Opinión Nacional

A quién pueda interesar

Comienza un nuevo año, finaliza una década, completamos once años de un régimen que lucha denodadamente contra los deseos de la mayoría de los ciudadanos.

Pensamos que hacen falta algunas reflexiones especiales para quienes tiene la responsabilidad de conducir los procesos.

Estamos en tiempos cuando toman mayor significado palabras como paz, amor, solidaridad, tolerancia, concordia, armonía, entendimiento, reconciliación, avenencia, acuerdo, cariño, afecto, atracción, fraternidad, respeto. Rogamos que todos los hombres de buena voluntad pongan estos valores y depongan a sus antónimos.

Los ciudadanos que se encuentran en el bando diferente al del régimen tienen la obligación de cultivar, sin desviaciones, valores de unidad, unidad absoluta, unidad única, valgan y perdonen las redundancias; sin olvidar ninguno de los valores anotados anteriormente, sus dirigentes tienen que entender que el éxito solo tiene un elemento irrenunciable, imprescindible…unidad absoluta, unidad generosa, unidad alrededor del mejor, de quien tenga la mayor cantidad de atributos y que ellos sean percibidos y respetados por la mayoría.

No quisiéramos, en estos momentos, hacer disquisiciones sobre las pequeñeces del sistema de escogencia. Cualquiera es apropiado si se cumplen las premisas anteriores.

Vertiente importante en estas reflexiones es la de la necesidad de una dedicación total en el fin propuesto. Constancia, disciplina, empeño, tesón, perseverancia, son atributos imprescindibles. Todos ellos sin olvidar la máxima de Benito Juárez: “El respeto al derecho ajeno es la paz”.

Acción, ejecución, realización, trabajo en equipo, colaboración, aplazamiento del vedetismo y las muy necesarias supervisión y previsión, también son actitudes y disciplinas indefectibles al momento de emprender las acciones propias para obtener el objetivo aspirado.

A quienes tienen y han tenido la responsabilidad de dirección sobre la patria también les quisiéramos hacer unas pocas reflexiones.

La función dirigente de una nación se corresponde con los dictados del mundo público. No se puede hacer, desde las más altas responsabilidades de gobierno, nada que se separe de los intereses y conveniencias de la totalidad de los ciudadanos. No puede gobernarse para una fracción del país. No se puede anteponer lo conveniente a una fracción de la ciudadanía, especialmente si ello conlleva la agresión a otro sector de la misma.

La función pública tiene como objetivo primario y casi único, el estímulo, el desarrollo, el impulso hacia el progreso y sobre todo la paz y la felicidad de la gran mayoría, si imposible, la totalidad de la ciudadanía.

La solidaridad y las ayudas a pueblos hermanos tienen que estar condicionadas a que lo que se destine a esos fines ya le sea abundante a los nacionales y tiene que estar signada, la proclamada solidaridad, a que sus objetivos también llenen los requisitos de generalidad y nunca estén asociados a la intervención en asuntos que le son propios a los ciudadanos de otras naciones.

La guerra, las agresiones de todo tipo y el despilfarro de dinero en actividades amenazantes debe considerarse absolutamente indeseable.

La solidaridad más importante es la debida a los ciudadanos del país.


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