Opinión Nacional

Ambos eran José

En repetidas ocasiones nos hemos referido a la guerra civil española. Sus orígenes pueden discutirse pero todos los autores y analistas coinciden en señalar que la muerte de Calvo Sotelo fue el pistoletazo que disparó la violencia que en cuatro años produjo un millón de muertos.

José Calvo Sotelo había nacido en Tuy, provincia de Pontevedra, el 6 de mayo de 1893 y falleció asesinado el 13 de julio de 1936. Este acto de vandalismo fue consecuencia del sucedido el día anterior cuando cuatro pistoleros de extrema derecha, carlistas o falangistas, habían hecho lo mismo con el teniente y abogado José del Castillo Sáez de Tejada quien había nacido en Alcalá la Real, provincia de Jaén, el 29 de junio de 1901 y fue asesinado en Madrid a las diez de la noche del 12 de julio de 1936.

El día 17, cuatro días después, comienza la sublevación del ejército de África en Melilla que marca el comienzo de la guerra civil.

El objetivo de los compañeros del teniente Castillo, dirigidos por su amigo Fernando Condés, era asesinar a José María Gil-Robles líder de la Confederación Española de Derechas Autónomas, mas al hacerse difícil la acción contra Gil-Robles, decidieron actuar contra Calvo Sotelo.

Este había sido Ministro de Finanzas durante la dictadura militar del general Miguel Primo de Rivera y Orbaneja (1923-30). En 1931, cuando cae la monarquía, se hace líder de los monárquicos y se refugia en Italia bajo la sombra de Mussolini. Regresa a España en 1933 y es elegido diputado a las Cortes por la provincia de Orense para el período 1933-36. Allí compartía ideas y liderazgo con el nuevo Marqués de Estella Don José Antonio Primo de Rivera y Sáenz de Heredia (1903-36) quien se inspiraba, para redactar sus discursos, en los pensamientos de Hitler y de Mussolini.

Ya sabemos lo que sería una España roja. La familia deshecha, la propiedad suprimida, la libertad anulada del todo, el triunfo de las turbas, la violencia, todo lo que queráis; la muerte de una infinidad de españoles […]

(Las voces de la República de Manuel Rubio Cabeza, Ed. Planeta, 1985, p. 147)

Hace cuatro años y medio, en febrero de 2003, examinábamos en estas mismas páginas el trabajo de Don Julián Marías “La guerra civil ¿Cómo pudo ocurrir?” capítulo estupendo de su libro Ser Español, donde el ilustre filósofo anota cuatro causas fundamentales de la contienda:

· Dividir al país en dos bandos.

· Identificar al “otro” con el mal.

· No tenerlo en cuenta, ni siquiera como peligro real, como adversario eficaz.

· Eliminarlo, quitarlo de en medio (políticamente, físicamente si era necesario).

En Venezuela estamos viviendo situaciones que tienen inmensas similitudes con lo aquí esbozado, lo terriblemente absurdo es que la gran fractura y la persecución es promovida desde los más altos estratos del régimen que nos trata de dirigir a situaciones indeseables.

Venezuela no está dividida en dos bandos. Esta fraccionada en mil pedazos. Todo aquel que difiere de los pensamientos de alguien, es su enemigo. No existe respeto a la disensión. Solo se aceptan la coincidencia, la sumisión y la dependencia.

Se desprecia al contrario, se le agrede, se le avasalla, se le tiraniza.

Se elimina a los opositores por las vías mas peregrinas. Se utilizan los recursos de la nación para agredir a sus ciudadanos. Cuantas coincidencias.

La historia no se repite pero es imprescindible estudiarla pues solo así podremos evitar cometer los mismos errores y lograr las mismas consecuencias.

Ojalá nunca en Venezuela asesinen a alguien, se llame José o no. Dios nos libre.

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