Opinión Nacional

Al sur de la conciencia

Los hechos acaecidos en el Sur del lago de Maracaibo, en el Zulia, en los que por orden del moderno Prometeo de Sabaneta se intervinieron 47 fincas, los cuales derivaron en la protesta de los productores agropecuarios que obstaculizaron con sus carros, tractores y camionetas la Carretera Panamericana que comunica con El Vigía, y de los trabajadores del Hato «El Peonío» que impidieron a los funcionarios del Instituto Nacional de Tierras tomaran posesión de ese fundo, demuestran palmariamente por qué este régimen todavía se mantiene en pie a pesar de su disposición totalitaria.

Primeramente, hemos sido testigos de que el 2 de diciembre de 2007 la mayoría de los venezolanos rechazó la Reforma Constitucional propuesta por el Presidente de la República y la Asamblea Nacional, que planteaba el socialismo como único modelo económico, al Poder Popular como nueva rama del Poder Público, la nueva geometría del poder, la nueva ética socialista y la creación de la Fuerza Armada Bolivariana. También, que a pesar de tal rechazo electoral el Gobierno Nacional ha implementado la reforma negada a través de la promulgación de 26 Decretos-Leyes por la Ley Habilitante de 2007-2008.

Segundo, toleramos la sanción por la Asamblea Nacional de la cuestionada Ley de Procesos Electorales, y la emisión de sus inconsultos reglamentos por el Consejo Nacional Electoral, que significan la hiperrepresentación de las mayorías en desmedro de la representación proporcional; lo que explica porqué el oficialismo sacando menos votos tiene más diputados en el próximo Parlamento.

En tercer lugar, hemos visto cómo la moribunda Asamblea Nacional ha transformado nuestra República en un mamarracho bautizado Estado Comunal, por no decir comunista, mediante la sanción de la Ley Orgánica del Poder Popular; la Ley Orgánica de Planificación Pública y Popular; la Ley de Comunas; la Ley de Contraloría Social, y la Ley Orgánica para el Sistema Económico Comunal. No obstante, en plena agonía legislativa, y entre gallos y medianoche, ese mismo Congreso entrega todo el poder a su amo aprobando la reforma de la Ley de Responsabilidad en Radio, Televisión y Medios Electrónicos; la Ley de Bancos; la Ley de Telecomunicaciones; la Ley de la Defensa de la Soberanía Política y Autodeterminación Nacional; la Ley de regularización de los períodos constitucionales y legales de los poderes públicos estadales y municipales; la Ley de Educación Universitaria; la Ley de Partidos Políticos, Reuniones Públicas y Manifestaciones, y la Ley Orgánica del Sistema de Transferencia de Competencias y Atribuciones de los Estados y Municipios.

Luego, por cuarta vez, se le otorgó por 18 meses al Presidente de la República una nueva Ley habilitante, para que gobierne en solitario mediante decretos-leyes e impida a los nuevos diputados de oposición cumplir con su misión parlamentaria. Ahora bien, la despedida se la dieron los propios legisladores con la reincidente reforma de su Reglamento Interior y de Debates, que esta vez significa ahogarlos en el mar del silencio.

A pesar de todo lo narrado y soportado, ¿cómo es que el gobierno aún es gobierno? La respuesta es muy sencilla: todo se debe al perverso individualismo o egoísmo de los venezolanos, que se manifiesta en la permanente indiferencia; en la desunión; en la preeminencia de la agenda personal y las ambiciones privadas sobre el destino colectivo. Todo ello se resume en las últimas declaraciones del productor agropecuario Jesús «Chucho» Meleán: «…les dije, quieren la tierra, me pagan las bienechurías y estamos listos». Ese individualismo, mal entendido, se erige en obstáculo para conquistar definitivamente nuestros derechos humanos y la propia democracia.

Como en la película de Oliver Stone, Al sur de la frontera, que intenta ser un documental en el que explora el (supuesto) resurgimiento de los movimientos progresistas latinoamericanos, y termina siendo una patética biografía del caudillo golpista; una retahíla de mentiras que no es ni chicha ni limona’a, que sólo es adulación y ego. En cambio, los venezolanos demócratas debemos pensar y actuar en colectivo, sólo así podremos transitar los caminos de la resistencia, o la desobediencia como posibles salidas efectivas a este agobiante presente. Es el momento de dejar de estar «al sur de la conciencia» de todo lo que nos sucede.

www.juancarlosapitz.com

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