Opinión Internacional

¿Síntomas?

«Y un horizonte de perros

ladra muy lejos del río»

Federico García Lorca

 

         La semana que hoy termina ha sido pródiga en acontecimientos que, salvo por la difusión de algunas encuestas «favorables» para don Néstor, sólo trajo disgustos para la parejita imperial.

El estreno fue la apertura de la Exposición Rural, en Palermo -que se inaugura el día que termina, algo tan paradojal como que el primer campeonato de fútbol del año se llame Clausura y, el último, Apertura- donde un Biolcati sumamente moderado fue acompañado por todas las organizaciones del campo, mostrando el fracaso del proyecto divisionista del Gobierno, amén de muchos políticos de oposición.

La ausencia de la Fanfarria Alto Perú, dispuesta por la Ministro Garré, y la habitual abstinencia de funcionarios oficiales, fueron sólo el preludio de la catarata de agravios que, Twitter mediante, se desplegó desde Olivos.

El segundo hecho, sin duda el más gravitante, fue la foto de todos los empresarios -UIA, AEA- nada menos que con el Enemigo Público Nº 1 de los K, Héctor Magnetto, el comandante del «monopolio mediático» y «apropiador de niños» que, con sólo un flash, consiguió dar un enorme «mentís» al rumor que la usina del Gobierno había difundido con cierto éxito, que daba cuenta de un nuevo pacto Clarín-Gobierno.

Y la frutilla del postre fue, obviamente, el acuerdo entre los Werthein y sus socios italianos en Telecom Argentina, que impide el acceso de los testaferros varios de don Néstor al mayor negocios de telecomunicaciones de Argentina. En el camino, quedaron Garfunkel, Moneta, Gutiérrez, Eurnekian y, se dice, hasta los muchachos de Electroingeniería, esa empresita cordobesa devenida imperio.

Sabiendo, como todos, que la mejor metáfora que puede construirse de los empresarios argentinos es el girasol, empiezo a preguntarme acerca de cuán inminente puede ser la ruptura -una más- kirchnerista de las reglas de juego vigentes, esas mismas que el «congreso-escribanía» sancionara con tanta velocidad en el segundo semestre anterior y que, luego, sufrió la poda del veto parcial de doña Cristina sobre los dos artículos negociados con la izquierda para obtener sus votos a cambio de la sobrevida de sus partidos.

Porque es evidente que algo está cambiando, y muy rápido por cierto, en la Argentina; por lo menos, en esa Argentina tan especial, donde los grandes capitanes de la industria se rasgaban, en privado, las vestiduras ante las escatológicas expresiones de don Guillermo Moreno, pero callaban en público por miedo a perder prebendas o, simplemente, a ser sometidos al escrutinio de una AFIP en manos del tirano.

No solamente parecen los empresarios haber recuperado el coraje sino que hasta se atreven a aparecer como retadores de un Gobierno que, hasta hace días no más, conseguía obtener absurdas conductas comerciales o silencios mediante meros llamados telefónicos, de esos que, para mal de nuestros socios en la Organización Mundial de Comercio, no dejan rastros oficiales. Basta con recordar que cinco de los mayores conglomerados locales dejaron la AEA cuando, desde Olivos, les fue ordenado para castigarla por la reunión que había mantenido con Lorenzetti, el Presidente de la Corte Suprema.

Es cierto, por supuesto, que las empresas no cuentan demasiado a la hora de las elecciones, ya que no traccionan votos, pero no lo es menos que, como para la citada oleaginosa, el calor del sol parece ser esencial para los industriales locales. Entonces, si los que aparecen en la foto en cuestión han girado buscando otra fuente de calor, y conociendo su falta de apego a las ideologías, cabe preguntarse si el propio sol K ha dejado de calentar.

En la Provincia de Buenos Aires, la desesperación de don Néstor lo ha llevado, en estas semanas, a organizar nuevamente las famosas listas «colectoras», esas que encabezan candidatos a intendente pero tributan a un único candidato presidencial, amén de esmerilar a don Danielito con un montón de postulantes a su sillón. Actitudes como esas no pueden menos que agraviar al actual Gobernador, que le lleva muchos puntos de ventaja en la consideración positiva de la sociedad, ni a los «barones» del Conurbano que, por seguir al tirano de Olivos en su proyecto de candidaturas «testimoniales», perdieron sus cargos, en algunos casos, o la tranquilidad, en todos los restantes, y hoy reciben sólo ingratitud por su demencial lealtad.

Y tiene razón Kirchner en preocuparse, puesto que hoy no llega ni al 14% de intención de voto, según los encuestadores confiables, y se lo declara perdidoso en cualquier escenario de ballotage.

Falta un año -si los plazos constitucionales y legales se cumplen- para las internas, y catorce meses para las presidenciales. Eso, en esta Argentina a la cual estamos acostumbrados, es una eternidad, en la que puede pasar casi cualquier cosa, menos que don Néstor se transforme en Lázaro. Sin embargo, sus imposibles deseos de resucitar no están reñidos con su capacidad de daño, por lo cual es totalmente esperable que continúe sembrando de minas el campo de su sucesor.

Éste tendrá muchos nudos gordianos que desatar o cortar. La inseguridad, la inflación, el gasto público, los subsidios, la educación, la corrupción, la Justicia, las empresas privatizadas, las tarifas públicas de transporte y servicios, el atraso cambiario, la federalización de la coparticipación y el propio «imperio K» no son temas menores, y constituirán un harto difícil panorama político-económico para quien llegue después de que la Argentina atraviese su propio Jordán.

Un muy amigo mío, una especie de gaucho-judío-siciliano, me/se preguntó una vez cómo debía ser la herencia para que tantos se presentaran al sucesorio. Y la pesada herencia que dejarán los K tiene, a pesar de todo, demasiados aspirantes. La Argentina requerirá de alguien con mucho, muchísimo, coraje y patriotismo para sobrevivir, aunque al heredero que la reciba y deba administrarla pueda costarle la muerte política. 

Para terminar esta nota, dejo unas preguntas a mis contemporáneos: ¿recuerdan los primeros 70’s?, ¿recuerdan los asaltos a los bancos para pagar los gastos operacionales?, ¿recuerdan el asesinato de policías como bautismo de fuego de los «combatientes»?, ¿recuerdan los secuestros para conseguir fondos para comprar armas?. Tal vez, sólo tal vez, en las respuestas a esas preguntas encontremos presagios de la Argentina que viene, si don Néstor no cree poder ganar las elecciones, especialmente si les sumamos a Milagro.

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