidos políticos, la Iglesia, los sindicatos y la Corona son varias de las instituciones fundamentales que trabajaron para lograrla.

Lo sucedido durante la Guerra Civil y durante la dictadura Franquista son hechos incontrovertibles que han sido analizados desde casi todos los puntos de vista posibles. Tratar de eliminar parte de esos hechos es peligroso y triste.

Caracas, noviembre de 2007

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