Opinión Internacional

Toledo vs. Fujimori

Un mes atrás la mafia Montesinos-Fujimori aparecía soberbia, con un alto porcentaje en las encuestas y una oposición fragmentada que apenas rozaba el 15% como promedio. El panorama no podía ser más sombrío para la democracia en el Perú.

La oposición al régimen se caracterizaba por dos actitudes fundamentales: una centrista, que daba la sensación de ser demasiado light para la gravedad del problema que se enfrentaba, básicamente representada por Alejandro Toledo y Federico Salas, y otra más claramente rupturista, encarnada por Alberto Andrade, que además contaba ñy cuentañ con un buen equipo y experiencia. Esta última, más allá de simpatías y racionalizaciones, parece no ser la que desea el pueblo peruano.

La oposición que insistía en que no era oposición sino alternativa terminó en los hechos diferenciándose en dos actitudes. En primer lugar, la de Salas y la derecha católico-fujimorista, que pese a las fintas seudoopositoras de Rafael Rey, acabó mostrando su verdadero rostro: el gobiernista. Al Llanero Solitario, versión huancavelicana, se le cayó el antifaz.

Esta conducta se hizo muy evidente con los intentos de Salas de boicotear las citas de los candidatos presidenciales para coordinar acciones frente a la manipulación oficial que ha impedido un proceso electoral transparente y democrático.

El diario neochicha Expreso y su apéndice CCN (Canal 10) se han quedado sin pulmones por tratar de inflar al alcalde de Huancavelica, usado ahora como un ariete más contra la candidatura de Alejandro Toledo.

Sin embargo, la conducta de Salas le permitió a Perú Posible perfilarse ante la opinión pública. En primer lugar, porque lo dejó solo en el centro del espectro político e hizo evidente su autonomía frente a la opción oficial. Desde ese momento, como lo refleja el ascenso vertiginoso de Toledo en las encuestas, Perú Posible es percibido como una opción frente a Fujimori por un país que evidentemente quiere un cambio, pero que no se dilapide lo ganado estos años.

El resto de la oposición, muy golpeada por los abusos del fujimorismo, no percibió a ese país maduramente posicionado en el centro, pese a los profundos problemas con los cuales lo ha agobiado la dictadura. La falta de un centro era lo que beneficiaba a Fujimori. Cuando apareció, se inició rápidamente el derrumbe del dictador y cambió radicalmente el escenario político. Esta es una lección para no olvidar.

Por eso Toledo, a la vez que ha insistido en puntualizar que hay que edificar sobre los logros, también lo ha hecho sobre la necesidad de construir una economía de rostro humano, con generación de empleo, que combata la pobreza, y ha hablado de la famosa Tercera Vía que caracteriza a la moderna socialdemocracia.

El oficialismo ha reaccionado con virulencia frente a este mensaje, porque abre espacios a la izquierda de Toledo ñasí como lo hace hacia la derecha la insistencia del candidato en continuar con lo positivo de un modelo que se aprecia en líneas generales correctoñ, y lo acusa falsamente de populista.

Sólo el tiempo dirá si Toledo tiene éxito en mantener este difícil equilibrio. Lo urgente ñcomo señalamos hace un tiempoñ es derrotar a Montesinos-Fujimori. Para ello hay que dar forma en los hechos a esa unidad que no pudieron lograr las fuerzas políticas el año pasado.

Unidad que, a tenor de las encuestas, el país ha forjado ya en torno a la candidatura de Alejandro Toledo. Una vez más el Perú político va a la zaga del Perú real. Esta es otra lección que se debe tener en cuenta.

Por eso lo realista es converger unitariamente alrededor del candidato de Perú Posible, porque todo lo demás es favorecer al montesinismo-fujimorista, en este momento arrinconado, para tratar de ganarle en primera vuelta. No se puede desperdiciar esta oportunidad y dispersar el voto presidencial. Con la polarización Toledo-Fujimori existe una auténtica posibilidad de derrotar al régimen, pese al aparato del fraude. Es el peor escenario que se le podía presentar a la dictadura.

Es en estos momentos cuando adquieren importancia fundamental, para iniciar la transición democrática, el Acuerdo de Gobernabilidad, hecho posible gracias a la tenacidad y visión de Gustavo Mohme, y el llamado de Alejandro Toledo a un gobierno de unidad nacional, sin exclusiones. A partir de ellos ya podemos avizorar un país democrático con un futuro de verdad.

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