Opinión Internacional

Sovkjoz y Kolkjoz Venezolanas

Sovkjoz y Kolkjoz eran los nombres que en la Unión Soviética se le daba a las empresas socialistas agropecuarias; las Sovkjoz eran empresas del estado y a sus trabajadores se les consideraba; en consecuencia, empleados públicos, mientras que las Kolkjoz eran poseídas colectivamente por quienes las trabajaban; y en consecuencia, eran lo que en Venezuela se llama hoy, “cooperativas”—todos los productos provenientes de esas empresas agropecuarias socialistas, estaban sometidos a los niveles de producción y controles de precios, establecidos en el Plan de la Nación por las autoridades del Kremlin (la ciudadela de Moscú, que era—y todavía es en la Rusia de hoy—la sede del gobierno central.

Regímenes similares de control de los “medios de producción” regulaban al resto de las demás empresas soviéticas—donde la propiedad privada fue abolida—por lo que todo producto o servicio estaba a cargo del “Estado”—y este tipo de organización económica (inventado—sacado por los cabellos—de la delirante mente de Karl Heinrich Marx), fue lo que condujo al colapso económico, político y social, al otrora súper poder militar, espacial, nuclear, industrial y económico, llamado Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), en diciembre de 1991.

Durante el gobierno de Mao Zedong (antes escrito Mao Tse Tung)—desde 1949 hasta 1976, los comunistas chinos organizaron a este otro gigantesco país bajo una similar economía centralmente planificada o socialista, aumentando por doquier la pobreza y la miseria—hasta tales extremos, que decenas de millones de ciudadanos chinos murieron de hambre.

A la muerte de Mao en 1976; y bajo la dirección de Deng Xiao Ping, los comunistas chinos lanzaron al pipote de la basura todos los textos económicos inventados por Marx, y comenzaron a organizar—progresivamente—económicamente a su país, conforme a las reglas de la única verdadera economía que existe: la economía del libre mercado, fundamentada en la propiedad privada—y los resultados no han podido ser más asombrosos—China ha estado; desde 1976, creciendo económicamente a tasas anuales gigantescas cercanas; y hasta superiores, al diez por ciento anual; y hoy en día—a pesar de que los comunistas continúan gobernando a China—el nivel de prosperidad de los ciudadanos chinos se ha incrementado notablemente, como el planeta pudo ver con sus propios ojos durante los Juegos Olímpicos de Beiyín 2008; y este país es un poder económico mundial, al que respetan—y temen—todos los otros países del mundo que son altamente industrializados y económicamente poderosos; una pequeña y reciente muestra de esta realidad, es que el satélite venezolano Simón Bolívar, que fue colocado en órbita el miércoles 29 de octubre de 2008, por la China Aerospace Science and Technology Corporation (Corporación China de Ciencia y Tecnología Aeroespacial); la que a pesar de ser una empresa “del Estado”, ofrece al mercado internacional lanzamientos comerciales—como acaba de hacer con Venezuela, a la que le cobró 406 millones de dólares para construir el satélite y dos estaciones terrenas de rastreo en Venezuela; así como entrenar al personal técnico venezolano que operará dicho satélite; es decir, la economía china es exitosa, porque no está basada en la “solidaridad social”, sino en el afán de lucro.

¿Porqué escoge Venezuela al fracasado modelo soviético de los Sovkjoz y Kolkjoz, en vez de escoger al modelo exitoso chino introducido por Deng Xiao Ping? ¿No será que ya el déspota cubano está tan senil que no puede ver que por seguir a los soviéticos ha convertido a su país en un estado menesteroso que vivió de las dádivas soviéticas hasta que la URSS colapsó en 1991—estuvo “comiendo cable” hasta febrero de 1999, y ahora sobrevive de las dádivas venezolanas? ¿No es ya el momento de darle sepultura al notoriamente fracasado modelo cubano—tanto en lo económico, lo político y lo social, como en lo guerrillero?
La historia no absolverá a los socialistas venezolanos de hoy; quienes, luego de esperar más de cuarenta años por controlar el poder público, al obtenerlo—y tener a su disposición los inmensos recursos humanos y naturales con los que cuenta esta hermosa tierra, los despilfarraron al negarse a escuchar a cualquiera diferente a Fidel Castro Ruz.

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