Opinión Internacional

Una pluma para Mario

Mario se fue en domingo, y me dejó tanta tristeza que hasta hoy puedo reaccionar. Desde que supe la noticia me invadió una nostalgia dulce, de su mirada cálida y de la serenidad que su ser transmitía.

En Uruguay, y en el mundo entero, millones de personas damos el adiós al poeta, al novelista, al periodista, al taquígrafo que con sus palabras y su personalidad sencilla y plácida, y no por eso, menos comprometida y arriesgada nos regaló los múltiples sentimientos que desbordan su obra.

Mario, – permítanme la familiaridad, pero era tan cercano a mi como a tantos de ustedes -, fue dirigente político y pieza fundamental en la “generación del 45”, de aquellos intelectuales que dejaron su impronta en la sociedad rioplatense.

Y siendo tan local, fue tan universal como para lograr que con sus versos se identificaran almas sensibles de todo el mundo.

¡Cómo se puede homenajear con palabras a quien hizo de la palabra luz, música, imágenes, sentimientos, ideas, emblemas! ¡Cómo incursionar en el arte que él desarrollaba con tanta naturalidad y excelencia sin sentirse impertinente!
Su obra fue traducida, recitada, cantada. Sus versos se convirtieron en himnos de amor y de lucha por la justicia y la libertad.

Leí La tregua después de ver la película basada en su obra. Disfruté y gocé sus palabras en mi juventud. Pero no comprendí plenamente a Benedetti hasta que viví el exilio. Por razones diferentes a las suyas, la distancia, la ausencia, el vacío, la extrañeza del desarraigo llegaron a mi vida, para sentir en carne propia esa Primavera con una esquina rota. Me dio otros ojos para ver el mundo, y para verme a mí misma. El exilio, que sin ser, necesariamente doloroso para mi, tuvo aristas duras, que aún hoy estoy limando, es una experiencia difícil de explicar, que permite ver lo propio y lo ajeno desde diferentes perspectivas.

Ese hábito lo asumió nuestro Mario de forma constante, y creo que por eso, sus reflexiones nos descubren y nos reflejan. Nadie como él para poner en blanco y negro ese encuentro de sensaciones que tantas veces no sabemos definir.

Por eso, tal como lo pediste, querido Mario, te dejo un bolígrafo, para que, en la nada, o donde estés ahora, sigas calcando tu emoción en un papel y obsequiando al mundo la exquisitez de tu alma.

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