Opinión Internacional

Viaje a la región busca romper el aislamiento

Es, seguramente, el momento de mayor tensión entre Occidente y Teherán. ¿La razón? Irán estaría terminando de desarrollar un programa nuclear con fines bélicos, a espaldas del control de organismos internacionales como el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y su agencia nuclear, la AIEA. Es, a su vez, un momento en que Latinoamérica, el olvidado patio trasero de Washington, cobra súbito protagonismo como paño de lágrimas para un descastado Mahmud Ahmadineyad.

Simple: en una gira de cinco días por Venezuela, Nicaragua, Cuba y Ecuador, el iraní buscará, antes que la foto político-ideológica con Raúl Castro o Daniel Ortega, dejar un mensaje de alianza petrolera con Hugo Chávez y Rafael Correa, los mandatarios al frente de los dos únicos países latinoamericanos miembros de la OPEP. Es que en este momento es grande el aislamiento de Irán frente a sus socios de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP): en el Magreb, Argelia y Libia están ocupadas en lamerse las heridas de la Primavera Árabe; en la zona del Golfo Pérsico, Kuwait, Qatar, Emiratos Árabes y Arabia Saudita, y hasta la reciente desmilitarizada (y nuevamente revuelta) Irak se mueven al compás de Washington. Las africanas Nigeria y Gabón tienen un peso político menor en esa «orga» petrolera, y lo mismo ocurre con Indonesia. Sólo quedan las «amigas» Venezuela y Ecuador.

¿A qué se debe tanta frialdad hacia Teherán? Sin duda, un regalo de fin de año (y corolario de un preocupante informe de la Agencia Internacional para la Energía Atómica de noviembre que revela los avances bélicos en el programa nuclear iraní): el presidente de EE.UU., Barack Obama, dispuso una serie de medidas que dificultan a la mayoría de los países tanto la compra de crudo como transacciones a través del Banco Central de Teherán.

 
El régimen persa calificó de «guerra financiera» a ese ajuste de clavijas y amenazó con cerrar el estrecho de Ormuz, la compuerta al Golfo Pérsico y por donde pasa el 40% del comercio de crudo global. Previsible, fue una respuesta «en crudo» y un decibel más agudo en la escalada de tensiones.
 
Ayer, el Pentágono agregó otro. El secretario de Defensa estadounidense, Leon Panetta, advirtió por TV que si la teocracia bloquea ese paso naval, «es una línea roja para nosotros y responderemos». El Pentágono tiene a su flota atenta, mientras que la marina británica hizo llegar ayer a su destructor Daring a aguas del Golfo Pérsico.La Unión Europea también ajusta por el lado económico.

La semana pasada anunció que, para fin de enero, podría plegarse a la suspensión de compras de crudo iraní.Mientras tanto, por fuera de la OPEP, Rusia se refriega las manos, expectante ante una probable alza en los precios del petróleo: sería la gran beneficiaria y por esa razón es que no se ha pronunciado, aun, para plegarse a las sanciones que piden los países centrales. China, que con 285.000 barriles por día es la compradora del 10% del crudo que Irán exporta, está recortando sus adquisiciones.Al mismo tiempo, sin Siria de aliada -ocupada en su guerra civil-, y con el giro que supuso para la política de Itamaraty la asunción de Dilma Rousseff en Brasil, a Teherán no le queda sino recostarse en el liderazgo de Turquía. Es que Ankara, como estado laico de un país de población islámica es, además de vecino, parte interesada en este galimatías petrolero (por el tendido de ductos en Turquía pasa el petróleo ruso y caspiano). Por un lado, es la histórica voz cantante ante Israel en el conflicto de Medio Oriente (un vínculo hoy en crisis), a la vez que miembro de la OTAN (con unas FF.AA. que son las segundas en tamaño en esa organización), y mediador elegido por Teherán para las conversaciones futuras sobre la viabilidad de su programa nuclear.De acuerdo con declaraciones del canciller turco, que estuvo en Teherán durante la semana pasada, antes de fin de mes, en coincidencia con una próxima visita de inspectores de AIEA a Irán y el posible embargo desde la UE (hoy Irán le suministra 500.000 b/d), el Gobierno de Ahmadinejad y los 5 + 1 -los cinco países del Consejo de Seguridad más Alemania- reanudarían las conversaciones sobre la cuestión atómica. Sería en territorio turco y con el aval y mediación del Gobierno de Recep Tayip Erdogan. (Como dato complementario, Ankara acaba de aumentar su compra de crudo iraní de 150.000 b/d a 200.000 para 2012).En las últimas horas, y aun cuando fue el estado persa el que pidió retomar el diálogo, para poder negociar desde una posición de mayor fuerza tiró un poco mas de leña al fuego. El jefe de la Organización de Energía atómica persa, Fereidoun Abasi, ofreció a las naciones africanas «amigas» que tengan reservas de uranio disponibles, el ayudarlas a montar las instalaciones necesarias para transformar el mineral en material nuclear.Según los más pesimistas, quedarían dos semanas hasta la definición del conflicto en ciernes. Ante ese escenario, Israel anunció ayer que en caso de guerra apagará los reactores de la central de Dimona, en Nahal Sorek, ante el temor de un ataque iraní.Para los más optimistas, ni EE.UU. (en un año electoral) ni la Unión Europea, ambos en medio de una crisis social y económica sin parangón, ni la misma China, que empieza a sacudirse con temblores sociales e inflacionarios, estarían dispuestas a avivar el fuego iraní. Entre los optimistas se encuentra el analista Fareed Zakaria, que ve a Irán (con elecciones parlamentarias el 2 de marzo) internamente «fragmentada y fracturada en sus sistema político», y «cada vez más débil». Habrá que ver, entonces, cómo repercute esta gira latinoamericana de Ahmadineyad en medio de estos ánimos caldeados. Desgraciadamente, ni Chávez, ni Ortega, ni Correa se caracterizan por su mesura.

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