Opinión Nacional

Abran la puerta

Los comienzos
Hace diez años, y más, Hugo Chávez Frías era un hombre muy humano, sereno, bondadoso, observador, carismático, serio en ocasiones, jocoso en otras, engreído jamás, humilde más no modesto, razonaba con sentido común, dormía muy, pero muy poco, le gustaba manejar su propio vehículo, le molestaba llevar una pistola encima; en otras palabras, era un ser común y corriente que quería cambios para su país.

Estuve muy cerca de él y estaba entonces acorralado por grupos pseudos fascistas en donde el coronel Dávila era el brazo derecho, el subteniente Isea el hombre de súper confianza y el comandante Madriz el organizador. Es más, algunos de los nombrados, según los servicios secretos chilenos, se entrevistaron con prominentes soldados pinochetistas, entre ellos un Edecán del dictador chileno. ¿Qué buscaban? Vaya a saber Dios. También se entrevistaron con los caras pintadas, de quienes se dice, en Argentina, varios están por los lares venezolanos.

A veces me sentía lejano de su pensamiento, en especial, cuando asumía aires autoritarios y se enojaba. Había algo en sus cara, en esas ocasiones, que a uno le daba ganas de arrancar. Luego se suavizaba y volvía a la normalidad cotidiana.

De todas maneras, siempre me pareció que era un ser demócrata y que sólo buscaba una democracia más participativa. Al fin y al cabo, el pueblo venezolano estaba hasta la coronilla con los gobiernos de Acción Democrática y de los Social Cristianos de COPEI. Chávez decía algo así como «estamos en deuda con la democracia»…
El cambio
¿Qué lo cambió, qué pasó? ¿Actuó la maligna influencia del poder? – No todo el mundo se encuentra con el poder total en las manos de la noche a la mañana. Creo que en la historia del siglo XX sólo Mussolini, Hitler y Chávez, han logrado eso por la vía democrática. Pero algo le hizo cambiar. ¿Sus amigos de última hora? – ¿Sus contactos con Fidel, con el PCV, con el PPT?.

No puede ser normal que quienes lo apoyábamos hasta, digamos, noviembre o diciembre de 1997, periodistas, intelectuales y artistas, además de sus ex compañeros de armas y golpe de Estado, se le hayan alejado. ¿Qué sucedió? – ¿Qué pasó? – Esto fue antes de que él accediera al Poder. Posteriormente y más bien a partir de los 2002 muchos de su entorno, la mayoría izquierdistas o al menos social demócratas de izquierda, se le alejaron y se convirtieron, también, en sus oponentes y contestatarios políticos. Será por eso que alguien dijo por allí de que Chávez era tan especial que concitaba amor u odio o ambas cosas a la vez…
Las divisiones
Pienso, que la huída hacia delante de los ex compañeros de ruta de Chávez perjudicó totalmente su pensamiento y lo volvió, curiosamente, medio déspota. Se volvió en un hombre miedoso hasta de su sombra y que ve enemigos en todas partes.

La partida de muchos de sus adláteres significó un gran golpe al chavismo pues se crearon dos fenómenos dignos de destacar a) un chavismo sin Chávez; b) un chavismo sin dirigentes capaces. Desde el 2002, el Presidente ha tenido que reciclar su gabinete porque no cuenta con gente capaz y, obviamente, un mandatario, no puede gobernar solo. Él mismo ha dicho, «estoy rodeado de incapaces» – «No sé quienes son más peligrosos, si mis ministros incapaces o el imperio»
Pienso que un mandatario, es decir, una persona que ha recibido el mandato de un pueblo para gobernar a todo un pueblo y no solamente a una parte de él, no puede ni debe ser populista, ni excluyente ni procaz. Es más, un mandatario debe ser sabio, firme, honesto, seguro, y, sobre todo, debe actuar como un magistrado; es decir, con mucha sabiduría…
La magistratura
Un mandatario no puede ni debe dividir a su pueblo entre buenos y malos, entre patriotas y antipatriotas. El magistrado no puede perder el «justo medio» y él, en este caso Chávez, como profesor de Ética militar (aunque yo, personalmente dudo que en la milicia haya ética), debe saber que no se puede perder de vista el «justo medio» al dividir al país entre buenos y malos; esto no solamente resulta extraño, sino hasta peligrosos pues, de acuerdo a la óptica del Mandatario y de sus seguidores, los malos serían más que los buenos; o, poniéndolo de otro modo, los antipatriotas (quienes luchan por la democracia) son más que los patriotas (quienes buscan el pensamiento único y tratan de imponerlo),
Ahora bien (o ahora mal…), después de nueve años de gobierno, no hay mucho que mostrar. Se han perdido varias batallas (para usar la jerga militar del gobierno): la batalla contra la malaria, se perdió; la batalla contra el dengue, se perdió; la batalla habitacional, un desastre, la batalla educacional, otro desastre, la batalla de la salud, de mal en peor; la batalla de la producción petrolera, se perdió, la batalla contra el hampa, también se perdió; la batalla del socialismo, totalmente perdida y, así podríamos ir enumerando de batalla en batalla y nos daríamos cuenta de que las únicas batallas ganadas por este gobierno en nueve años son: las batalla del armamentismo, la batalla de la exclusión, la de la retórica, la de las amenazas, se ganó la del control total de los poderes del Estado, simplificando este a «el Estado soy yo», etcétera…
Propuestas para el cambio
Cuando uno supera cierta edad y llega digamos a lo que se llama «la tercera edad», pasan dos cosas: a) nos ponemos más cínicos; b) no ponemos más sabios; nos ponemos más condescendientes; d) nos ponemos más luchadores. Esto nos lleva a pensar de que «aún hay patria ciudadanos», como dijera Bernardo O’Higgins. Y nos ponemos a pensar (para que otros piensen) ¿qué pasaría en el país si mañana Hugo Chávez es alumbrado e inspirado por Bolívar y Rodríguez y se levanta haciendo un llamado a la conciliación y a la concertación nacional sin apellidos? – ¿Qué sucedería si nombra a la mitad de su gabinete entre connotados civiles de la oposición nueva y moderna del país, de la oposición que cree en la democracia y, nombra a su tren ejecutivo de entre los grandes valores estudiantiles incluyendo a los dirigentes estudiantiles secuestrados o asilados?.

¿No será posible considerar esto pensando en que esa hora ha llegado para salvar al país de los tambores de guerra? – Aún al presidente Chávez le quedan cuatro años de mandato constitucional y en cuatro años pasan muchas, muchas cosas. Piensen ustedes que en Estados Unidos el mandato dura cuatro años, en Chile lo mismo, también en Argentina y Brasil. Y, la historia reciente ha demostrado que sí se pueden hacer cosas en cuatro años ¿verdad?.

Cuatro años de gobierno es bastante para salvar a un país de la hecatombe, pensando que nadie quiere el fracaso de un gobierno pues eso es jugar la fracaso propio.

Venezuela debe buscar urgentemente una salida. ¿Querrá el gobierno abrir la puerta?.

No puede, ni debe, un gobernante que en un tiempo se autocalificaba de demócrata, decir que si pierde nuevamente un proceso electoral «habría que buscar los fusiles, otra vez», eso no es solamente intervencionismo electoral sino que amedrentamiento a los votantes quienes pueden temer por sus vidas y la de los suyos si votan en contra del gobernante.

NO puede, ni debe amenazar a otra nación cuando no cuenta ni con la razón, ni con la fuerza que da la razón de la unidad nacional No se puede amenazar con guerra o acusar de traidores a los analistas económicos o políticos que alertan sobre las consecuencias de un embargo internacional a los bienes del país
El gobierno tuvo nueve largos años, amén de los de la pre campaña electoral y los de la campaña electoral para haber preparado a sus cuadros económicos, políticos y profesionales del derecho internacional en la solución al problema de los arbitrajes internacionales que tanto habíamos criticado en el pasado Los contratos bajo las condiciones de arbitrajes internacionales si son leoninos pero ¿qué hicieron los ministros de minería y de energía, y petróleo posteriormente, y la Asamblea Nacional y el Ejecutivo, y las Cortes del país, para tratar de enmendar el error? Todos miraron para el otro lado como diciendo no es con nosotros y sí era con ellos Eso se llama Omisión y la omisión es un delito contra la economía de la nación, en este caso.

Juegos de guerra
Es peligroso jugar a la guerra, en especial cuando el pueblo pasa hambre, está sin trabajo y sufre humillaciones por parte de la burocracialumpenburguesa Hay que recordar lo que le pasó a Galtieri y a los «milicos» argentinos cuando iniciaron La Guerra de las Malvinas y, lo que pasó, posteriormente con los militares argentinos que ni siquiera podían salir a la calle en uniforme.

No se debe, no se puede, amenazar impunemente a un medio de comunicación o a varios porque da alertas sobre la grave situación del país.

Con los jueguitos de guerra se piensa desde ya imponer una censura Se quiere imponer un pensamiento único para que el pueblo no sepa lo que en realidad ocurre. «Si estás en mi contra, eres traidor a la patria», pareciera ser la consigna de estos días. Se ensalza la patria, se escupe hacia el cielo con la palabra esa cayéndose en el más total chauvinismo en especial cuando el mundo civilizado vive plenamente de un sistema compartido de globalización.

Se empuja a minorías ignaras y fanáticas a amenazar a medios de comunicación con un discurso repetitivo, procaz, enfermo que no sugiere por ningún lado la libertad de expresión. Estos ignaros prepotentes quieren establecer las pautas de comunicación a los medios y quieren saber más periodismo que los comunicadores sociales, más medicina que los médicos y más derecho que los abogados.

Hay que salir del laberinto
El dos de diciembre del 2007 el país, en un 68% de los votantes según cifras que se manejan en la calle porque el CNE aún no entrega los resultados auditados, rechazó la arbitrariedad y la monarquía republicana. Rechazó el pseudos socialismo y el fascismo; rechazó a los capitalistas de Estado y a los burócratas de baja ralea. Rechazó al Estado omiso, cómplice de corrupción, de corruptelas y de atraso económico.

Usted habla con cualquiera de los líderes y pensadores del gobierno y no encontrará ni uno, ni uno siquiera, que sea capaz de definir el socialismo que ellos quieren imponer. No encontrarán ni uno que haya estudiado las obras completas de Marx, Engels, Plejanov o Lenin. Es más, existe un partido único de gobierno que se llama Partido Socialita Unificado de Venezuela que no cuenta ni con declaración de principios, ni estatutos y menos con un programa de gobierno. Entonces, el pueblo se pregunta ¿con qué se come el socialismo?.

La salida obviamente pasa por la concertación política amplia y clara (Perestroika y Glasnot), abierta, de cara a las masas. Hay que resolver este problema antes que se venga la tormenta. Kart Marx decía sobre este tipo de gobiernos o «socialistas»: (…) mientras el proletariado, los soldados y el campesino no entiendan el concepto y el valor de la propiedad y de la vida, no podrá haber socialismo. Cuando se expropia por expropiar y se persigue a quienes producen se cae, irremediablemente en el comunismo primitivo».

Por todo lo anterior, y por mucho más, es importante que Hugo Chávez reflexiones y recuerde que aún tiene cuatro años para enmendar el rumbo; tiene cuatro años por delante para pagar la deuda con su país…

Colegio de Profesionales
de la Prensa, Radio y TV
de Chile A.G. Nº 1454

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