Opinión Internacional

Títulos de propiedad para los pobres

Asunción (AIPE)- Los asentamientos informales que surgen como hongos en la periferia de las metrópolis latinoamericanas no son tan pobres como parecen. Tampoco representan una crisis social que debe revertirse frenando la emigración del campo a la ciudad y arraigando a los campesinos en las chacras, como propugnan los adictos a la ingeniería social, en el 1er. Congreso Paraguayo de Población. La solución es todo lo contrario.

En Paraguay el 42% de la pobreza se concentra en las áreas rurales, en tanto que en las áreas urbanas es de sólo 26%. La pobreza extrema, de los que padecen hambre y miseria, es cuatro veces mayor en el campo (26%) que en las ciudades (6%). Por eso se abandona el campo y crecen las ciudades. La tasa de crecimiento rural es de apenas 0,8%, mientras la urbana es de 3,5%. ¿Por qué los campesinos se van a quedar en el campo, donde la pobreza es mayor?
La despoblación del campo es un fenómeno migratorio natural causado por el sostenido aumento de la productividad laboral y de los ingresos en los centros urbanos. Un campesino no calificado a menudo consigue mayores ingresos vendiendo baratijas en las calles que en labores agrícolas.

La emigración del campo se inició décadas atrás, intensificándose en los últimos años a causa de la recesión. En 1950, la población rural paraguaya era 65% del total, en 1982 57%, en 1992 49% y en 2002 43%. Con los años, menos del 20% vivirá en el campo. El resto obtendrá empleos en las ciudades. Una población agrícola de 20% es suficiente para la producción agropecuaria mecanizada. El “agribusiness” elevará el nivel de vida en el campo, como sucede en todo el mundo.

Para ayudar a los campesinos no se debe tratar de arraigarlos al campo, soportando miseria, sino facilitarles su asentamiento en los centros urbanos, donde tienen más oportunidades de prosperar. De todos modos, más tarde o más temprano, ellos se radicarán en las ciudades. La urbanización de las poblaciones y el cambio del trabajo del campo por las industrias son procesos inexorables. La evolución de la economía, tecnología, mercados de capitales y la competencia internacional han hecho inviable la pequeña agricultura. Mantener a los campesinos en pequeñas parcelas de cultivo como ha hecho nuestra Reforma Agraria populista, significa condenarlos al infortunio por más tiempo. Se ha distribuido a los campesinos más de una cuarta parte del territorio sin lograr mejorar un ápice su bienestar económico.

Los asentamientos precarios en las ciudades con chozas hechas de trozos de madera y cartón son el resultado del largo estancamiento económico, la consecuente desocupación, por una parte y la ausencia de derechos de propiedad. Si el país hubiera crecido en los últimos 20 años, habría suficientes empleos para los miles de desocupados e informales, y estos tendrían una vida más digna. Pero aún en recesión es posible traer bienestar a los asentamientos dando a los pobres derechos de propiedad. Esta propuesta de Hernando de Soto fue finalmente adoptada por el Banco Mundial, que ha otorgado a los países ingentes préstamos para la inscripción legal de millones de propiedades en los asentamientos. El título de propiedad les permite acceder al crédito y a oportunidades de trabajo, agilizando la formalización de los sectores informales.

La propiedad sin título no es segura y no se la puede vender ni traspasar a los hijos. En los asentamientos no se hacen mejoras en las viviendas debido a la inseguridad legal. En muchos, casos los niños deben permanecer en sus casas sin ir a la escuela mientras sus padres trabajan, para evitar que otras familias ocupen sus hogares. La falta de derechos de propiedad también promueve la corrupción. Los negocios informales no están sujetos a las leyes sino a la arbitrariedad de los funcionarios.

Los asentamientos no son tan pobres. De Soto estima que en el mundo el ahorro de los pobres es cuarenta veces mayor que toda la ayuda externa entregada desde 1945. Pero, sin título de propiedad, el activo de los pobres es capital muerto, inservible. Sólo en el Perú este activo muerto es de 20.000 millones de dólares. Un inmenso capital que los pobres no han podido aprovechar para conseguir préstamos, montar microempresas y crear riquezas. La mejor forma de aliviar los traumas de la migración a las ciudades es entregar títulos de propiedad a los pobres sobre sus viviendas.

Las democracias capitalistas han aprendido durante siglos que lo que separa la prosperidad de la pobreza es la propiedad privada.

(*): Corresponsal de AIPE y presidente del Foro Libertario.

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