Opinión Internacional

Una oportunidad a la gente y a la paz

En 1982 tuve la oportunidad de realizar estudios en París. Compartí aula con
gente de a lo menos 15 nacionalidades y unas 7 religiones. Esa experiencia
me permitió comprobar lo que ya presumía: el mundo es maravillosamente
variado, no hay verdades universales.

Buena parte de mi carrera profesional se desarrolló en ambientes
transnacionales. Así, tuve el privilegio de conocer y trabajar con gente de
muchos países, razas, fe, extracción. Esos muchos años me enseñaron a
entender, aceptar y apreciar la policromía del género humano. He conocido y
mantengo relación con gente de los cinco continentes. He sido abierta de
mente, y a cambio, he sido aceptada por personas muy diferentes a mí.

En 1996, después de más de doce años dedicada a la lectura profunda sobre el
tema Medio Oriente, decidí ir a Israel, donde estuve por diez intensos días.

Allí tuve oportunidad no sólo de hacer «turismo» (que también hice), sino
que, periodista al fin, establecí contactos. Conversé con gente de todas las
tendencias. Eso incluyó políticos, académicos, colegas, autoridades
religiosas, y gente común y corriente. Hablé con judíos israelíes,
palestinos, armenios, judíos de varias nacionalidades, extranjeros, etc.

Visité tanto territorio israelí como palestino.

El problema de allá es de difícil comprensión para mentes como estas
tropicales nuestras y a tantos miles de kilómetros de distancia. Es un error
caer en la tentación de emitir juicios. Es una pretensión un tanto arrogante
sentir que podemos entender un problema tan serio sin poner en la ecuación
sentimientos y emociones, que son tan importantes como las razones. Pero es
aún mayor error caer en la provocación de siquiera maquillar la escena de
conceptos precipatados de pro o anti. No nos confundamos. No caigamos en el
facilismo – que nos alivia pero nada soluciona – de ponerle etiquetas a las
cosas.

No nos toca en estos difíciles momentos caer en discusiones pro o anti
semitas, o pro o anti palestinas, o pro o anti musulmanas, cristianas, etc.

No en este momento. No confundamos la gimnasia con la magnesia. Creo que hay
demasiado dolor en el mundo, demasiada herida abierta. Necesitamos recurrir
a lo mejor de nuestro género.

Los invito a poner en remojo las opiniones demasiado airadas sobre el tema
del conflicto israelí-palestino. No es momento para enrarecer aún más la
atmósfera. Un poquito de serena humildad no nos vendría mal. Y en esa
serenidad, entender que no es cierto que los árabes sean terroristas por
diseño; que no es cierto que los musulmanes sean gente guiada por el odio.

Pensar o decir eso es caer en vicio de la generalización. Es tanto como
afirmar que todos los colombianos son traficantes de drogas, o que los
venezolanos somos personas que nos dejamos llevar por la ira y la violencia.

La xenofobia se basa precisamente en adjudicar defectos y malos procederes
de unos pocos a toda una etnia o a todo un grupo religioso. Esto, como lo
escribí en días anteriores, lo que está ocurriendo no es ni puede tornarse
en una insensata y descabellada guerra santa, y sólo lo será si nosotros
permitimos que semejantes sentimientos negativos se alojen dentro de
nosotros. Por el contrario, creo que es éste el momento para necesariamente
hurgar dentro de lo íntimo de nuestro ser, y encontrar humanidad en su más
pura esencia. Creo que se lo debemos a las víctimas del terrorismo. Como
habitante del planeta Tierra, me niego a condenar a etnias, me niego a
denostar de nacionalidades o de religiones, porque me doy cuenta que hay
mucha gente en el mundo que es víctima de los errores de sus líderes y
gobernantes, quienes toman decisiones erróneas. Tengo muy claro que el
enemigo es el terrorismo, ese mal que no tiene fronteras y que no representa
a la globalidad, sino tan sólo a un pequeño porcentaje. Categóricamente me
niego a infundios sociológicos que se expresan en frases como «los judíos
son…», «los árabes son…», «los cristianos son…», «los musulmanes
son…», «los gringos son…». etc. etc. etc. Me niego en definitiva a
admitir radicalismos y extremismos, que no hacen sino atentar contra la paz
mundial.

Sugiero, por mi humilde parte, rezar, elevar plegarias a Dios, Yavé, Alá, y
andar de puntillas. Creo que es momento para darle una oportunidad al ser
humano y a la paz.

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