Opinión Nacional

Al Almirante Diego A. Molero Bellavia

¿Por qué el Patrullero venezolano Warao PC-22 sigue atracado junto a su gemelo el Kariña PC-24, en el muelle Nº 2 del puerto de Fortaleza en Brasil y custodiado por efectivos de la Policía Naval Brasilera que prohíben el acceso de periodistas y fotógrafos?.

 

Ciudadano Comandante General de la Armada Bolivariana, es derecho de los venezolanos saber qué pasó con el Warao PC-22, que se proponía participar en los ejercicios navales combinados Venbras 2012, pues forma parte de sus deberes como funcionario público informar a través de un comunicado al país, lo que sucedió con este «buque patrullero de vigilancia oceánica» de 2.420 toneladas, construido en España y entregado a la ArmadaBolivariana apenas en agosto de 2011.

 

Ciudadano Almirante, una marina de guerra puede tener un siniestro, un percance, incluso un accidente, pero es deber de su comandante general informar las causas y las responsabilidades del mismo, así como las medidas a tomar para que esto no vuelva a ocurrir, pues el resultado de esconder, tapar y ocultar mueve a la suspicacia e indigna a todos los miembros de un componente primero y al país después.

¿Por qué se esconde que el Warao PC-22 sufrió daños severos y no se hundió de milagro en las costas de Brasil? Gracias a Dios lograron remolcarlo a puerto, sin embargo ha trascendido que está escorado a estribor y tiene perforaciones en el casco, habiendo perdido las dos hélices después de haber impactado sobre una barrera de coral a 14 nudos.

A estas alturas, después de casi tres semanas del siniestro, es obligante un pronunciamiento oficial.

El buque está destrozado y no se hundió porque lo sostuvo un banco de arena. Se ha podido conocer que el eje del buque se desplazó 5 metros, inundándose la sala de máquinas y se teme a estas alturas «perdida total» de esta fragata, adquirida por una cuantiosa suma de recursos de todos los venezolanos.

En Brasil a estas alturas se conocen las causas del accidente. En Venezuela, lamentablemente, no es posible, pues no existe autoridad del comandante general de la Armada ni del comandante general de la Fuerza Armada Nacional para explicarle a los venezolanos qué sucedió. Gracias a Dios no hubo pérdidas humanas. Pero sí un enorme daño patrimonial que probablemente sea irrecuperable.

Por qué han sido aprobados los recursos para la adquisición de misiles antibuque, el armamento antisubmarino y el helicóptero que esta fragata, formalmente llamada «buque patrullero de vigilancia oceánica», nunca utilizara.

Como en los accidentes de las aeronaves militares venezolanas, ahora con los buques de la Armada Bolivariana no hay quién dé la cara en nombre de la Fuerza Armada Nacional.

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