Opinión Nacional

A jugar cuadro cerrado con la unidad democrática

Las vicisitudes por las que necesariamente deben pasar los acuerdos unitarios que han suscrito las fuerzas democráticas en estos años de autoritarismo militar, causan siempre inquietudes, temores y hasta angustias.

Y no es para menos. Hoy, como nunca antes en nuestra historia reciente, el destino de tales acuerdos está estrechamente ligado a la recuperación de la democracia y de un entorno social y económico de paz y armonía que permita el desarrollo de nuestra sociedad y su gente. Esta aspiración muy sentida en vastos sectores de la población, incluso de los que simpatizan con el gobierno, mucho tiene que ver con lo que se logre con la Unidad democrática en las elecciones venideras; de allí que la posibilidad de conquistar un equilibrio político en la Asamblea Nacional, se haya convertido para los demócratas en un motivo de preocupación central en sus vidas.

Es por ello que todos deseemos tener certidumbres al respecto.

En primer lugar, la relativa a si iremos unidos o no. Este asunto, a mi juicio, está fuera de duda en este momento. Tanto los partidos como los independientes y la mayoría de las organizaciones de la sociedad civil venezolana están comprometidos con la Unidad y los consensos alcanzados casi de forma unánime en el marco de la Mesa Unitaria Democrática (MUD). El que piense que al margen de esta coalición tendrá algún éxito electoral, no tiene los pies sobre la tierra. Todos sin excepción nos necesitamos. La Unidad la representa la MUD, y a ésta debemos preservarla y fortalecerla, como instancia idónea para alcanzar los objetivos políticos de la oposición venezolana, a pesar de sus fallos. Los desacuerdos deben ser solventados dentro de ella, no disparando deslealmente contra ella desde afuera. En su seno, se equilibran los egos, los intereses y las aspiraciones legítimas o no. Es preferible una decisión que salga de un debate entre sus miembros que una decisión producto de una sola persona.

En segundo lugar, preocupa que los candidatos sean seleccionados de la mejor forma. Al respecto, sabemos que existen unas reglas consensuadas en el mes de diciembre pasado, que todos los actores políticos aceptaron. Ellas están siendo aplicadas, y lo deben ser de forma rigurosa. Lo que esperamos es que no sean violentadas para satisfacer caprichos de una persona o de una organización. Perderíamos en credibilidad y coherencia si esto último sucediera. En esto, el liderazgo debe ser inflexible.

En tercer término, ¿estamos seleccionando los mejores? No es fácil dar una respuesta en este punto, y es muy probable que no todos los postulados sean los mejores; no somos perfectos. Es un asunto, en el fondo, muy subjetivo, cada quien tiene su opinión. Los que gustan a unos, son rechazados por otros. Unos resaltan unos criterios de selección; otros consideran importantes ciertas cualidades. Unos dan peso al liderazgo real (que debe demostrarse, por lo demás), independientemente de si son de partido o no; hay quienes piensan que los dirigentes de partidos deben ser la mayoría de los candidatos porque, entre otras razones, ésa es su profesión y hoy es necesario, además, fortalecer a los partidos. Hay quienes señalan que diputados deben ser de la sociedad civil, posición ésta en gran parte, aunque no exclusiva, de la antipolítica, como si los partidos no formaran parte también de esa sociedad civil. Y están quienes no se ponen con mucho preciosismo, y dicen que votarán, sin más, por el que represente a la oposición y reúna unas condiciones aceptables.

Finalmente, algunos piensan que deben ser candidatos los que sean votados y ganen en primarias abiertas, minimizando los riesgos indiscutibles que se corren con este tipo de elecciones (participación de los adversarios para incidir en el resultado, poca asistencia, costos elevados, etc) y obviando que con esta fórmula se favorece, en general, a quienes manejen muchos recursos organizativos, mediáticos y dinero. Como se sabe, en las reglas de la MUD están las primarias, pero no como un principio o dogma, sino como mecanismo de última instancia para dirimir un caso que por consenso no se pueda resolver. De hecho la MUD realizará varias primarias en los próximos días, que los que no somos muy amigos de ellas esperamos se reduzcan en número, con consensos que se produzcan antes.

Creemos que no hay razones para preocuparse más allá de lo dicho. La MUD está haciendo su trabajo, el cual implica dificultades derivadas de tantos intereses, fuerzas y egos en juego. Esto no lo podemos evitar; así es la vida en sociedad y en política. Quien no admita esa natural competencia, sólo le queda irse a la isla de Robinson Crusoe, si la encuentra. Lo fundamental es que tenemos un espacio para que esos intereses diversos debatan, confronten, negocien, se equilibren y se acuerden. Algunas decisiones no nos gustarán con seguridad. De repente no estamos conformes con la velocidad con que marchan las cosas allí, y preferiríamos otro ritmo. Es posible que se cometa errores, pero de ellos no estamos exentos ninguno. Lealmente debemos formular las objeciones que tengamos en su seno, no desde los medios.

Eso es lo que tenemos para avanzar frente a la deriva totalitaria del gobierno de Chávez, y habrá que ir enderezando la carga en el camino. No podemos seguir perdiendo tiempo en la búsqueda de exquisiteces políticas. Es menester que seamos eficaces en nuestras iniciativas, lo cual no significa que no tengamos claridad en el tema estratégico y en la táctica que adelantemos. Tenemos frente a nosotros un adversario sin escrúpulos, cargado de dinero, y sin moral. Cada día que pasa comete más errores y se hunde en su incompetencia. La corrupción lo corroe hasta los tuétanos. Su demencial ideología totalitaria militarista y colectivista será su perdición.

Con la Unidad y el liderazgo de la MUD debemos jugar cuadro cerrado. Sólo con un compromiso férreo podremos garantizar un eventual triunfo en las parlamentarias de septiembre. Ese compromiso ya lo tenemos, es obligatorio que lo proyectemos hacia los futuros eventos políticos y electorales .

EMILIO NOUEL V.

 

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