Opinión Nacional

¡2 0 0 8!

Pese al ventajismo omnímodo del autócrata y a su electrónica electoral en olor de fraude, los votantes tendremos la excepcional y tal vez última oportunidad de impedir, dentro de tres semanas, el viraje político más anti-histórico y delirante de la historia del país: aquel mediante el cual el presidente Chávez – un incurable dinosaurio congelado en su admiración años ’60 por el soviet – pretende imponerle a Venezuela ese mismo socialismo real que la Historia archivó definitivamente tras registrar su fracaso en Unión Soviética, Ucrania, Bielorrusia, Estonia, Letonia, Lituania, Moldavia, Armenia, Georgia, Azerbaiján, Kazakistán, Kirguizistán, Uzbekistán, Tadzikistán, Turkmenistán, Alemania Oriental, Polonia, Checoslovaquia, Hungría, Rumania, Bulgaria, Yugoslavia, Albania, Siria, Yemen, Afganistán, Pakistán, Birmania, Camboya, Laos, Vietnam, Mongolia, China, Corea del Norte, Angola, Argelia, Benín, Burkina Faso, República del Congo, Eritrea, Etiopía, Guinea Bissau, Liberia, Libia, Chile, Cuba y Nicaragua. El mero hecho de imponernos de aliado y modelo la Cuba castrista – esa cadavérica vitrina del derrumbe “socialista”– da una idea precisa de la increíble estupidez de su intento.

Impedir la insania de ser convertidos en el 48° fracaso del socialismo real, con dictador vitalicio, descansa a todas vistas en el No masivo de una oposición curada de pasados errores abstencionistas, complementado por … una imponente abstención del electorado chavista el cual sabe que, de votar, las infames Listas Tascón y Maisanta se volverán esta vez contra ellos. De hecho, nuestro porvenir como democracia o dictadura está principalmente en manos de quienes hasta el año pasado votaron Chávez; un electorado hoy en crisis, pero emplazado a tomar con valentía una decisión realmente histórica. Dos sectores lo componen: uno potencialmente fiel al autócrata (con un 10% de convencidos y un 90% de tarifados) y el otro, imprevisible, de gente honesta que votó Chávez para acabar con los viejos males y constata hoy, arrepentida y consciente de la gravedad del momento, que el chavismo los empeoró todos.

Este amplio y ahora capital sector tiene sobrados motivos para pararle el trote al autócrata. Al cabo de nueve años, ha constatado que se vive mucho peor con Chávez que con CAP o Luis Herrera en términos de seguridad ciudadana y crímenes, poder adquisitivo e inflación, libertades públicas, calidad de vida, penurias y falta de futuro para sí y los hijos; está asqueado de ver a la gente del “socialismo” robar a más no poder, y cansado de sufrir inexplicables carencias de bienes primarios o ver el desmoronamiento de instituciones e infraestructuras en medio de una excepcional bonanza petrolera, mientras los pobres siguen en sus ranchos, asistidos caritativamente por los Mercal y Barrio Adentro pero sin trabajo ni casa ni chance de progresar. Sabe que el autócrata sustrajo de las arcas del Estado decenas de millardos de dólares “pasándoselos del bolsillo derecho al izquierdo” para sus megalómanas, peligrosas o risibles aventuras internacionales. Teme el delirante armamentismo y la militarización de un chavismo pretoriano sustentada en fantasmales hipótesis invasoras. Estima que, por mero decoro nacional, ha llegado la hora de un Cuban go home que nos arranque de la piel esas sanguijuelas castristas bombeando dólares para La Habana. Está nauseado de tanto maniqueísmo y odio de clase inducidos desde Miraflores, con sus reiteradas amenazas de “no dejar piedra sobre piedra”, y desea profundamente que el país recupere los valores de la concordia, la interculturalidad y la solidaridad.

Si Chávez no recibe en diciembre un No tan imponente que ninguna tracalería electrónica pueda maquillar, ingresaremos a un infausto 2008 en dictadura, con pobreza generalizada, pensamiento único, falta de más libertades, milicias, espías y cartillas de racionamiento, cubanizados con el petróleo cercano a los cien dólares. ¡Qué imbecilidad!

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