Opinión Nacional

A la medida

El Presidente Chávez prepara la nueva Constitución bolivariana, desde su Despacho en Miraflores, con la asistencia “valiosa” de los situacionales caribeños y la previa aquiescencia de los monoasambleistas, para perpetuarse en el poder, “democráticamente”, hasta el 2021. Así se hacen las cosas, así se hizo la Constitución del 98 que ahora le quedó pequeña al líder revolucionario. Nuevas herramientas, nueva fase de la revolución, nuevos problemas para el líder revolucionario.

La nueva versión de la Constitución bolivariana, fuertemente influenciada por el referido “pensamiento” situacional, acabará también con la primacía que felizmente se había dado en el anterior texto, a los derechos humanos, a los Convenios internacionales sobre esta materia. Un desliz que cometieron los constituyentes oficialistas entonces, sin medir la importancia y la repercusión que tendría el respeto de estos derechos.

Desde luego, un tema que huele mal al régimen hoy y que debe marginarse y colocarse en segundo plano, otro error tan grave como el que cometieron, por la ignorancia y valentona característica, con el cierre arbitrario de RCTV, la confiscación de sus bienes y el nuevo intento de ordenar la salida del canal de los venezolanos, esta vez de la televisión por cable por no difundir el pensamiento revolucionario que se impone a los venezolanos con las tan odiosas cadenas presidenciales.

El régimen bolivariano ha ignorado desde siempre, recurriendo a cualquier argumento artimaña o triquiñuela, los principios contenidos en la Carta Democrática Interamericana que consagra el ejercicio de los derechos y las libertades civiles y políticas fundamentales de los ciudadanos. Han dado prioridad teórica a los derechos económicos, sociales y culturales, al punto de que han propuesto en la OEA la adopción de la Carta Social. No es una idea descabellada tratar de darle el mayor rango a estos derechos, siempre defendidos por los países en desarrollo y por los gobiernos democráticos de Venezuela antes, pero el interlocutor, es decir, el régimen venezolano, no es el más confiable ni el más apto para promoverles. El régimen opta por otorgar la mayor importancia a la ideologización del país, a la desculturización de los venezolanos, con el simple y único objetivo de perpetuarse en el poder.

El periodista Silva, orgullo del periodismo revolucionario, deberá decir en su Hojilla ahora que “Marcelito” o “Granielito” como irrespetuosa y cobardemente llama al Presidente de RCTV, se salió con la suya. El régimen, mejor dicho, los situacionales cubanos y los apartidas que les acompañan, no midió tampoco la segunda fase del caso RCTV. Ignoraban el cable, otras posibilidades y la capacidad de la vieja RCTV y de su directiva. Veremos o verán los masoquistas que ven el infame programa revolucionario, modelo del desarrollo y el progreso comunicacional, que pasará a la historia como la antítesis de la educación y de la cultura, del equilibrio y de la justicia, la reacción del brillante Silva quien consume muchas horas de trabajo para deleitar a las masas chavistas y ganarse el aprecio del supremo. Un consumidor nato, según su empeño.

Ahora estamos ante un proceso constitucional, dirigido también “democráticamente” por el mismo Hugo Chávez y apoyado en el brillante Escarrá, profesor muy “apreciado” en los medios intelectuales del país, por su ecuanimidad y su capacidad profesional. El constitucionalista afirmó en días pasados que no tenía nada que ver con el proyecto porque el mismo presidente lo estaba elaborando de su propio puño y letra. Un horror que no tiene explicación, ni sentido. La adulancia a veces traiciona y coloca a quien lo ejerce como un desequilibrado intelectual, al menos.

Los trajes del Presidente se hacen a la medida, también el avión que daría la vuelta al mundo para repartir los recursos de los venezolanos. Ahora, también se hace a la medida la Constitución de la República. La concentración de poder alrededor de Miraflores, con el apoyo irrestricto de la Asamblea monocolor, deberá facilitar la reforma.

Pero este proceso será también difícil. El juego del régimen se ha descubierto en el país y afuera cada vez hay menos apoyo, más rechazo, más dudas. Desde ahora los venezolanos, todos, sin excepción, deben avanzar y cerrar filas para impedir, aunque las triquiñuelas electorales puedan montarse desde ahora, que se adopte el instrumento que acabará con la sociedad venezolana, con el país de El Libertador Simón Bolívar, con la tierra de la libertad y de la justicia que lo fue siempre hasta que el ensayo revolucionario irrumpió en la escena política nacional.

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