Opinión Internacional

¿Victoria o fanfarronería?

Esta semana la “revolución socialista del siglo XXI ofreció una nueva muestra de su consabida estrategia de “hacer de tripas corazón”, o, lo que es lo mismo, de voltear la tortilla.

Después que la Secretaria de Estado Condoleeza Rice, con un lenguaje sereno, serio y decente se refirió en su intervención en la Asamblea General de la OEA a la situación de los derechos humanos y de manera particular de la libertad de expresión en Venezuela, el canciller venezolano reaccionó con un discurso destemplado que exudaba, además de rabia, pedantería.

¿Qué dijo Condoleeza Rice? Dijo que “La libertad de expresión, la libertad de asociación y la libertad de conciencia no son una espina clavada en el pie de un gobierno sino el comienzo de la justicia en toda sociedad”. Dijo que la discusión pública de las ideas “es la mayor garantía para el Estado de Derecho y la más segura protección contra los caprichos de los gobernantes” Dijo que estar en desacuerdo con un gobierno no es antipatriótico ni puede ser considerado como un crimen en ningún país sino como una necesidad práctica para la supervisión transparente del desempeño de un gobierno y para la puesta en práctica de políticas efectivas”. Dijo que era importante señalar esto en momentos en que en Venezuela muchos ciudadanos levantan sus voces en protesta pacífica contra la decisión de su gobierno de cerrar RCTV y muchos grupos e instituciones internacionales han sumado sus voces de rechazo a esa medida.

¿Acaso dijo mentira? ¿Puede considerarse con ese discurso fueron mancillados la dignidad y el honor de nuestro país? Poniendo en evidencia su impericia en el manejo del los asuntos diplomáticos y olvidando que en materia de protección de derechos humanos no existen fronteras, el conductor de la Cancillería arremetió contra el gobierno norteamericano recurriendo al consabido y gastado argumento de la soberanía. Según él, la intervención de la representante del Gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica “constituye un intervencionismo inaceptable en los asuntos internos de una nación democrática, soberana, como la República Bolivariana de Venezuela”.

Sin argumentos para responder a las verdades expuestas por la Secretaria de Estado se fue, como dicen los españoles, por los Cerros de Ubeda y se dedicó a despotricar y a acusar a los Estados Unidos de violaciones de derechos humanos en la frontera con México donde según él quienes intentan cruzar esa frontera son objeto de “una cacería humana”, “son perseguidos y cazados como animales, capturados, asesinados” Dijo que se está construyendo un “muro de indignidad” que calificó como “monumento a la violación de los derechos humanos”.

Luego se dedicó a hablar de los presos detenidos en Guantánamo incursos en actividades terroristas, otro tema que tampoco tenía relación alguna con el problema de la libertad de expresión en Venezuela suscitado por la Cancillera norteamericana.

Seguidamente, siguiendo la estrategia común a todas las dictaduras, en tono amenazante dijo que “Venezuela pide respeto, exige respeto de su soberanía” y volvió con el disco rallado de un supuesto plan de desestabilización que estaría siendo fraguado por la oposición venezolana con el apoyo norteamericano.

En su réplica la Secretaria de Estado recordó que en los Estados Unidos las estaciones de radio y televisión critican abiertamente y sin limitaciones las políticas del gobierno sin que este interfiera en el ejercicio de esa libertad. “En una democracia los ciudadanos de un país deben tener la seguridad de que las políticas de su gobierno puedan ser sometidas a la crítica por una prensa libre e independiente”. “Espero sinceramente que los venezolanos también la tengan” concluyó.

Como reacción a la propuesta de la Secretaria de Estado a fin de que el Secretario General de la OEA visite a Venezuela “para realizar consultas de buena fe a las partes interesadas y para consignar un informe completo a los cancilleres por medio del Consejo Permanente” Maduro propuso que la OEA investigara las violaciones de los derechos humanos cometidos por el gobierno norteamericano en la frontera con México y Guantánamo.

Tal como se esperaba la Asamblea General de la OEA hizo la vista gorda de la situación que vive Venezuela a raíz del atropello cometido contra la libertad de expresión y las agresiones de que han sido objeto los estudiantes que han marchado y manifestado pacíficamente en defensa de los derechos humanos y en particular el derecho a manifestar libre y pacíficamente sus protestas.

Como dice Andrés Openheimer en su artículo titulado “Las democracias acobardadas”, publicado el pasado jueves 7, el silencio de la mayoría de los países latinoamericanos sobre el cierre de RCTV durante la Asamblea de la OEA “marcó un grave retroceso para la libertad de prensa – y la democracia – en la región”. También comparto su afirmación de que esta es la primera vez desde las dictaduras militares de derecha de los setentas que un grupo de países latinoamericanos aceptan sumisamente medidas de censura contra la prensa, sin que se produzca “una protesta airada de las democracias de la región”

Como también era de esperarse el régimen, con la jactancia y la pedantería que le caracteriza, se empeña en presentar esa pasividad de la OEA como una victoria frente a los Estados Unidos, como otra derrota infligida al “imperio”.

¿Acaso la suma de la fanfarronería del régimen y de la ineficacia de la OEA puede constituir una victoria? Lo único que ha habido, como dice también Openheimer, es el silencio de las democracias acobardadas. La verdadera victoria ha sido la de los jóvenes estudiantes venezolanos que, interpretando el sentir de los venezolanos, con valor y dignidad han hecho ver al gobierno y al mundo que la sociedad venezolana no está dispuesta a que la priven de su libertad y de sus derechos fundamentales.

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