Opinión Nacional

Amenaza Presidencial y pasividad opositora

Vi en televisión la reposición de uno de los tantos shows de variedades del Iluminado de Sabaneta, en el que se dirigía a un grupo de focas. Y para mi sorpresa esta vez no estaba hablando pendejadas de su abuela, ni de la morrocoya de Rosinés o de la ruta de la empanada o los gallineros verticales o los fundos Zamoranos o prodigándole frases amorosas a Fidel Castro.

Esta vez estaba hablando de cosas más serias que deberían ser oídas con mucha atención por todos los venezolanos y en especial por la dirigencia democrática. Se refería el narciso de Sabaneta, a los escenarios para los procesos electorales pendientes y posibles para el año próximo y como un Juan Charrasqueado jalisciense, que cuando pierde arrebata, dijo textualmente lo siguiente:

“…el año próximo habrá elecciones para la Asamblea Nacional, vayamos trabajando desde ahora mismo, la contrarrevolución está trabajando desde ahora mismo. Es un objetivo vital para mantener la estabilidad del país, para mantener la paz del país, que la revolución el próximo año obtenga otro resonante triunfo en la Asamblea Nacional, y obtengamos la mayoría de los diputados y diputadas. Pónganse a pensar un solo minuto en la posibilidad de que la contrarrevolución, por distintas razones que pudieran ocurrir, obtenga mayoría en la Asamblea Nacional. Bueno, van a empezar a desmontar las leyes, esta ley la anularían, rápidamente, y como el pueblo difícilmente se va a quedar con los brazos cruzados, entonces el país se iría por los caminos de la violenciaaa [transcripción fonética], jehj. Igual pasa con el gobierno, supónganse por un instante que el año próximo hay posibilidades de referéndum revocatorio. Supónganse que a mí me revoquen el mandato. El país entraría en el terremoto de nuevo, el terremoto, la violenciaaaa, la desestabilización, que es el objetivo de ellos. El objetivo de ellos, bueno, es el gobierno y de nuevo controlar el Estado como lo controlaron durante mucho tiempo…”
Bueno, más claro no cacarea ninguna gallina y eso que a esta gallina se le suelen ir los gallos. Lo que estaba diciendo el Hitler de Sabaneta, es que si pierde las elecciones para la Asamblea Nacional el “pueblo” produciría un estallido de violencia. Ahora hay que preguntarle a este narciso, a que “pueblo” se refiere. O es que los que vamos a votar mayoritariamente para derrotarlo no somos parte del “pueblo”. O es que la minoría armada y delincuencial que él comanda es la dueña del país. ¿O es que cada foca chavista vale por dos venezolanos demócratas? El país sabe que cada chavista tiene más de un voto, amparados en la trampa permanente del CNE, pero de allí a creer que cada chavista vale por dos y que se puedan desdoblar en la calle hay mucho trecho. ¿O será que Sabaneitor tiene pensado lanzar a las milicias del PSUV a matar venezolanos para desconocer los resultados y mantener el control de la Asamblea?
Su gran temor: que la Asamblea controlada por los factores democráticos proceda a revocar o anular las leyes inconstitucionales aprobadas por la actual asamblea chavista o por medio de las leyes habilitantes. En eso debería Chávez estar en lo cierto, pues lo menos que podría hacer una asamblea con mayoría democrática es desmontar el tinglado legislativo inconstitucional que le sirve de soporte al régimen para justificar los atropellos que día a día comete contra los más elementales derechos ciudadanos. Eso esperamos de una asamblea con mayoría de los factores democráticos, los que como parte fundamental de su plataforma electoral deben señalar cada una de las leyes a reformar, derogar y revocar sus efectos. Es la mejor manera, a mi juicio, de consolidar una mayoría para derrotar la dictadura.

Cuando se refiere a una posible revocación de su mandato presidencial, al Iluminado se le sale todo su enfermizo narcisismo: ¡entonces habrá un terremoto! ¡Un terremoto de nuevo! La violencia se desatará hasta que el “pueblo” lo vuelva a instalar en Miraflores… ¡que fantasioso y que bolsa es este soldadito de plomo! El cómo que no sabe, o no le han contado, que en la mañana del 12 de abril bastante más de la mitad de sus diputados robolucionarios ya estaban en plenas gestiones para cuadrarse con el gobierno de Carmona (de allí el error de la disolución de la Asamblea), ni que el amanerado camaleón que era presidente del TSJ, cuyo nombre no recuerdo ni quiero recordar, estaba dispuesto a legalizar la transición. Es que acaso no recuerda que él llegó a Fuerte Tiuna como mansa paloma con sus escoltas y sus ministros y que estos lo dejaron en la estacada, que el único preso fue él, porque sus hombres de confianza huyeron por la derecha. ¿Adónde estaban José Vicente Rangel, Diosdado, Maduro, William Rara, el tombo Mario Isea, etc.? Estaban todos negociando con el nuevo gobierno o escondidos y con el rabo entre las piernas. Ninguno salió a defenderlo, ninguno dio la cara, no hubo un solo gesto de valentía. Así, que eso de que se producirá un “terremoto” de violencia son deseos que “no empreñan”.

El mayor “terremoto” que se produciría si él es revocado, no sería provocado por las focas rojas, sino el que provocarían millones de venezolanos eufóricos saltando a la vez con fuerza y alegría, sismo que seguramente alcanzaría por lo menos 10 en la escala de Ritcher. Y el otro terremoto que debería producirse sería la pronta prisión, enjuiciamiento y condena de todos los boliburgueses que han saqueado a la Nación durante estos años de desgobierno, que con el dinero producto de la corrupción se han apoderado de bancos, instituciones financieras, comprado grandes empresas, amasado fortunas con el truco del dólar paralelo, expoliando a las contratistas de PDVSA. Y el “terremoto” más importante debería ser el enjuiciamiento, condena y prisión de quienes destruyeron a PDVSA, que así saldrían en caballito blanco porque, afortunadamente para ellos, no hay pena de muerte en Venezuela.

Estas palabras de Chávez amenazando con violencia y “terremotos” son un llamado a sus seguidores, bien armados, a prepararse para enfrentar su derrota y arrebatar como Jalisco la victoria democrática, aún a costa de la vida de numerosos venezolanos. Es una incitación a la violencia, para tratar de barrer todo vestigio de resistencia ciudadana al régimen militar y corrupto, valga la redundancia, que no solamente asalta las libertades públicas sino con mayor dedicación el tesoro público. Su instigación al enfrentamiento entre venezolanos, su apología y promoción de la violencia, su llamado a desconocer los resultados de las elecciones, constituyen delitos por los que debe ser juzgado y condenado oportunamente.

Cuando el presidente, en artera violación de la constitución y las leyes, amenaza con la violencia, con la guerra civil y el desconocimiento de la voluntad popular, sin que el Ministerio Público ni el Poder Judicial tomen ninguna acción, a la población no le quedaría otra salida que la defensa propia y el uso de todos los recursos a su alcance para el combate político. La complicidad de esos poderes con el golpista presidente, nos autorizaría, en defensa de la integridad de la Nación y la paz social, a llamar a un paro y una “guarimba” generales. Podríamos igualmente emplazar a las Fuerzas Armadas, o a lo que queda de ellas, a hacer respetar el derecho de los venezolanos a vivir en paz y libertad, quebrantado día a día por los desplantes despóticos y caprichosos del tiranuelo. Esta actitud violenta del dictador obligaría a los venezolanos a hacer esfuerzos extraordinarios para salir de él a como dé lugar.

Pero que el Iluminado nos amenace con la violencia no es sorprendente, es su estilo primitivo de hacer política. Lo sorprendente, lo insólito, es que la dirigencia política democrática y de las distintas organizaciones de la sociedad civil no hayan tomado una postura de firme y contundente rechazo ante una declaración de esta naturaleza, con implicaciones tan graves para el futuro inmediato de la Nación. Pareciera, que así como el gobierno ha logrado que el asesinato de centenares de ciudadanos cada semana produzca cada vez menos consternación y alarma para acostumbrarnos a convivir con la muerte, de la misma manera, pareciera estar logrando también que la dirigencia política y la población se acostumbren y acepten como normales sus continuas violaciones de la constitución, las leyes y los derechos ciudadanos, sin que se produzca reacción alguna. Los venezolanos esperamos de la dirigencia democrática una actitud más firme y combativa frente al dictador, que es muchísimo más importante que escoger el método de selección de sus candidatos. Porque se puede mascar chicle y caminar a la vez. ¿O no?
Con tales anuncios el dictador pretende amedrentar a la población con una supuesta ola de “violencia” y “furia popular” cuando sea derrotado, de forma que los más pacatos se abstengan de votar por el temor a un eventual derramamiento de sangre. De lo que si podemos estar seguros, es de que si hay derramamiento de sangre, no sería nunca la del Patton de Sabaneta, quien apenas oiga el primer tiro se escondería en algún sótano distinto al de Miraflores, porque sabe que allí lo podrían encontrar.

Esta intervención de Chávez la debe conocer la comunidad internacional, para que no se sorprendan en el futuro y no intenten aplicarnos la misma receta que a Honduras.

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