Opinión Internacional

Sombras de polarización en América Latina

Uno de los fenómenos claves para comprender las condiciones de decadencia y fragmentación social en América Latina es la tendencia hacia la polarización política. Conocer en qué consiste este fenómeno, cuáles son sus características y los principales rasgos, significa un reto importante para comprender la marcha general de la región en un amplio contexto histórico de nuestro pasado, presente y futuro. La polarización política se expresa frecuentemente en sistemas de opinión contradictorios, en marchas masivas de multitudes que van mediante una propaganda condicionada. Este factor de considerable alcance en una democracia comparada, debería motivar entre nosotros en América Latina un amplio debate. Las notas que siguen son una contribución para este propósito.

La polarización política constituye una opción extrema que compromete a la gente a tomar una posición en conflictos entre grupos organizados alrededor de personalidades carismáticas o creencias mutuamente excluyentes, y se concreta en el ámbito social como una oposición entre facciones que pueden llegar a luchar hasta la muerte por sus ideales. Mientras a nivel intermedio los conflictos se desarrollan entre desacuerdos conciliables, razonables y deliberativos, la polarización invoca un mesianismo del tipo: «salve usted la patria». La polarización extrema divide a una mayoría en identidades radicalmente opuestas y se manifiesta en términos de opinión antagónica y división ideológica marcada por la propaganda. Se trata de una aguda confrontación entre preferencias colectivas por un tipo de mentalidad política, una economía planificada o un determinado mapa de la sociedad que debe situarse por encima de las demás. Son ilustraciones de polarización política los movimientos propagados en la Alemania Nazi o las turbas que orientaba la propaganda ideológica de Stalin. Pero entre Stalin o Hitler la historia política comprende toda una variedad de casos intermedios.

Analíticamente es posible demostrar que, bajo condiciones de desesperación social y económica, la gente de un mismo lugar puede chocar ideológicamente. De tal manera que la polarización podrá depender no solo sustentar opiniones radicales, sino de las correlaciones entre creencias o doctrinas que chocan entre sí. Es demostrable para el caso de América Latina que la polarización política se expresa con mayor notoriedad en Venezuela frente a temas dominantes en la opinión pública: «libertad de expresión», «economía socialista», «libre mercado», «propiedad privada», «revolución bolivariana», etcétera. Mientras que asuntos cotidianos menos candentes son pasados por alto. La polarización política puede tomarse los medios de opinión con el propósito de lograr cambios radicales en la mentalidad que comparte una mayoría.

Después de la Constitución del 91 Colombia ha sido un país más político y los partidos, como sus candidatos, (pese a las apariencias) definen su perfil durante los procesos electorales con posiciones radicales frente a temas dominantes (parapolítica, despeje, intercambio humanitario). Escasa relevancia tendrán las diferencias entre programas de gobierno y poco importa que muchos candidatos sean tránsfugas impenitentes. La polarización política es un fenómeno más complejo. Representa un desafío entre investigadores explicar porque la opinión pública en general se mantiene en niveles moderados en algunos asuntos, mientras frente a temas específicos se ubica entre los extremos. Basta observar los foros virtuales en los medios de opinión.

En las investigaciones recientes sobre polarización política se presentan dos tipos de explicación: (1) que la polarización obedece a una mayor coherencia en las convicciones políticas del ciudadano común y (2) que la polarización política es practicada sólo por una elite o un caudillo carismático más no por la mayoría de miembros de los movimientos sociales. Esta última hipótesis parece más convincente en el caso de América Latina, en donde una mayor participación de la ciudadanía en los procesos electorales no ha significado (necesariamente) una mayor coherencia en sus convicciones políticas. La polarización política en el caso de América Latina, obedece además a una concepción personalista del poder que coloca al ciudadano contra las cuerdas: «estas conmigo o en mi contra». El asunto de fondo no es la racionalidad individual, sino la estrategia política colectiva. Arrastrados por fuentes de opinión común, los ciudadanos imitan el comportamiento político que les permita estar dentro del sistema político que defienda sus bienes.

En culturas con altos niveles de desigualdad y severos desequilibrios económicos, con sistemas institucionales aleatorios y poca convicción normativa de todos sus ciudadanos, en sociedades con escasos niveles de negociación de sus conflictos y pocos espacios de deliberación argumentada de sus diferencias, en una comunidad política con una alta concentración del poder y pocas oportunidades para el cambio de régimen, en un contexto de vida pública con escasas dinámicas de decisión y participación colectiva, la polarización extrema se constituye en una grave amenaza para las libertades individuales, y el mayor impedimento para la tolerancia política.

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