Opinión Nacional

23 de Enero de 1958 y el Pacto de Punto Fijo

            En el tratamiento y análisis de los partidos, su surgimiento y consolidación en la Venezuela del siglo XX, no podemos obviar al Pacto de Punto Fijo por ser una referencia e hito obligatorio en nuestra historia democrática, como acuerdo fundacional de la democracia en Venezuela, y en ese mismo orden de ideas en la historia moderna de los partidos políticos nacionales. El Pacto de Punto Fijo no sólo constituye un episodio relevante  en la Venezuela del siglo XX,  sino un hito histórico y político de estudio y valoración obligatoria en la fundación de la democracia en Venezuela hasta nuestros días. Permitió sin duda alguna fraguar las bases del funcionamiento de la naciente democracia (representativa), naturalmente edificado sobre el rol de los partidos políticos como interlocutores e intermediadores entre el Estado y la sociedad.  

La clave del éxito del llamado Pacto de Punto Fijo a nuestra manera de ver las cosas estuvo en el dialogo fecundo, serio y responsable de la clase dirigente y los actores del momento, en minuciosas y largas conversaciones y debates que concluyeron en un sólido compromiso de las organizaciones unitarias en una política nacional de largo alcance, guiadas en un primer momento por la seguridad de que el proceso electoral y los poderes públicos  y autoridades que de él van a surgir respondan a las pautas democráticas de la libertad efectiva del sufragio. Igualmente, la garantía de que el proceso electoral evite cualquier ruptura de la unidad, y que además, sea un medio para fortalecer a los partidos, asumiendo estos sus respectivos roles en funciones de gobierno como en la oposición, asumiendo la vía electoral y democrática como único camino hacia la conquista del poder, aunado a la despersonalización del debate, la erradicación de la violencia interpartidista y la definición de normas que faciliten la formación del gobierno y de los cuerpos deliberantes, de tal manera que la sociedad venezolana se exprese y sienta representada.

La historiografía nacional y los estudios politológicos reconocen que el Pacto de Punto Fijo fue para el momento la expresión más acabada de un acuerdo entre partes, entre organizaciones, grupos diversos  y elites por fraguar lo que serían las bases y cimientos de la democracia en Venezuela. En este destacan un fiel compromiso a la unidad, el respeto mutuo, la tolerancia, la amplitud y la cooperación  en defensa del régimen democrático naciente, que tuvo su manifestación de forma categórica en la Declaración de Principios y Programa Mínimo de Gobierno de 1958.

La trascendencia de dicho acuerdo estuvo en establecer las líneas generales no sólo del nuevo gobierno, sino de lo que sería posteriormente el funcionamiento de la democracia en Venezuela durante cuarenta años, al extremo de hablarse de la llamada Cuarta República como expresión y etiqueta del período de funcionamiento del Pacto de Punto Fijo desde 1958 hasta 1998, y naturalmente vincular a este último no sólo con el protagonismo de AD y COPEI, de figuras como Rómulo Betancourt, Rafael Caldera, Jovito Villalba y otros corajudos venezolanos,  sino además con el proyecto de país y sociedad expresado en la Constitución de la República de Venezuela de 1961 que es la Constitución de mayor vigencia.  Por lo tanto, el compromiso gestado y manifiesto de la dirigencia de los partidos AD, COPEI y URD  principalmente fue decisivo para la consolidación del régimen democrático y la estructuración del naciente sistema de partidos y del propio entramado democrático.

Tres principales elementos recogen la esencia del Pacto de Punto Fijo:

1.- Defensa de la constitucionalidad y del derecho a gobernar conforme al resultado electoral. Las elecciones determinarán la responsabilidad en el ejercicio de los Poderes Públicos, durante el periodo constitucional 1959-1964; intervención de la fuerza contra las autoridades surgidas de las votaciones es delito contra la Patria. Todas las organizaciones políticas están obligadas a actuar en defensa de las autoridades constitucionales en caso de intentarse o producirse un golpe de Estado, aun cuando durante el transcurso de los cinco años las circunstancias de la autonomía que se reservan dichas organizaciones hayan podido colocar a cualquiera de ellas en la oposición legal y democrática al Gobierno. Se declara el cumplimiento de un deber patriótico la resistencia permanente contra cualquier situación de fuerza que pudiese surgir de un hecho subversivo y su colaboración con ella también como delito de lesa patria.

2.- Establecimiento de un Gobierno de Unidad Nacional. Si bien el ejercicio del Poder por un partido es consecuencia legítima de una mayoría electoral, la suerte de la democracia venezolana y la estabilidad del Estado de derecho entre nosotros imponen convertir la unidad popular defensiva en gobierno unitario cuando menos por tanto tiempo como perduren los factores que amenazan el ensayo republicano iniciado el 23 de enero; el gobierno de Unidad Nacional es el camino para canalizar las energías partidistas y evitar una oposición sistemática que debilitaría el movimiento democrático. Se deja claramente sentado que ninguna de las organizaciones signatarias aspira ni acepta hegemonía en el Gabinete Ejecutivo, en el cual deben estar representadas las corrientes políticas nacionales y los sectores independientes del país, mediante una leal selección de capacidades.

3.- Programa mínimo común. Para facilitar la cooperación entre las organizaciones políticas durante el proceso electoral y su colaboración en el Gobierno Constitucional los partidos signatarios acuerdan concurrir a dicho proceso sosteniendo un programa mínimo común, cuya ejecución sea el punto de partida de una administración nacional patriótica y del afianzamiento de la democracia como sistema. Dicho programa se redactará por separado, sobre las bases generales, ya convenidas, y se considerará un anexo del presente acuerdo. Como este programa no excluye el derecho de las organizaciones políticas a defender otros puntos no comprendidos en él, se acuerda para estos casos la norma siguiente: ningún partido unitario incluirá en su programa particular puntos contrarios a los comunes del programa mínimo y, en todo caso, la discusión pública en los puntos no comunes se mantendrá dentro de los límites de la tolerancia y del mutuo respeto a que obligan los intereses superiores de la unidad popular y de la tregua política.

            A partir del Pacto de Punto Fijo, se establecieron posteriormente una serie de directrices y lineamientos entre las elites; estos tuvieron como rasgo distintivo conceder protagonismo a los partidos,  a tal extremo y preponderancia que en el caso venezolano comenzó a hablarse de una auténtica democracia de partidos para definir un régimen basado excesivamente en la presencia y acción de los partidos políticos.

            Sin embargo, conviene no dejar pasar por alto que anterior a la celebración del Pacto de Punto Fijo, en aquel histórico 31 de Octubre de 1958, se celebró en la ciudad de Nueva York  en el mes de Diciembre de 1957 el llamado Pacto de Nueva York, como el acuerdo previo entre los líderes de los diversos partidos políticos, desde la democracia cristiana hasta la socialdemocracia y con excepción de los comunistas. De manera que el liderato de figuras como Rafael Caldera por parte de COPEI, Rómulo Betancourt por AD y Jóvito Villalba en representación de URD y la centro izquierda fue definitorio para fraguar una declaración de unidad entre los partidos y que de forma impecable se dio finalmente en el Pacto de Punto Fijo.

            Una variable explicativa del éxito del acuerdo de Nueva York y  subsiguientemente del Pacto de Punto Fijo sería inequívocamente la visión y compromiso de unidad, y en ese mismo orden de ideas, la voluntad de promover una política nacional de largo alcance, que permitiera no sólo la convocatoria a elecciones; sino más todavía, el respeto de los resultados y por consiguiente el nacimiento de la democracia en Venezuela.

            Más aún, los firmantes del Pacto de Punto Fijo tenían como antecedentes de división y diáspora política las confrontaciones presentes en el llamado “trienio adeco”, entre los partidos que terminaron fraguando el golpe militar de noviembre de 1948. De manera que las discrepancias debían quedar atrás y sobre todo a través del Pacto de Punto Fijo, se procede a institucionalizar las reglas del juego político que servirían naturalmente de basamento del régimen democrático naciente y que daría soporte y estabilidad a la democracia en Venezuela por varias décadas.  

            Hoy después de 55 años de vida democrática no cabe duda que si bien es cierto que la forma partido fue artífice y protagonista en generar los procesos antes señalados, lo cual desemboca en el retorno a la democracia en toda la región para finales de los ochenta (con excepción de Cuba), no es menos cierto que en los inicios de los años 90, los partidos políticos, por lo menos en lo que a Venezuela refiere, entraron en una etapa y situación de anomia, descomposición, pérdida de visión y proyecto, (pierden su capacidad de agencia) y naturalmente acusan  un declive pronunciado, situación esta última que se expresa en un primer momento, entre otras cosas en un desgaste notorio de su poder de convocatoria, la reducción del número de afiliados, en un segundo y consecuente momento, en un cuestionamiento cada vez mayor por parte de la ciudadanía, paralelamente al avance de nuevas figuras, lideres, y agrupaciones al margen de las formas tradicionales.

Los partidos políticos en América Latina les correspondió a partir de los años noventa competir con otros actores, lógicas y estilos, que cautivaron en algunos países la atención de los ciudadanos y electores que mostraban cierta saturación con la política tradicional tutelada por el partido político, el declive de los partidos daría paso a una suerte de informalización de la política donde aparentemente había espacio para todo, para agendas diversas, y naturalmente el auge de populistas que se abrían paso en países como Bolivia, Perú, Ecuador, Nicaragua y Venezuela.

            En nuestro hilo expositivo para explicar tanto la estabilidad como la crisis e inestabilidad del sistema político venezolano, nos ocupamos del papel ejercido y definitorio para la gobernabilidad democrática cumplido por los partidos políticos con capacidad agregativa, un liderazgo y dirigencia hábil con capacidad representativa y para establecer acuerdos entre sí, y un ingrediente que ha sido un factor de estabilidad como es la renta petrolera y el degenerado rentismo petrolero hoy más vigente que nunca.    

Hoy más que nunca Venezuela requiere un gran acuerdo nacional, hoy más que nunca requerimos la recuperación de la institucionalidad democrática, del estado de derecho, de la observancia y respeto a la Constitución Bolivariana de Venezuela de 1999, de un Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) apegado estrictamente al Estado de derecho, de un equilibrado Consejo Nacional Electoral (CNE), hoy más que nunca requerimos unidad para sacar a Venezuela de la grave crisis política, social y económica que la afecta y eso requiere de ciudadanos, civismo y responsabilidad. Tal vez el fracaso de la llamada cuarta República y de la democracia venezolana fue el deterioro de los elementos y bases contenidas en el Pacto de Punto Fijo, el deterioro de los partidos, sindicatos, gremios y otros, y naturalmente el agotamiento de nuestra clase política que en los años noventa no supo manejar la crisis, producir los cambios y corregir los errores que produjeron el experimento de la V República, la elección de Rafael Caldera II en 1993, y para rematar la elección emotiva del hoy presidente ausente Hugo Chávez Frías y lo que dicho liderazgo representa. 

 

(*) Profesor de la Universidad de Los Andes 

 

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