Opinión Nacional

Ambiente, Minería y Derechos Humanos

La masacre ocurrida en El Caura y la Paragua hace escasos días debe mover a una profunda reflexión, especialmente aquellos que estamos más preocupados por la conservación y el aprovechamiento sustentable de nuestros recursos naturales. La minería es una actividad degradante del ambiente por su misma naturaleza, resulta imposible la explotación de minerales sin producir severos impactos ambientales sobre los ecosistemas, en consecuencia, esta actividad debe ser objeto de severos controles por parte del estado, siendo que es quien tiene el poder de persuasión y castigo, para quienes violen las normas que se dicten para proteger el ambiente.

Sin embargo es necesario destacar lo contradictorio que resulta el que hace mas de dos años, desde la presidencia de la República, se anunciara al país, con bombos y platillos, el arranque la denominada Misión Piar, orientada al financiamiento y apoyo de los pequeños mineros, que adelantan sus actividades de explotación de minerales en el sur del país. En su oportunidad denunciamos este programa gubernamental, puesto que no se incluyeron medidas orientadas a mitigar los daños que podría causar a la naturaleza, recordando el uso que la pequeña minería hace entre otros elementos, de motobombas para la extracción de minerales, que acaban con la diversidad animal y vegetal, así como de los vertidos sobre las aguas donde habitan los peces y que luego consumen los habitantes del lugar (Ver El Universal, lunes 5 de julio de 2004).

Decimos que resulta contradictorio, por que ahora se nos habla de un plan de reconversión minera, que pretende orientar a los mineros a realizar otras actividades económicas que no han sido nunca su medio de vida tradicional, tales como elaboración de artesanías o el dedicarse al desarrollo del turismo para poder subsistir. Es obvio una vez que los mineros perciben que este medio no resulta rentable para ellos, regresen a lo que ha sido
su actividad de siempre, con lo cual este plan de reconversión es lógico que termine en el fracaso.

Pero más contradictorio aún resulta pretender desalojar a estos mineros a sangre y fuego, atentando contra su integridad física e incluso contra su vida en un claro irrespeto a la dignidad de la persona humana y a los derechos humanos más fundamentales. El gobierno y las fuerzas armadas que a él obedecen, deben entender que ante todo tienen que respetar a las personas sin importar su nivel cultural o condición social, solo por el hecho de ser personas. Nuestros ríos, nuestras cuencas como las del Caura y el ambiente en general, no se pueden proteger de la minería, exterminando brutalmente a los mineros. El gobierno debe imponer los controles y tomar las medidas para proteger y mitigar los daños al ambiente, pero sobre todo, debe definir si quiere incentivar una minería sin controles, como en la Misión Piar, o quiere un verdadero plan de reconversión minera para proteger el ambiente.

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