Opinión Nacional

Al borde de la fractura

Es que, tanto el gobierno como su entorno próximo civil y militar tienen tanto que perder, que se aferranpatológicamente al poder.

Cacerolazos versus fuegos artificiales. Una forma ruidosa de protestar, sin duda, pero hasta cierto punto tranquila. Sin embargo, no nos engañemos. Después del anuncio de los resultados de la elección presidencial del domingo 14 de abril y el surgimiento tanto de las protestas de la oposición a través del propio candidato Henrique Capriles y de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), como de las contraprotestas del gobierno venezolano y sus seguidores, la intensidad de las mismas en todo el país, las insólitas, graves, desproporcionadas y antidemocráticas amenazas de Nicolás Maduro y del tren ejecutivo gubernamental, han conducido a una inestable situación política y social de Venezuela que tiende al escalamiento.

No es nuestra intención enumerar los desatinos pronunciados por Maduro y sus seguidores.Ya son conocidos, por abundantes y truculentos, en la prensa local, nacional y foránea.

Lo cierto es, que la nación se encuentra ante un estado frágil de gobernabilidad, desgarrada y al borde de una fractura social, agravada por la intransigencia, arrogancia y las insolentes palabras proferidas por Maduro, que lesionan todo pensamiento democrático y espíritu de convivencia.Es también obvio, que la solución del estancamiento económico de la nación, el factor oculto que derrumba gobiernos, parece no estar entre las prioridades del régimen.

La disputa entre gobierno y oposición comenzó a escalar, después de que Maduro fue declarado ganador de la elección presidencial con un escaso margen de apenas 200.000 votos.Ante cifras diferentes y el balance de numerosos incidentes e irregularidades en su contra durante el acto electoral, la oposición comenzó a hablar de fraude electoral. Haciendo uso de un derecho constitucional,el candidato Caprilespidió un recuento de todos los votos, a lo cual Maduro accedió públicamente, pero, cosa extraña, negó al día siguiente.

La apresurada proclamación de Maduro y la negativa extemporánea de la presidenta del organismo electoral al recuento total de los votos profundizan la crisis, lo que demuestra una carencia de visión política.

Evidentemente, poco menos de un millón de votos “chavistas” saltaron hacia la oposición, ante la debilidad manifiesta, en muchosaspectos, del heredero impuesto, que nunca fue atractivo para los chavistas. En apenas tres meses Maduro desbarató lo que heredó de Chávez, por incompetencia, ignorancia, pensamiento primitivo y carencia de autoridad y liderazgo. Ante esta realidad, Maduro intentaría, si es reconocido como presidente electo, imponer un ejercicio sobreactuado de poder, fuerza e intolerancia, carente del diálogo indispensable para gobernar,lo que solamente contribuiría a profundizar la fractura del país y su precariedad institucional. La nación se convertiría en objeto y sujeto de la aventurapolítica que, solapada, espera este tipo de situaciones para actuar.

Pero ese sobreactuado poder no sería trasladable hacia la Fuerza Armada, donde Maduro es muy débil y se encuentra solo frente a los cientos de poderosos jefes militares del chavismo duro, empeñados en que se les garantice sus numerosas prebendas.

La información, según la cual la Fiscalía General de la República estaría preparando, a instancias del presidente de la Asamblea Nacionalen una actuación que nos hace recordar las órdenes televisadas de Chávez, una acusación por instigación a delinquir y agavillamiento y posible detención contra Henrique Caprilesy otros altos dirigentes de la MUD,sería un peligroso detonante y acelerador de la fractura del país, que nadie en la oposición toleraría y que hasta algunosmiembros pensantes e informados del gobierno considerarían imprudente. Pero es evidente que se trata de una revanchista persecución política.

Y ahora, echando más leña al fuego, las palabras de la presidenta del Tribunal Supremo de Justicia, quientomando partido descaradamente en forma personal,sin habérsele solicitado, en lugar de aclarar más bien confunde, pues intenta convencer al paísde una supuesta ilegalidad constitucional, por inexistencia, de la solicitud opositora de recuento total de los votos. Evidentemente, la presidenta del organismo pretende repetir el desatino legal inconstitucional que ella misma propició con la decisión del diferimiento de la juramentación de Chávez en enero de 2013, la incorporación de Maduro como presidente-encargado y su participación en la campaña electoral sin haberse separado de lacondición de interino.

Dudoso es el papel de la milicia paramilitar, creada por el fallecido Chávez para ser conducida bajo sus órdenes directas y emplearla como fuerza guerrillera en caso de una hipotética“invasión” de los Estados Unidos, para justificar su existencia. Pero en realidad, la milicia fue la tropa de pendencieros del presidente, amenazandoy agrediendo a periodistas y opositores. Y la versión sin uniforme, los llamados colectivos,continúa prevaleciendo en los barrios pobres, donde se instruye a niños y adolescentes en actividades paramilitares, lo que conforma una gigantesca inmoralidad y un crimen contra la niñez.Su presencia fue evidente en muchos sitios durante el proceso de la votación, como grupos motorizados que, a centenares, aterrorizaban a la población civil desvalida. Estos grupos violentos, seguramente envalentonados por los resultados electorales, que sospechaban su disolución ante un triunfo de Capriles, contribuyen a agudizar la fractura de la nación.

Maduro y el gobierno no están haciendo lo adecuado para lograr el entendimiento y la paz entre los venezolanos, a pesar de lo mucho que la pregonan. Maduro no quiere el diálogo, aun cuando se juega su futuro político. No quiere reconocer el inmenso deterioro actual de la nación, en todos los órdenes. No ha sabido interpretar las cifras electorales del 14 de abril, que evidencian un dramático declive de la otrora demoledora fuerza chavista y ponen a la oposición democrática en un sitial de tú a tú igualitario, que le impone al gobierno la negociación.

Es que,tanto el gobierno como su entorno próximo civil y militar tienen tanto que perder, que se aferran patológicamente al poder. El inventario sería gigantesco, particularmente las fortunas hechas de la noche a la mañana y la obscena corrupción en las instituciones, lo que acelera la fractura. Notoriamente afectados serían los hermanos Castro, para quienes el dinero venezolano evitó el hundimiento y la bancarrota de su país. No se olvide, que Maduro intensificaría esa asistencia, porquees el hombre de Cuba en Venezuela.Hasta, posiblemente, podría ser sujeto de futuras acusaciones de traición a la patria. Otros gobiernos latinoamericanos, sentados sobre ascuas, van a comenzar a sentir la posible interrupción del flujo de dólares.

El 14 de abril de 2013 marcará el punto de inflexión de la política venezolana, que conjuntamente con el fallecimiento del presidente Chávez, da inicio irreversible al crepúsculo de los dioses.

Como corolario, puede decirse con convencimiento, que no existe actualmente paz en la población venezolana, porque se le está robando la libertad.

 

 

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