Opinión Nacional

Abajo la hegemonía comunicacional

Fue Andrés Izarra, en su momento Ministro de Comunicación e Información del gobierno del comandante-presidente y hoy aparentemente no miembro de su íntimo círculo de colaboradores y demás acólitos, el que acuñó hace algunos años el término que está en el titulo de esta columna. Forma parte de la red de instituciones que necesita un régimen totalitario para poder “funcionar”. El sociólogo estadounidense Erving Goffman elaboró en 1958 el concepto de “institución total”. Entre los cinco tipos de la misma hay al menos cuatro que caracterizan la actual situación de nuestra sociedad: “1. Organizaciones que se proponen hacerse cargo de personas consideradas … incapaces de valerse por si mismas; 2. Establecimientos que tienen por función a la vez ocuparse de personas incapaces de valerse por si mismas y peligrosas para la comunidad …; 3. Instituciones destinadas a proteger a la comunidad contra las amenazas consideradas intencionales …; 4. Mecanismos destinados a asegurar un alejamiento (de la comunidad) del mundo.”

Es evidente que la hegemonía comunicacional cumple tendencialmente con los cuatro tipos. El ejecutivo que gobierna, en particular su líder, considera que nuestra sociedad esta compuesta por personas consideradas incapaces de valerse por si mismas. Estas fueron los ciudadanos de la democracia – los súbditos en los que el totalitarismo ha convertido la mayoría de ellos necesitan guía y deben obediencia. La hegemonía comunicacional es el aditivo necesario de las cadenas “pedagógicas” del ex-teniente coronel.

El segundo tipo es el destinado a ocuparse de personas que, además de incapaces de valerse por si mismas, son peligrosas para la comunidad. Para ellas, la construcción de la hegemonía comunicacional ha implicado la creación de programas de TV como La Hojilla y Los papeles de Mandinga, además de páginas Web como Aporrea y numerosos impresos. Allí, las “personas peligrosas” son denunciadas, difamadas y humilladas. Si ello no es suficiente, el monologuista de las cadenas hace el resto.

El tercer tipo se explica por si mismo. El contenido de la TV, de las estaciones de radio comunitarias y de la prensa afectas al régimen y por ello en la hegemonía comunicacional, se ocupa de la denuncia permanente de las amenazas. Una vez más: si ello no es suficiente, Chávez hace el resto en sus cadenas.

El cuarto tipo se refiere al aislamiento del mundo, salvo aquella parte del mismo que vive bajo regimenes similares. La ignorancia acerca de lo que pasa en los países vecinos no sometidos a regimenes autocráticos o totalitarios y en los países con democracias liberales es una condicio sine que non para la creación del socialismo-comunismo bolivariano, pues el conocimiento de los modos de vida en libertad y bajo sistemas judiciales no dominados por el poder ejecutivo seria un obstáculo para la creación del “hombre nuevo”. Por ello seria importante cuantificar cual parte del 65 % de los mensajes mediáticos dominados por el régimen está destinada a mantener esa ignorancia.

La lucha contra la hegemonía comunicacional y a favor del derecho humano de libertad del pensamiento y de opinión es parte importante de la batalla a favor de la reconstrucción institucional de la Republica y de la Democracia. La Alternativa Democrática, tanto la agrupada alrededor de la MUD como la ejercida por la sociedad civil organizada, debería incluir esa lucha en sus respectivos proyectos y programas.

¡Que viva el derecho a opinar y disentir! ¡Abajo cadenas!

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