Opinión Nacional

Aislado y sin remedio

Los días pasan y pasan y la situación no mejora. Todo lo contrario: empeora. ¿Y para quién empeora? Pues ni más ni menos para los cientos de miles de venezolanos que ven seriamente amenazados sus empleos ¿Quién no ha sentido que, en cualquier momento su empresa amenazada se verá en la perentoria urgencia de despedirle?- o que, ya sin él, se levantan mañana tras mañana para iniciar una infructuosa búsqueda que están seguros culminará con sus huesos molidos y cuando más con un «yo te aviso si se presenta algo».

Recorrer los territorios comerciales de Caracas -ustedes saben, Sabana Grande, Chacao, el boulevard España y sus alrededores en Catia- es un trasiego por la desolación. Desde grandes números 20%, 30% y hasta 50 o más por ciento de «rebajas», que en vano intentan atraer a un público deprimido y asustado, hasta el grito final: «Liquidación total», narran lo devastadora que ha sido la V República. Tanto que no sería injusto llamarla «La Terminator».

Si ello es así en Caracas, ya puede uno imaginarse en el interior de la República. Desde sus grandes ciudades hasta los pequeños poblados se desangran. Alguien que recién retornó a Caracas por tierra desde San Cristóbal me cuenta de lo abundoso y tenebroso que es la aglomeración en las plazas, a plena hora de trabajo en las distintas ciudades de esa ruta. Mano sobre mano, leyendo el periódico que pasa de uno a otro, comentando los asuntos que les asustan.

Algunos de esos ámbitos ya son un polvorín. Como la Costa Oriental del Lago en el Zulia, o como las zonas de Puerto Ordaz y Maturín. Y lo que asombra todavía más es saber que eso está sucediendo, justo cuando el barril de petróleo está en un alza histórica, como no se veía desde mediados de la década de los 70, casualmente en tiempos del primer CAP, ¿Sienten alguna diferencia?

Si eso es así, piensa la gente, ¿Cómo será si el petróleo llegara a bajar de precio, como estila hacerlo con matemática seguridad ¿Qué pasaría si la situación de CAVENDES se extendiera a todo el sistema financiero, como epidemia en población desnutrida? ¿Cómo será posible lograr el milagro de que aparezca algún dinero por calles y veredas y que la inflación se contenga? ¿Es que el «genio» de Chávez y sus monaguillos logrará esa proeza, como ellos lo creen?

Pero lo más grave está en otra parte

Quince meses lleva ya este Vía Crucis y lo único que hace es prolongarse y complicarse. Hoy, de seguro, estamos mucho peor que cuando este lamentable experimento comenzó. Hoy, para decirlo en dos platos, los únicos que tienen seguro su plato’e comida son los actores de «La Reconstituyente». Los demás, los demás sólo tenemos negras perspectivas y una rabia contenida que ya no es contra adecos y copeyanos. A lo más contra Caldera, por habernos dejado este «regalito».

Y en medio de esto, el Presidente nos concedió su última «cadena» donde nos hizo saber que él ni se ha dado cuenta de dónde vive. Como bien lo dijese antier domingo por las páginas de El Nacional, Alberto Barrera, en su «Chavezlandia» sólo hay «un mar de felicidad». Estamos bien y vamos de mejor en mejor, justo cuando la gente no es que siente, sino que experimenta, que «esto va de mal en peor». El Presidente, en conclusión, no puede poner remedio alguno precisamente porque ~¡él no ve que haya ninguna enfermedad, ningún malestar al cual ponerle remedio!

Acusado por el perverso doctor Giordani -parecido más a uno de esos científicos siniestros de comiquitas japonesas, que a un «planificador del desarrollo»- Chávez parece creer que estamos de pinga. Que lo que pasa es que «no nos hemos dado cuenta» o unos oscuros y malignos gnomos nos quieren hacer creer en presagios oscuros. ¡Ave María!

Para esta enfermedad no hay médico. Y no lo hay porque sin auscultar al paciente ya se tiene un diagnóstico: ¡está de maravilla! Y si algún tratamiento necesita es aplicarle ventosas para acentuar su desangramiento. Nada de inyecciones, ni vitaminas, ni reconstituyentes ni, como se estila ahora, «adaptógeno» alguno. Y si por casualidad se queja, es porque es una «cúpula podrida» y no lo sabía, por ello hay que declararlo en cuarentena.

El que crea, entonces, que de ganar Chávez, después del 28 de mayo habrá un giro de 180o., que se baje de esa nube. ¿Han visto a algún chofer o piloto que cambie de rumbo cuando está convencido de que va bien y por la vía correcta? ¿Lo han visto? Si lo han hecho avísenme, porque es algo digno de ser estudiado en las universidades y en las academias. Palabra que sí.

¿Y a qué se deberá lo que está pasando?

Si están los reales -aunque el mismo gobierno nos informó la semana pasada que más de dos mil millones se han distribuido en «ayudas personales» (y la Contraloría ni se ha enterado)- y hay un gobierno en funciones, ¿Qué pasa entonces que no se ve gobierno por parte alguna? No se ven obras, no se ven casas nuevas, no se ven escuelas, ni se ve, por supuesto, gente alguna trabajando en eso, ¿Qué ha pasado con las ofertas que Chávez hace, como de cosas que ya están iniciándose?

La cosa debe ser muy grave porque ya los menos autistas de la V República -una exigua minoría, hay que reconocerlo- están comenzando a hablar de los sobrevivientes «modos administrativos» de la IV República. Pero como siempre entre los venezolanos, los culpables… son los demás y están en otro lado. Y nadie se hace la pregunta crucial, que no es otra que ésta: Si ya hemos copado todos los cargos con nuestra gente, ¿Por qué están paralizados? ¿Por qué permanecen inmóviles?

Esa pregunta no se la hacen porque sería muy difícil aceptar la respuesta: porque el timón está roto. O lo que es peor: se aisló. Y esa Venezuela, como todos sabemos, esa expresión se aisló tiene, por lo menos, dos sentidos. El primero se refiere a cuando alguien se aisla, corta toda comunicación de sentido con el mundo que le rodea. Y a veces eso llega a tal punto que puede obligar a pensar en un tratamiento de la persona que ha caído en esa condición.

El otro sentido del término es más de carácter ferretero, como cuando un tornillo, un mecanismo no responde. Hay una muesca partida, hay algo que perdió el contacto con una superficie que lo hace encajar. Decir entonces que el «timón se aisló» es un modo de decir que, de alguna forma no se conecta adecuadamente con el resto de la estructura.

En la V República, en el autócrata que la controla -y la desvela- se dan los dos sentidos del «se aisló». Es tan «águila» el tercio, que perdió contacto con la tierra hace rato. Las «moscas» que por aquí moran, entregadas a los desperdicios y víctimas de los calorones, ni saben por dónde anda el águila ni en qué, ni tampoco parece importarles mucho. Pa qué, después de todo, dirán.

Pero además, su presencia es paralizante. Según cuentos que corren por doquier, no deja que nada se haga sin su inmediata decisión. Desde cómo agrupar las camas en un hospital, hasta un permiso a un oficial en Miraflores. Pero además, como pudo gustarlo la pobre cúpula del PPT: hoy te llama por teléfono, según creyeron para «pedirles cacao», y mañana va y le alza la mano al otro candidato en Barcelona. En conclusión: el hombre genera mensajes contradictorios a cada rato y en cualquier ocasión. Mantiene «aislados» todos los mecanismos y procesos del poder público y en una expectante perplejidad al resto del país. ¿Le dará éste su justo merecido el domingo 28? ¿Habrá llegado ya la hora de la factura?

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