Opinión Nacional

Actualidad al 07.11.2007 – Contumacia exagerada

Hay actitudes, como la testarudez, también llamada terquedad u obstinación, que en ocasiones paga dividendos jugosos, a otros. Un buen ejemplo es el de aquel señor que durante muchos años cambió la mitad de su sueldo mensual en dólares americanos, no importaba cuán hambrientos y necesitados estuvieran su esposa e hijos, siempre había dólares nuevos que guardar. Nunca gastó un dólar, ni en la más apretada de las circunstancias y al final, cuando lo mataron al intentar robarlo, supieron los familiares que eran multimillonarios en bolívares por dólar y en libertad de gastarlos y vivir, por fin, cómodamente. Obstinación que trajo como consecuencia la riqueza y la paz de otros, a pesar de la tristeza y la pena por el ser querido, del cual sólo después se supo que, terco hasta el fin, les había dado una vida miserable, pero había cumplido, también hasta el final, su testarudísimo plan de ahorro en dólares.

Esa terquedad es usualmente el inicio y refuerzo posterior del autoengaño. Y cuando de testarudez hablamos en materia política o gubernamental, estamos entendiendo que el gobernante testarudo y obstinado evalúa situaciones de acuerdo con ideas fijas y preconcebidas sin tomar en cuenta las opiniones, actos o manifestaciones contrarias a sus expectativas y deseos. En otras palabras, y siguiendo a la historiadora B. W. Tuchman (“La marcha de la locura. La sinrazón desde Troya hasta Vietnam”), la tozudez gubernamental “consiste en actuar de acuerdo con el deseo, sin permitir que nos desvíen los hechos.”
La testarudez puede estar encarnada en un individuo o en un gobierno, a veces se funden ambas posiciones. Más grave es un gobierno testarudo. Es innecesario demostrar que un gobierno no debe ser testarudo. La historia está llena de testarudeces que finalmente fueron la fuente de grandes y penosas desgracias, como fue la derrota de la Armada invencible, enviada por el terco Felipe II a derrotar y posteriormente invadir Inglaterra y restaurar la fe católica apostólica y romana.

La tozudez individual siempre termina mal, pues los ciudadanos toleran mal la terquedad de los gobernantes por incómoda, poco grata, generadora de inseguridad y sobretodo, por que restringe las oportunidades y limita la libertad del individuo, al estar todos sujetos al deseo del gobernante y mantener éste una distancia despreciativa de los actos colectivos e individuales de los ciudadanos.

Es evidente, para quien quiera verlo, por supuesto, que en este país la gente no está convencida de que la reforma a la Constitución presentada por el gobierno es lo que todos queremos. Es más, la mayoría de las personas ni siquiera han podido leer los últimos 36 artículos modificados y no saben de que se trata. Muchos creen que los 33 artículos modificados por el Presidente, lo que plantean es una solidificación de los derechos humanos y una manera electoral diferente de escoger las autoridades gubernamentales. Cuando les hablas de la desaparición de las autoridades municipales y de los municipios, te dicen que eso no es así, que además habrán otras entidades político-geográficas. Y cuando les haces ver que el Presidente podrá gobernar por decreto y a discreción sin tomar en cuenta los derechos del individuo y de la colectividad, te dicen, de la manera más ingenua, que Chávez no haría eso, aunque esté en la Constitución…
También es evidente que cada día se alzan más voces en contra de la reforma. Algunas “in crescendo” como las diáfanas consignas de los estudiantes de todo el país. Otras, de alto volumen y estridente tonalidad, como la del General Baduel, que en el momento preciso y con estudiada contundencia pintó con palabras los “baobabs”, recordándonos que la lucha por impedir su proliferación es tarea primordial de los jóvenes y que el retraso en hacerlo, es siempre una catástrofe. “¡Niños, atención a los baobabs!», dijo el piloto militar y escritor Antoine de Saint-Exupéry, cuando trataba de hacerle comprender a sus lectores que: “Si un baobab no se arranca a tiempo, no hay manera de desembarazarse de él más tarde; cubre todo el planeta y lo perfora con sus raíces. Y si el planeta es demasiado pequeño y los baobabs son numerosos, lo hacen estallar.”
Siento que el General Baduel se la jugó de acuerdo a sus valores. Le cayó frutero, como decimos aquí, pero dijo lo que quienes disentimos de la proposición de reforma constitucional, debemos decir.

Otro que se la jugó es el abogado penalista valenciano Hernando Grisanti Aveledo, amigo en todas las circunstancias del comandante Chávez, y quien, hoy en el diario El Universal, se declara desligado definitivamente del chavismo al hacerse solidario de la frase de Ortega y Gasset: “No era esto”. Ya saben ustedes por qué.

Ahora los que nos toca hacer es seguirlo diciendo, en todos los ámbitos, hasta en las urnas, si es que llegamos hasta allí, por que pudiera ser que el gobierno depusiera su obstinada terquedad y echaran para atrás la reforma con la finalidad de hacerla más popular y conocida, menos restrictiva y más democrática.

Soñar no cuesta nada y si no que se lo pregunten a estos tres paladines de la amistad, el romanticismo, la lealtad personal y el respeto por los valores y principios compartidos por los hombres decentes, cristianos y socialmente solidarios, Saint-Exupéry, Baduel y Grisanti Aveledo.

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