Opinión Nacional

Abrazo fraternal de Navidad

El año próximo a terminar ha sido el peor de cuantos ha soportado la reciedumbre del pueblo venezolano. Ha sumado a la tragedia colectiva de la nación nuevas y más graves circunstancias políticas, económicas y financieras, sociales, militares, legales y con relación al continente y al mundo. No hay ninguna razón que justifique celebrar lo que hemos vivido este año. Añadido a los anteriores diez del ejercicio presidencial de Hugo Chávez, contemplamos como la tragedia se prolonga sin que los esfuerzos que se hacen desde distintos frentes sean suficientes para ponerle punto final o, al menos, detenerla en el dramático punto en que se encuentra.

Algunos pensarán que esta nota está cargada de pesimismo. No es así. En las circunstancias actuales un pesimista es un optimista realista. En mi caso el análisis de la realidad nacional más bien proporciona ánimo y energía para seguir adelante con redoblados bríos, con fe en el destino superior de Venezuela que impide la parálisis o la resignación que se ha apoderado de algunos espíritus débiles o complacientes. El objetivo continúa siendo que este régimen dure lo menos posible y, consciente de su verdadera naturaleza, entendemos que jamás saldremos de él “por las buenas”, como ocurriría en una verdadera democracia plural y alternativa. ¿Cuánto es el menor tiempo posible? No lo sabemos. El necesario para alcanzar el objetivo sin descansar ni un minuto en el empeño. Sin descartar los procesos electorales en agenda, cada día está más claro que esa verdadera naturaleza del problema no es electoral sino existencial, de principios y valores que desaparecen en una República destruida y saqueada por los bárbaros más caros de la historia. La unidad que necesitamos tiene que ser alrededor del propósito señalado, utilizando en la lucha todos los recursos que la Constitución señala y el derecho natural autoriza. Si esto no está claro continuarán diluyéndose esfuerzos que solo responden a intereses personales o de grupo, siempre circunstanciales y extemporáneos ante situaciones como las que tenemos que enfrentar. Lo seguiremos intentando seguros de que la victoria definitiva llegará más temprano que tarde.

Esta semana es Navidad. El abrazo fraterno para todos los venezolanos y extranjeros que viven con nosotros. Para la institucionalidad democrática de Colombia, para su pueblo y su gobierno. Para los demócratas del continente y del mundo. En particular, un mensaje de profundo respeto para Honduras por sus enseñanzas y su ejemplo. Pero, por encima de todo, nuestro sincero abrazo navideño para los presos políticos, y para cuantos sufren acoso y persecución por parte de este gobierno forajido. Un canto de esperanza para los exilados. Para los familiares de todos, la certeza de que la justicia brillará pronto. Sus verdugos serán procesados. La promesa es formal. No habrá borrón y cuenta nueva. Quien la debe que la tema, quien no la debe, pues nada que temer.

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