Opinión Internacional

Un mundo peligroso

La lucha contra el terrorismo en el temario de la política exterior de Estados Unidos desde hace varias décadas, ha sido un punto de alta prioridad. El gasto se encontraba en el orden, a partir de los años noventa, de 5000 millones de dólares anuales. El congreso norteamericano le acaba de aprobar a Bush $40.000 millones de dólares para atender seguridad y el combate al terrorismo. Es de presagiarse las malas consecuencias de atención e inversión en otras áreas que afectarán indiscutiblemente a la América Latina.

El terrorismo definido como la violencia políticamente motivada contra no combatientes, es antigua y los intereses estadounidenses han sido blanco de los terroristas en el extranjero durante muchos años. Pero ahora la amenaza aunque es más grande, la alerta, los recursos y la cooperación también serán muchos más grandes. Lo que hay que admitir- ello a pesar que el Presidente Bush haya hablado de acto de guerra y de movilización de tropas, lo que implica que al enemigo él parece tenerlo visible en algunas naciones en particular-, es que la guerra convencional contra la violencia terrorista, si había declinado en el pasado debido a la variedad de “blancos” y a la movilidad de lo perpetradores, hechos confirmados en los actos con bombas del hoy devastado Centro Mundial de Comercio, Oklahoma City, así como contra fuerzas de Estados Unidos en Arabia Saudita, la bomba en las Olimpíadas de Atlanta y la de las embajadas(EEUU) en Kenya y Tanzania, el marco de guerra no convencional tampoco ha cambiado, por el contrario el modus operandi de estos últimos sucesos la ratifican.

Modalidades y tecnología del terrorismo

Hay que tomar en cuenta que en su larga historia el terrorismo ha hecho su aparición en muchas formas; hoy la sociedad se enfrenta a varias modalidades de terrorismo, vale decir, a muchos terrorismos.

Entre esa modalidades se encuentra el terrorismo usado como instrumento de guerra estratégica, algunas veces por estados auspiciadores que usan a terceros, y otras veces por grupos motivados por ideología, religión o etnicidad para derrocar gobiernos o cambiar determinados acontecimientos, es el caso por ejemplo de Irlanda del Norte y del conflicto Árabe- Israelí. En ambos casos , la paz se ha visto perturbada por la acción extremista de uno y otro bando.

Sin embargo en esta miserable acción terrorista sobre blancos en propio territorio norteamericano, se viene cumpliendo -aunque en esta caso están identificados- lo que dijo hace algún tiempo Walter Laqueur(1)- una auténtica autoridad en materia de terrorismo- , él afirmaba que el terrorista del futuro será menos ideológico y tenderá más a abrigar resentimientos étnicos, por lo que será más difícil de distinguir de otros criminales y constituiría una amenaza especial para las sociedades tecnológicamente avanzadas.

La tecnología es la que se suma de manera más peligrosa a la amenaza terrorista. Hoy un pequeño artefacto explosivo en un bolso, en una cartera puede lograr el mismo efecto. Hasta las instrucciones para hacer bombas pueden encontrarse fácilmente en la Internet. Los terroristas se benefician en su ansiedad destructiva de las facilidades de tránsito de las sociedades abiertas y de sus objetos de uso útiles y cotidianos: computadoras, teléfonos celulares, hasta programas de cifrar para evadir la detección, y tienen a la mano medios modernos para falsificar pasaportes y documentos.

Aún más siniestro es la perceptible posibilidad de que los terroristas se vuelquen hacia los materiales de destrucción en gran escala –químicos, biológicos o nucleares- para multiplicar sus víctimas, no hay que olvidar que antes de este 11 de septiembre-y quizás es aquí el impacto mayor de lo recientemente ocurrido-, es que el terrorismo mataba relativamente pocas personas, comparado con otras formas de violencia, y estadísticamente la posibilidad de que alguno de nosotros sea muerto por terroristas era minúscula, la sensación de lo ocurrido en Nueva York y Washington, es no sólo la vulnerabilidad al disparar a un blanco en el corazón de un nación tan poderosa y emblemática del mundo capitalista occidental, pero limitada a tres o cuatro objetivos simultáneos y en un espacio corto de tiempo, contado por supuesto, con los medios de prensa, en especial la televisión, multiplicando así el efecto del temor y del horror, sino que lo más preocupante es la posibilidad real de causar muchas más víctimas y un caos aún mucho más devastador del que los mismos autores pudieron observar como experimento a futuras acciones. Es relevante que estas acciones se consumaron más por astucia que por el uso de armas sofisticadas(evasión de controles y aviones comerciales) como sería la propagación de compuestos químicos fabricados por el hombre que atacan el sistema nervioso, la piel o la sangre. El ataque con gas sarin en el subterráneo de Tokio en 1995 por la secta japonesa apocalíptica Aum Shinrikyo mostraron que la amenaza del terrorismo químico es ahora una realidad. Es oportuno transcribir sobre este tema lo que sostenía en 1997 el mencionado Walter Laqueur:” Los gobiernos han venido produciendo armas químicas por espacio de cerca de un siglo y armas nucleares biológicas por muchas décadas. Durante ese tiempo la proliferación ha sido continua y el acceso cada vez más fácil. Los medios de transporte, cohetes balísticos, cohetes de crucero y aerosoles, también son ahora mucho más eficaces. Mientras que en el pasado los cohetes se utilizaban sólo en guerras entre los países, recientemente se han visto en las guerras civiles de Afganistán y Yemen. Su uso por grupos terroristas sería sólo un paso más.”

En cuanto la eventualidad de ataques nucleares por grupos del extremismo terrorista desde fuera de los EEUU -es mi opinión- que aunque posibles de acuerdo a lo acontecido, hacen inocua la estrategia de defensa o escudo antimisilístico, no sólo porque ese material nuclear podría manejarse y ejecutarse desde adentro, sino por que pareciera más fácil, por lo que hemos dicho-, el traslado y uso de contaminantes químicos. El escudo de implementarse dilapidaría recursos valiosos y dispersaría el esfuerzo para inteligencia y otras tecnologías creando una falsa sensación de seguridad.

El Terrorismo suicida

Laqueur sostiene que “Los que explotan bombas y están dispuestos, y en efecto ansiosos de volarse a si mismos, han existido en todas las épocas y tradiciones culturales, afiliados a tendencias políticas que van desde el izquierdismo de la brigada Baader-Meinhof de los años setenta en Alemania, hasta el extremo de derecha. Cuando el ejército japonés quería pilotos kamikaze, a finales de la Segunda Guerra Mundial, miles de voluntarios se apresuraron a ofrecer sus servicios. Los jóvenes árabes que actúan como bombas humanas en los autobuses en Jerusalén y buscan la recompensa de las vírgenes en El Paraíso, son un eslabón en esta vieja cadena”.

No obstante, del terrorismo del que estamos hablando, no es aquel políticamente motivado propio de aquellos que saben y procuran usar la intimidación y aún su propia muerte para imponer sus programas políticos o de otra naturaleza, donde la matanza es sólo un medio con ese fin. Philip Wilcox (2) dice que “al crear temor y pánico, los terroristas tratan de extraer condiciones o de debilitar y desacreditar gobiernos al mostrar que no son capaces de proteger a sus ciudadanos”.

Otros terrorista usan la violencia para expresar protesta e ira, o para adelantar programas religiosos mesiánicos o fanáticos, aunque irracionales sus fines son limitados. Pero lo que acaba de ocurrir obedece, por todas sus características, a una sombría patología de la venganza de fanáticos étnicos que viéndose impotentes y derrotados , su causa sólo puede detenerse en la máxima devastación. Esta distinción tan notable del grupo suicida y su comando intelectual y operacional – es a mi modo de ver-. la mayor fragilidad y debilidad de los que actuaron, el Jefe aparentemente identificado (Bim Ladem) poco espacio tendrá para correr. Los paises aliados del la OTAN y los EEUU están obligado a manejarse con cautela y equilibrio de hacerlo de un modo inapropiado con excesos -no es difícil pronosticarlo- el remedio tendrá consecuencias peores que la enfermedad.

Consideraciones finales

Lo que sí está claro que ante estos atentados los EEUU van a reestructurar toda su política de seguridad, tanto interior como exterior y la creación de nuevas tecnologías, como será por ejemplo, la que tiene que ver con los vuelos comerciales y las innovaciones urgentes tanto en aire y en tierra que produzca una auténtica tenaza de seguridad . Pero lo que tendrían que tener más claro aún (EEUU), es que el terrorismo no va ser exterminado, el terrorismo en lo estratégico históricamente ha sido derrotado, pero es quimérico pretender desaparecerlo del todo, lo que no es poco factible es que ahora también pueda ser controlado y minimizado. De hecho antes de este atentado (tomando como referencia el modus operandi aplicado en Nueva York y Washington) se había conseguido en buena parte. Está el caso del juicio a Ramzi Ahmed Yousef y su banda, declarados culpables de un complot para destruir hasta 12 aviones estadounidenses de pasajeros sobre el Pacífico
La polarización entre paises prooccidentales y antioccidentales en términos extremos y bien definidos de confrontación, es posible pero no muy probable, no creo ni siquiera a mediano plazo que Rusia(sólo si triunfara allí el paneslavismo nacionalista) y China representen una amenaza inminente de obción antioccidental, sus intereses se concentran en tener mayor influencia en el comercio internacional y un mayor peso en el balance militar estratégico. El problema son algunos paises del medio oriente, del norte de africa y asia, aunque la mayor parte de ellos hace tiempo renunciaron ya al terrorismo.

El terrorismo como tal es un fenómeno ejercido por minorías, y lo sufren casi todos los paises del mundo, incluyendo, sino todos, la mayor parte de los competidores actuales y potenciales de los EEUU (Rusia)y hasta hostiles de los americanos, como Argelia donde han muerto más personas por terrorismo que en ninguna parte del mundo.

En conclusión el terrorismo por no ser una guerra convencional, deberá incrementar en las potencias occidentales la inversión en la obtención y análisis de información de inteligencia; más valdrá la maña que la fuerza, considerando que son muy pocos los Estados que auspician hoy el terrorismo.

De no apoderarse la extrema derecha norteamericana para imponer sus criterios al abordar este asunto, en mediano plazo, con decisiones racionales y ponderadas las que están exigiendo las circunstancias, se logrará que regrese la confianza suficiente tanto en los gobiernos como en las personas, pues resultará absurdo que el mundo y el comercio global pueda detenerse, o termine en el caos que es justamente lo que busca el terrorismo, si yo sé que debe es así, se me hace difícil que no lo sepan o lo ignoren quienes tienen el poder para impedirlo.

Notas

(1) Walter Laqueur es presidente del Consejo Internacional de Investigación del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales
(2) PhilipWilcox, Jr. Excoordinador del Departamento de Estado para Contraterrorismo.

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