Opinión Nacional

Absolutamente personal

Empeñados en justificarlo, los seguidores más obsecuentes no logran negar en momento alguno que el poder es un asunto absolutamente personal para Chávez Frías. Algunos temerariamente, lo dicen encabezar una experiencia marxista, pero – tememos – que es lo es de acuerdo a su particular, interesada e improvisada versión, pues, de atenernos a los presupuestos teóricos, un elemental análisis de clase revela que no son precisamente los trabajadores (y los trabajadores organizados), la columna ni siquiera de un discurso francamente militarista.

Las recientes incursiones presidenciales en territorios extranjeros, evidencia que el periplo cumplido por el jefe de Estado no sólo pudo hacerlo un subalterno, avisándonos de su más completa intrascendencia, sino que la cita con sus pares, otros jefes de Estado y de Gobierno, apenas se ofrece como un motivo excepcional para el exhibicionismo, el tremendismo, el narcisismo sofocante que dicen prometerle una notoriedad mundial que – sencillamente – no tiene, porque tampoco se decreta como ocurre con las promesas brindadas por las superhabilitantes. Peor todavía, de tratarse de los gestos y dichos más básicos en boga, el desplante ramplón, constante e hiriente que ha lanzado a los mandatarios estadounidenses, deviene guiño incontenible de ojo y obsequio de un anacrónico ensayo de Eduardo Galeano.

Mientras el Comandante-Presidente, denominación obligada en la órbita oficialista, pide paz y justicia, acá hace precisamente lo contrario: demanda el desbloqueo de la Cuba dictatorial, pero agota todos sus esfuerzos por bloquear a los gobernadores y alcaldes venezolanos nada más y nada menos que elegidos por la voluntad popular; celebrando las fechas patrias cuando le viene en gana, exalta las excelencias de los armamentos adquiridos, enfundado en un traje de campaña; o, con el sabotaje de la producción nacional, importando prácticamente todo lo que consumimos, clama a los cielos televisivos por una soberanía alimentaria que ha violentado, tanto como la noción o el sentido de soberanía e independencia cuando entrega importantes y vitales funciones a las no menos improvisadas empresas cubanas que – de la noche a la mañana – conocen y se especializan en el área de la identificación civil, el mercadeo petrolero u otras ramas.

La política exterior venezolana ha sido un rotundo, contundente e inocultable fracaso, llegando a comprometernos en conflictos que representan amenazas o peligros inconmensurables, como ha ocurrido con la vecina Colombia. Nos saca de la Comunidad Andina, aunque deja a sus parlamentarios del área, aunque moralmente debieron renunciar, tardando demasiado la definitiva adscripción a MERCOSUR.

Chávez-Frías/Comandante-Presidente, encarna la política exterior venezolana, es una materia que le compete radical y personalmente, sin que nadie – absolutamente nadie – pueda sugerirle la más mínima enmienda. Lejos queda, con todos sus errores o desaciertos, la que después de 1958 fue concebida y sujeta a la legítima polémica democrática, porque – hoy – depende de la caprichosa versión que el mandatario tiene de sí y del mundo, incluyendo la pasión de recorrerlo (y de psicológicamente recorrerse), a través del Airbus Imperecedero.

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