Opinión Nacional

Amenaza de guerra civil

Definitivamente, el oficialismo es la expresión de un neo-nazismo/fascismo, la insólita y amenazante expresión que señala que si no van presos Capriles y López, se convocará a una guerra civil, demuestra fehacientemente el uso del terrorismo de estado mediante la vulgar ostentación de un poderío judicial y militar en fraude del estado de derecho, de ello dan fe, aparte de la amenaza de guerra civil, las recientes denuncias sobre torturas cometidas por la GNB y el ejército para, sin escrúpulo alguno, anular los derechos básicos de los ciudadanos mediante la represión y las amenazas permanentes.

Lo dicho no es un síntoma de fortaleza, sino por el contrario, es el síntoma de gran debilidad, miedo que ahoga al oficialismo, que no puede sostener el poder sin esos medios de terrorismo y delincuencia, es un gobierno en descomposición, en crisis permanente y, para impedir su definitivo hundimiento, adopta el terrorismo y la apología del delito, en definitiva, no se defiende al ciudadano de los abusos del estado sino al estado de los “abusos” de los ciudadanos, impidiendo la utilización de las vías legales, pacíficas y democráticas, manteniendo un estado de aprensión permanente y violación impune de los derechos y libertades fundamentales con el uso indiscriminado de sus fuerzas represivas al mando de innobles militares.

La amenaza contra Capriles y López, puede ser el modo de expresar complejos psicológicos personales, frustraciones y resentimientos. Este tipo de “fraude al Estado de derecho” utiliza constantemente los tribunales para neutralizar a sus oponentes, enfrentándolos a juicios penales de motivación política, pervirtiendo la justicia.

Mediante el terrorismo y la hegemonía comunicacional se pretende coartar la libertad de pensamiento, pero ello no es posible, por cuanto sin liberad de pensamiento no hay imaginación y sin imaginación no se puede conciliar la libertad con la equidad y sin equidad no hay futuro para nadie, la sociedad estará signada por la hostilidad y la perpetua amenaza a su bienestar y seguridad.

La sociedad no debe perder el rumbo en la búsqueda del sentido en medio del caos y el horror como expresión clara del autoritarismo y la intransigencia autocrática de quien considera que basta contar con una mayoría pírrica en el parlamento para no tener que negociar con los adversarios, cuando la incapacidad para negociar frena la pluralidad, surgen posturas fundamentalistas que excluyen a la disidencia, se desconoce la diversidad humana, desconocen que en democracia se procuran formas para resolver las controversias y moderar las rivalidades sin apelar a la exclusión, a la hostilidad, a la violencia, el estilo de bravucón de pueblo y la volubilidad no favorecen la imagen de un liderazgo responsable y confiable, necesitamos tolerancia a la divergencia y respeto a la diversidad, debemos rechazar el fundamentalismo extremo personificado en alguien que niega toda posibilidad de dialogo, en un fanático con el que no se puede hablar, recordemos que una sociedad que rompe de manera rotunda con sus orígenes, su cultura y su historia democrática provoca un fundamentalismo radical que amenaza con llegar a punto de ebullición.

 

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