Opinión Nacional

2010, El año de la guerra

La buena noticia es que Chávez saldrá, la mala es padecer el escenario de su partida.

¿Inoportuno, por la ocasión de publicarlo? Lo sé. Pero Lo peor que puede pasarnos es no saber cómo reaccionar frente a lo que es más probable que sobrevenga, al calor de esta ridícula y trágica comedia del país manejado por Chávez y su corte de malandros y déspotas enriquecidos hasta lo indescriptible.

De tanto “decírmelo a mí mismo” terminé convenciéndome — y me animo a plantearlo abiertamente– que si no logramos evitarlo nos esperan años de caos.

Sólo podemos evitar lo peor si adquirimos plena conciencia de nuestra situación, lo cual es cada vez menos probable mientras siga en el horizonte del liderazgo opositor la misma cantaleta, propia de rehenes de sus intereses, obligados a sobrevivir conviviendo con el régimen para mantener a sus anunciantes, sus clientelas conformistas, sus divisas de CADIVI obtenidas bajando el cogote, sus licencias, sus notas estructuradas y bonos de la deuda, sus triangulaciones financieras, etc. (*)

Porque para salir de Chávez el país deberá pagar un precio altísimo, que ni siquiera imaginamos, aunque será estrictamente necesario, y ello solo para poder mantenernos como nación civilizada y aspirar a salir del marasmo y calamidades que presenciamos en esta hora ya agónica del chavismo populista y belicista patriotero.

Pero tan o más importante, como lo que nos cueste salir de la trama final de esta y de la pesadilla de la transición, sería el costo adicional que pagaríamos si dejamos volver a ver dirigir esta nación por los herederos de la Cuarta, quienes en nombre de la democracia, nos harían pagar con otra década perdida su hambre atrasada y su codicia, solo comparada a la de los rojitos.

Todo podría incluso ser peor si vuelven con su ejercicio renovado de promesas y olvidos, imbuidos de la inveterada estupidez e ineficiencia de sus burócratas, solo hábiles para postergar indefinidamente la solución radical de los problemas seculares y nunca lograr cercar y demoler la Venezuela delincuencial, indolente, excluyente, impune, mono-productora, estatista y clientelar, desde donde este zarzal de despotismos llamado el chavismo creció hasta dominar todo.

La vulgar cadena de trampas y ventajismos que impidió ejercer la Presidencia a Andrés Velázquez en 1994 se nos transformó en el frankestein chavista 5 años después. Esa fue la despedida de aquella clase política ciega, sorda y descarada.

¿Qué inventarán a la salida de Chávez? ¿Volver a los estropicios de los maquillajes del hundimiento?

La pregunta lícita que cabe hacerse en estos días de reflexión es: ¿ Volverá a postergarse la cura necesaria que comenzaría tan pronto se ampute del Estado venezolano la gangrena que significó este régimen chavista, nacido de las entrañas del cuerpo infectado de la llamada Cuarta República?

Los males infinitos desarrollados hasta lo sordidez por el chavismo gobernante solo podrán ser corregidos por un régimen de reconstrucción del Estado que implica un serio paréntesis de dictadura de la ley, que para ser efectivo ha de instalarse y mantenerse como una nueva modalidad de existencia republicana.

Se requerirá de la excepcionalidad de medidas correctivas y de temple especial en la nueva clase política. Deberá descartarse en el nuevo liderazgo, que parirá la etapa de crisis abierta, a quienes hayan vivido en la manguangua de administrar bienes públicos como si fuesen presas de su coto de cacería.

El enjuiciamiento de funcionarios, desde el Presidente para abajo, y la disminución drástica de la impunidad de personas privadas corruptoras, en la nueva institucionalidad de justicia, no podría ni siquiera concebirse si ello es producto del famoso diálogo que siempre se propone entre este régimen de delincuentes y quienes aspiran pasar la esponja para seguir con otra modalidad de la misma peste. Sólo pueden enderezarse este modelo de Estado venal, despilfarrador y excluyente con un diseño de ruptura con estas prácticas centenarias de las élites de poder, que nos trajeron hasta este degredo de país.

La corrección será dura, si se quiere realmente salir de este atolladero histórico, en el que ya Chávez metió indefectiblemente a Venezuela.

El escenario de la guerra de fronteras será la partera. El ejército venezolano verá si corre o se encarama, para poder evitar esa guerra que nos trae Chávez con las FARC.

Frente a este insólito disparate solo existe como alternativa aliarse con el Estado Colombiano y con el gobierno del honorable Presidente Uribe, en una misma causa contra el narcoterrorismo.

Esa es nuestro designio histórico común con Colombia, aunque desde la demencial presidencia venezolana se nieguen a admitirlo e incluso se actúe en contrario, por haber convertido la cúpula del poder estatal de Venezuela en una vulgar agencia de las FARC.

Me temo que 2010 será el año de la guerra. El chavismo la necesita como último recurso para intentar no verse arrastrado al abismo ya inevitable, en medio de un caos interior producido por su incompetencia.

Siempre será más fácil echarle la culpa de esta caída a otro y así pretender volver después, con decenas de miles de millones de dólares robados a las arcas públicas, para un segundo intento abiertamente totalitario del chavismo en el poder.

Por eso habrá que saber, que de darse este conflicto buscado por Chávez, todo su régimen deberá salir de la escena. El chavismo debe ser destruido políticamente como la peor perversión del clientelismo populista. Bastará con aplicar rigorosamente leyes contra ilícitos de corrupción y contra abusos de poder para arrinconarles. Pero eso solo pueden hacerlo, desde el futuro poder judicial, quienes no tengan rabo de paja, ni contemplaciones respecto a ningún tipo de corruptos del color que sean.

Solo con OTRO régimen que reconstruya el Estado y con OTRO tipo de economía, basada en la eficiencia, pueden eliminarse las raíces del mal: el Estado de parásitos, que se comen el ahorro nacional.

Lo único positivo que nos dejará el chavismo será un país donde habrá que trabajar y aquel que lo haga merecerá todas las ventajas del Estado de Derecho, que incluye la seguridad de bienes y salarios dignos.

En cuanto a los miles de compatriotas que sigan creyendo que es un trabajo andar calle arriba y calle abajo, o en colas frente a los bancos, disfrazados del color de los gobernantes, ya habrá soluciones, sobre todo para los socialmente damnificados por esta etapa de vagancia roja.

No se trata de ejercer ni venganzas, ni retaliaciones sociales, ni menos aún políticas: sencillamente habrá que trabajar para ganarse el sustento y eso en una economía eficiente significa superar los salarios de hambre, sin tampoco pretender vivir de las dádivas gubernamentales.

Cuando Venezuela toda sea capaz de sentir asco por el mensaje de “La Hojilla” o del propio Aló Presidente diario e interminable, habrá terminado la espera del fin de las ilusiones. Aunque a muchos les sorprenda, ese momento se acerca vertiginosamente, a la misma velocidad que pierde su anclaje en la realidad la estupidez ideológica que se disparó hace 11 años y que está agotando sus últimos cartuchos.

Habrá muchas cosas que lamentar de toda esta etapa de cantinflesca robolución bolivariana concebida como ropaje ideológico de la más grande estafa conocida en los tiempos modernos, su saldo de muertes por inseguridad y sus despilfarros son sencillamente inenarrables. Pero su despedida será con una sinfonía macabra: la de los soldaditos muertos en la raya de frontera.

Uniformados semi-analfabetas, de lado y lado de la frontera se disputarán, en una maldita guerra que Chávez instiga: “un pedazo de tierra, que no alcanzará ni para enterrar nuestros muertos” al decir de Ali Primera.

Los otros muertos serán en nuestras calles porque el gobierno en pleno derrumbe tratará de imponerse mediante el terror en esas horas de la caída irremediable.

Aquella sangre, en el aciago 4 de febrero de felonías, fue su precio para emprender su camino hacia el poder, esta sangre de otros centenares de inocentes será el precio de su salida.

Tal es el sino trágico de las malditas glorias del poder, buscadas por simples homínidos, que cubren de exégesis de virtudes sus actos primarios: de voluntad de dominio sobre sus iguales para intentar elevarse sobre su mediocridad no aceptada, de deber defecar, hartarse y aliviar las tensiones de su bajo vientre. Para desgracia a Venezuela, le tocó ser sometida a uno de los más ruines de entre esos homínidos de la historia contemporánea.

(*) A mí el chavismo no necesitó callarme, porque en su lugar lo han hecho los herederos de la cuarta con sus aún poderosos medios, que toleran y promueven solo a los suyos… a quienes garanticen que todo volverá a ser como antes. Voces como las mías las quieren ver enterradas en el anonimato. Lo personal es por supuesto insignificante, pero si nuestro destino como país es ver el regreso de los viejos males y sus protervos recreadores, de nada habría valido esta experiencia de 11 años del horror populista padecido bajo Chávez, su economía vudú y su despotismo de pat´enelsuelo con alpargatas de oro.

Mucha gente amiga y otros por maledicencia, me recriminan que no salgo a la palestra, que no me impongo contra el ostracismo mediático al que me condenaron los grandes hacedores de liderazgos ficticios de marketing y encuestas fabricadas, al que me honro de no pertenecer.

No puedo explicar en cuatro frases o un artículo, que no me siento en ánimo de dedicar lo que me resta de vida útil para ser comparsa de quienes y que queriendo acabar con este régimen de gentuza, en realidad son sus cómplices y solo les anima elevar al poder a otra camada de gentuza, de los que acechan para perpetuar, solo que en nombre de la democracia, los mismos males, en particular la corrupción y la impunidad, que nos inhabilita como nación para superar la gravísima inseguridad personal y de bienes para, por primera vez en décadas, hacer funcionar un efectivo Estado de Derecho, que no existía antes de Chávez y que este régimen de hampones llevó hasta la ridícula ficción de supuesta vigencia, en la fraseología pestilentemente farisea de la ideología oficial.

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