Opinión Nacional

Adiós viejo Tello

La semana pasada se nos fue el Dr. Héctor Tello Vega, el “viejo Tello”, uno de los pioneros del desarrollo de Guayana y, sin duda, patriarca de la operación y el mantenimiento de todos los sistemas del Caroní. Tello llegó a Venezuela, de su Chile natal, a comienzos de los años 50 y, después de varias aventuras, se incorporó a trabajar en el sistema eléctrico del estado Falcón, donde estaba en 1958 cuando nació Cadafe. Pero en el año 1962 fue llamado a un trabajo en Guayana y desde el primer viaje se enamoró de la región. Tello llegó a la zona volando su avioneta monomotor de los años 40 que lo acompañó toda la vida y al final lo sobrevivió, anciana ya con casi 70 años. Rodolfo Tellería y Luís Augusto Colmenares lo invitaron a trabajar en la operación de la recién inaugurada central de Macagua y Tello se quedó. Pronto llegaría a dirigir la operación de la central Macagua I y de las nuevas centrales y líneas de transmisión que formarían el complejo del Caroní, imprimiendo una forma de hacer y una cultura que crearían escuela en Edelca y que se mantuvieron después de su retiro y se mantendrán después de su muerte.

Como buen hombre de operaciones Tello era conservador y perfeccionista. Siempre le gustaba pisar sobre seguro y se oponía a los cambios radicales y bruscos. Operar un sistema eléctrico que ha llegado a satisfacer el 70% de la demanda nacional implica una gran responsabilidad. Mantener la continuidad del servicio es la primera prioridad e implica, para el personal de operaciones, un juramento hipocrático equivalente al de los médicos respecto a la vida del paciente. Tello formó esa escuela y se constituyó en maestro de numerosos profesionales que siguen aplicando sus principios. Bajo su tutela se formaron equipos idóneos a nivel del primer mundo, que la nueva Edelca tiene la responsabilidad de conservar y mejorar por encima de cualquier consideración ideológica.

Recuerdo que me tocó trabajar con él en un estudio sobre la tecnología en Edelca. Decía que los cambios tecnológicos debían asimilarse. No se gana nada si se implantan nuevos sistemas que nos hacen dependientes de asesoría externa. “Si no tenemos capacidad para asimilar las enseñanzas de un consultor en una hora haciéndole preguntas, entonces el consultor no nos sirve”. Toda una lección de desarrollo endógeno, sin dudas.

Así era Tello, siempre paso a paso, lo que no dejó de causarle problemas y que lo consideraran conservador y anticuado, pero su escuela es un fardo pesado y ha permitido que en Edelca las cosas se hagan después de concienzudos estudios y siempre priorizando la seguridad del sistema eléctrico.

Como anécdota de su cultura respecto al cuidado de los equipos cabe contar que a fines de los 90, ya retirado, después de 33 años de servicio, voló a Texas “cachicameando”, como dicen las personas del medio aeronáutico, a una exhibición de aeronaves y el avioncito de Tello, con casi 60 años de vida por aquel entonces, ganó el premio a la aeronave mejor mantenida en su categoría. La cultura de mantenimiento no se pierde con el retiro.

Tello pasó los últimos de sus 80 años vida piloteando entre Puerto la Cruz y Ciudad Guayana a pesar del deterioro progresivo de su salud. Nunca se desvinculó del acontecer de Edelca que era su pasión. Como ya es costumbre en estos tiempos de odio y exclusión Edelca no se dignó en publicar ni siquiera una pequeña esquela recordándolo, para vergüenza de tantos que lo quieren y respetan dentro de la empresa. Buena muestra de lo que es una empresa “socialista”.

Descansa en paz viejo Tello, que el recuerdo de tu sabiduría y bonhomía te sobrevive y nos sobrevivirá a todos.

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