Opinión Internacional

Sociedad civil y conflictos en puerta

El pensador y político, fundador del Partido Comunista italiano, Antonio Gramsci, sostenía que en la sociedad civil es donde las relaciones sociales, principalmente las políticas, le dan forma a la estructura del Estado. Ello se explica porque de su seno es de donde emerge el criterio de la realidad social, es decir, es el lugar en el que los ciudadanos viven, se relacionan y desarrollan sus actividades; consienten o disienten del orden legal, acatan o desacatan los deberes, buscan nuevas alternativas a sus problemas; enmiendan, justifican o reconocen los actos de administración del gobierno y de las organizaciones políticas.

En Bolivia, por lo general, estas relaciones ha sido complejas, tal es así que hoy la ciudadanía se encuentra frente a la tentativa del gobierno de imponer un proyecto de país con el componente indígena como síntesis o clasificación que identifica a todos los ciudadanos bolivianos, en claro desconocimiento de la realidad multiétnica, mayoritariamente mestiza y culturalmente diversa de esta nación.

Es más, en la Asamblea Constituyente ya son varios los temas conflictivos que han empezado a aflorar emergentes de propuestas que no coinciden entre sí, ni con la visión de país que abrigan algunos departamentos, menos aún con los propósitos que se ha trazado la mayoría de la sociedad civil, que preocupada vislumbra un «Estado Plurinacional» de esencia totalitaria y de carácter indígena, originaria y afro boliviano, que económicamente pretende vivir básicamente de los recursos del gas.

Lo cierto es que, ante esta realidad, gran parte de la sociedad se ve en la necesidad de hacer oposición y crear movimientos de resistencia al poder del Estado que siempre, en estos casos, es sancionador y que hoy, desacertadamente, se alimenta de un discurso cargado de fundamentalismo racial, de confrontación y de violencia política para legitimar sus ideas y propósitos.

No hay duda, que uno de los escenarios de conflicto entre gobierno y sociedad civil, estará presente a partir del tratamiento en la Constituyente de las Autonomías Departamentales, toda vez que con seguridad este aspecto aparecerá distorsionado en el texto constitucional; hecho que provocará el atrincheramiento de los departamentos que se pronunciaron por este sistema en el Referéndum autonómico y dará inicio a su lucha reivindicatoria.

Lo que el gobierno del MAS no alcanza a comprender es que la sociedad civil es históricamente un espacio para el consenso y el acuerdo por medio del diálogo y la persuasión; aspecto que como se observa no tiene cabida en la política gubernamental del presidente Morales quien continúa con la lógica sindical, es decir aquella que aplica el autoritarismo para conducir masas sin conocimiento exacto y reflexivo de las cosas, carentes de conciencia universal.

Entonces, parece propicio hacer notar al gobierno que a más de un año de gestión, los ciudadanos ya no piensan igual que cuando votaron favorablemente para lograr el cambio; hoy se han percatado que a más del tema hidrocarburos, el camino que sigue el gobierno no es el que se ajusta al interés del país sino a los caprichos de Hugo Chávez, en su publicitado proyecto de ‘Socialismo siglo XXI’, que no es otra cosa que un engendro de imperialismo para dominar Latinoamérica.

Al mismo tiempo se debe reconocer que la delicada situación que atraviesa Bolivia es también producto del terreno abonado por la mediocridad, falta de propuestas, inexistencia de ideas y nula capacidad de movilización social de los partidos de oposición.

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