Opinión Nacional

16 años… ¿Y sólo puedo votar?

La Asamblea Nacional se ha adelantado al pensamiento del Ejecutivo y ha añadido otra modificación a la Constitución de 1.999: ahora los jóvenes de 16 años podrán votar. No se prevé que baje la responsabilidad penal a esa edad y que algún muchacho que haya cometido asesinatos –y lamentablemente los hay- pueda ser enjuiciado por los tribunales ordinarios.

No van a poder casarse a esa edad, ni viajar, ni trabajar, ni comprar tabaco o licores. Estoy de acuerdo con esto último, pero: si pueden votar e ir a la guerra ¿por qué no tener todas las prerrogativas, derechos y responsabilidades que implica bajar la mayoría de edad a los 16 años en cuanto al voto?
Los teóricos marxistas señalan que uno de los factores clave en una revolución es la formación de un ‘sujeto revolucionario’ que tenga conciencia de clase y acepte el socialismo como su sistema ideal de vida. Cuando una revolución llega al poder mediante las armas, se puede formar ese ‘sujeto revolucionario’ a la manera de un bonsái: se cortan las ramas que tengan aspiración de crecimiento, se aherroja, se achata por la fuerza, y el resultado es un árbol enano que se parece a sus hermanos mayores, pero cautivo. Es decir, se fusila, se encarcela, se tortura, se persigue, se exila, y el resultado a corto plazo es un ‘sujeto revolucionario’ producto del miedo. Estos métodos se probaron en Cuba y China, mediante las llamadas revoluciones culturales. Pero fracasaron.

¿Qué hacer en una revolución que usa los métodos del reformismo, parlamentos, elecciones, etc.? Hay que mantenerse en el poder el tiempo suficiente para que una nueva generación sustituya a las que vivieron en las condiciones anteriores a la revolución. Estas últimas pueden recordar las ventajas de la democracia, por lo que difícilmente pueden ser captadas para el proceso y no son de fiar. En cuanto a los actores revolucionarios originales, pueden haberse corrompido por el consumismo y la nueva riqueza: los autos de lujo, las viviendas faraónicas…
Se requiere pues una generación sin memoria, que no recuerde otro gobierno sino el actual. Si alguien cumple 16 años en lo que queda del 2007, la mitad de su vida la habrá vivido en el actual régimen y no recordará otro gobierno sino éste. No podrá recordar la democracia. Y como la mayor natalidad tiene lugar en los barrios populares, se puede apostar a una nueva generación de muchachos que han pasado por el servicio militar obligatorio, por la milicia, y que ahora deben votar: ¿por quién habrían de hacerlo? ¿qué otros valores hay en sus jóvenes cabezas? Lo que no se puede acelerar mediante una revolución cultural se intenta catalizar mediante un aceleramiento de la mayoría de edad electoral, sacando de la despensa una generación antes de tiempo. Creo que eso hacían los nazis al final de la guerra, cuando ya no tenían efectivos para luchar contra la invasión yankee y soviética: muchachos de 14 años enfrentados a feroces guerreros de la estepa rusa y de las planicies de Arkansas con las armas y la tecnología de primera de la época, y con vasta experiencia destruyendo panzers.

¿Funcionará este experimento? No lo sé. La condición humana es tan plástica que si usted introduce este agente catalizador puede que le salga algo diferente a lo que esperaba: que los jóvenes, por pura curiosidad, se digan: ¿cómo será otro mundo? ¿cómo será otro gobierno distinto a este? Puede que no lo hayan vivido en carne propia, como acertadamente calculan los ideólogos del régimen; pero las vivencias juveniles no son simplemente carnales y experienciales, también cuentan las virtuales. A través del cable y de Internet ellos saben que más allá de nuestros muros existe otro mundo, y eso genera curiosidad, ansiedad, excitación, hambre. Es contra eso que deberá luchar la revolución, no exactamente contra los viejos líderes opositores, muchos de los cuales tienen ya el sol sobre la espalda. Y luchar contra esa incertidumbre es simplemente más incertidumbre.

* Director de Formación Política de UNT

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