Opinión Internacional

¿Subastarán el Oriente?

Sin duda el ataque que sufre el Oriente de Bolivia es uno de los temas nodulares del momento presente. Es que el extenso territorio fértil que es parte del Estado boliviano ha sido premeditadamente identificado como enemigo del actual gobierno, razón por la que todo lo que es “camba” (también incluso el valle tarijeño y Chuquisaca) son tomados como sinónimos de enemigos de Bolivia, en esa confusión creada adrede en la que el MAS deja por sentado que todo lo que ellos tomen por malo tiene que ser malo para todo el país y que a todos los que toman como rivales, opositores, malas gentes o peligrosos enemigos deben ser tratados e investidos de los mismos calificativos por el resto del país, con lo que podemos comprobar que el partido de gobierno se siente amo, señor y dueño de Bolivia. (Es importante que no olvidemos que hay cruceños, pandinos y benianos que fungen de capataces y que incluso se vanaglorian de ser los agentes encargados de ejercer represión, control y extorsión hacia sus propios coterráneos)
El paso del tiempo nos está dando una cabal dimensión de la agresión que va calando en los espíritus de ciudadanos que la padecen en medio de un clima de animadversión infundada, prefabricada y brutal, porque los términos de la consigna que ha dado lugar a la ecuación elegida para transfigurar conciudadanos en “enemigos” ha sido evidentemente construida con artimañas que en el transcurso del tiempo se hacen más evidentes y precisamente más brutales para quienes están sufriendo las consecuencias de una política que se está caracterizando por elevar a la “n” potencia el abuso del poder. Este es el motivo por el que se está sindicando del delito de separatismo y traición a la patria a todo ciudadano que lucha por que se respete su derecho al disenso, a manifestarse, a no dejarse someter, denigrar ni marginar de la vida política de su país.

La gravedad del asunto es tal que después que se convirtió a Pando en un laboratorio experimental de violencia, tomando como prisionero al prefecto elegido y a un periodista, mientras otros activistas siguen siendo perseguidos, también se logró poner el precinto de “terroristas” sobre los cruceños en medio de un caso que se mueve en aguas turbias, situaciones estas que han dejado a los pueblos del Oriente sujetos a todo tipo de triquiñuelas, castigos, penurias, persecuciones y violencia psicológica, mental, judicial y física en todas sus dimensiones, programadas o improvisadas. Es necesario dejar por sentado de una vez por todas que hay una absoluta desmesura en la ambición de destruir y afectar la cultura y la visión del Oriente de Bolivia, así como en la voluntad de sometimiento que ha llevado a que desde esferas del gobierno se haya planificado una penetración a fin de colonizar tierras de Pando y del Beni, política con la que se pretende afectar los territorios orientales.

La opresión es la peor arma que se puede usar sobre los pueblos, mucho más cuando esta se torna una situación renuente y agravada dentro de una democracia que sólo pende del delgado y cuestionable hilo de votaciones con las que se intenta justificar e invisibilizar la suspensión de los derechos y libertades que está tomando características más virulentas en lo que respecta a los pueblos del Oriente.

El problema se vuelve álgido en la medida que proliferan abusos y agresiones como el que perpetraron partidarios del MAS el pasado martes 28 de Julio, tomando el aeropuerto de Riberalta para tratar de impedir que se concrete una reunión de autoridades de Beni y Pando, quienes se muestran preocupados por el plan que tiene el Ejecutivo de trasladar a un gran grupo de personas de Potosí para asentarlas en territorios de la gran Amazonía, afincando así una política que busca una expansión y reproducción de núcleos que posiblemente generen contradicciones, contraculturas y contravisiones para anular las que surgen del Oriente de Bolivia, sobre todo en el entendido de que serán utilizados por dirigentes del gobierno para fines eleccionarios y de invasión política y cultural.

Sobre este tipo de migraciones impuestas, la OEA y la ONU no han emitido ningún criterio, pero muchos personeros de estos organismos se mostraron muy sueltos de cuerpo para hablar de esclavitud, de servidumbre, etc, en casos en los que ciudadanos del Oriente han sufrido expropiación de sus tierras bajo esta sindicación, habiendo manifestado así estos organismos su inclinación a comprometerse con gobiernos y no con la protección de derechos y libertades de los pueblos.

¿Será que en pleno siglo XXI y a ojos vistas de todas las organizaciones y de los gobiernos cómplices entre los que están los de la Unión europea y el de EE.UU de Norteamérica, se subastará el Oriente de Bolivia para transformar a sus pobladores en una nueva versión de esclavos?
Es triste comprobar que el mundo sigue siendo insensible a los derechos de los pueblos y que está más presto a subastar derechos y libertades a cambio de defender poderes instituidos a cualquier costo.

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