Opinión Nacional

Alfonso Hernández Catá

“Y tras una inquietud más intensa, vio abrirse

la puerta poco a poco, y avanzar hacia él

un hombre envuelto en misteriosa penumbra

de la cual solo de se destacaban los ojos y la frente”

LA VOZ DE UNO DE LOS MEJORES CUENTISTAS

Hernández Catá es un cultivador del periodismo, la diplomacia, la poesía, la novela y colaborador de Marquina en varias piezas teatrales, pero es el cuento donde se encuentran sus mejores aciertos. Está considerado uno de los mejores cuentistas de su generación por la elegancia y originalidad de sus obras, gozó de una enorme popularidad y sus obras fueron traducidas a numerosos idiomas. Uno de sus cuentos más conocidos Mandé quinina, tiene mucho de autobiográfico. Sus narraciones suelen ser de carácter realista, con elementos naturalistas; su tema más frecuente es el de la psicología patológica, con tintes melodramáticos, pero con una prosa suelta y ágil que, en algunos casos, le acerca en calidad a Clarín o a la Pardo Bazán.

Alfonso Hernández Catá nació en Aldeadávila de la Ribera, provincia de Salamanca, el 24 de junio de 1885. Hijo de un militar español destacado en Santiago de Cuba y de una cubana. A los pocos meses de nacer regresa con su familia a Cuba para residir en Santiago. A los 16 años ingresa en el Colegio de Huérfanos Militares de Toledo, se escapa del colegio y se traslada a Madrid. Fue aprendiz de ebanista mientras estudiaba idiomas, psicología, historia y traducía libros. En 1907 publica su primer libro Cuentos pasionales, con bastante éxito de crítica y público. Casado con Mercedes Galt, regresa a La Habana. Trabaja como periodista en El Diario de la Marina y La Discusión. En 1909 ingresa en la carrera diplomática como cónsul de segunda clase. Primeramente fue cónsul en El Havre, más tarde en Birmingham, Santander, Cádiz y Alicante. En 1918 llega a Madrid ascendido como cónsul de primera clase, donde permanecerá hasta 1921, que es despedido de Madrid y enviado a El Havre, por haber publicado una serie de artículos en los que defiende el derecho de los marroquíes a su independencia. Hernández regresa a Madrid en 1925 como cónsul y en 1933 es nombrado Embajador de Cuba en España y, posteriormente, en Panamá, Chile y Brasil, donde muere en un accidente de aviación cuando sobrevolaba la Bahía de Botafogo en Río de Janeiro, el 8 de noviembre de 1940.

Los libros de narraciones breves más sobresalientes de Alfonso Hernández Catá son Cuentos pasionales, Los siete pecados (1918), Los frutos ácidos (1919), La casa de las fieras (1919) y Manicomio (1931). Entre sus novelas, de menor valor que sus cuentos merecen citarse Pelayo González (1909), La juventud de Aurelio Zaldívar (1912), La muerte nueva (1922), El ángel de Sodoma (1927) y El bebedor de lágrimas (1927). En 1931 publica su libro de poesía Escala. Escribe en colaboración con Alberto Insúa, las obras de teatro Cabecita loca, El amor tardío, En familia y El bandido, y en colaboración con Eduardo Marquina Don Luis Mejía. Es autor también del ensayo Mitología de Martí (1929). Y como alguien ha dicho: “ Alfonso Hernández Catá vivió como un gran cubano y escribió como un gran español”.

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