Opinión Internacional

Trabajo esclavo en el Primer Mundo

La existencia de trabajo esclavo y sometimiento a servidumbre en los Estados Unidos, reconocida por un informe de la CIA publicado en el diario The New York Times, muestra desequilibrios sociales profundos que afectan también a la principal potencia económica del mundo.

El informe oficial se refiere al tráfico internacional de mujeres y niños por parte de mafias contrabandistas que proveen los circuitos de la prostitución y el trabajo doméstico.

Dichas organizaciones capturan una parte importante de este mercado mundial de explotación humana, que trepa a alrededor de dos millones de personas que son literalmente «vendidas» cada año en todo el mundo.

Esta nueva forma de mercado esclavista hace recordar en el siglo XXI situaciones de humillación y explotación como las que vivió los Estados Unidos en sus orígenes históricos, hace más de dos siglos.

Sobre la lucha contra tales relaciones de dominación social y explotación económica se edificaron las instituciones de la libertad, las declaraciones de garantías y los Estados de derecho modernos. Las condiciones mínimas de hospitalidad y dignidad, asimismo, fueron condiciones que posibilitaron la inmigración pionera y el surgimiento económico capitalista. Cuando esto no se lograba, primó la discriminación y el sometimiento de las minorías más débiles.

La lucha contra la discriminación racial tuvo su etapa decisiva hace tan sólo un par de décadas, pero la integración de las minorías emergentes sigue librando dificultosas batallas por los derechos civiles. A ello se agrega este comercio clandestino que alimenta aspectos marginales o secundarios de las sociedades prósperas.

Se trata de una faceta oscura de la globalización en los intercambios económicos y las comunicaciones, que vence tanto las vallas que pretenden imponer legislaciones restrictivas como los fundamentos jurídicos y filosóficos que rigen a nuestras sociedades.

Demuestra también que la inmigración ilegal no es solamente un problema de afluencia espontánea de regiones más pobres hacia las más desarrolladas, sino de demanda de mano de obra barata y tráfico organizado desde estas últimas.

Por lo cual, revertir estos fenómenos migratorios generadores de situaciones de degradación social supone también, para los países y centros más desarrollados, asumir su corresponsabilidad en el combate a las causas de este aprovechamiento de la desigualdad extrema y la explotación humana

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