Opinión Nacional

¿Antes, muerto?

Un millón y pico de personas. ¡Qué triunfo! Nos hicimos sentir ante la comunidad internacional. Contra todas las expectativas, la gente no se ha vuelto apática. Desafiaron a Chávez y a sus variadas disposiciones militares. El gobierno está como un boxeador contra las cuerdas. Hay que oír no más las mentirotas de Juan Barreto o el cinismo del vicepresidente Rangel. Toca actuar con cautela.

Un paro cívico debe pensarse y repensarse, porque éste es un país donde el empresariado no tiene la fuerza decisoria de un Chile. El gobierno es autónomo financiera y económicamente. Pues, como dice Alberto Quiroz cuenta con PDVSA, con Cadafe, con las empresas de Guayana, con el Metro, con las empresas de agua como Hidrocapital y, además, están las concesiones. Además, una parte del empresariado podría escuchar otras voces. El país, pues, no se paralizará.

La cautela también debe guiarnos en cuanto a la firma de la Declaración de Principios auspiciada por la Tripartita internacional, porque Chávez se burla de esos principios. Chávez no es democrático, sino un totalitario que al igual que ETA usa las instituciones democráticas para acabar con la democracia. Chávez y su gente son un cáncer al que sólo se puede combatir extirpándolo. Pero eso requiere de un gran cirujano y no de aprendices de brujo.

Hay también extranjeros que tampoco entienden lo que ocurre aquí. El Departamento norteamericano de Estado le ha pedido a la oposición que dialogue con Chávez. Que hagan posibles las gestiones de la OEA, de la ONU y del Centro Carter. Yo le preguntaría al gobernante estadounidense, ¿Por qué no establece un diálogo similar con Sadam Hussein? Porque, en fin de cuentas son casos parecidos. ¿O es que no recuerdan el momento escogido por Chávez para visitar al otro autoritario en Bagdad? ¿O es que tampoco han sabido de las continuas visitas a La Habana y de la ayuda petrolera?

La parábola de Orlando Urdaneta

En un “…Y Kilo” reciente, en el cual actuó como moderador Natalí Salas Guathero, un Kilo Bautista desentendido escuchó, junto con todos nosotros una parábola de labios de Orlando Urdaneta. Decía el gran actor que “aquí había antes una caimanera (Un equipo de baseball aficionado) jugando contra otra y un umpire chimbo. Este umpire cantaba siempre las jugadas a favor de un equipo. Todos los asistentes al juego podían observar que un jugador del segundo equipo llegaba safe a primera, pero el umpire cantaba out. Ocurrió, sin embargo, que en un momento, los jugadores del segundo equipo lograron comprar al umpire y desde ese momento, las cosas cambiaron para los jugadores. Ahora, el umpire canta strike, safe y out sólo cuando le conviene al segundo equipo. Claro, en este momento, el sueño del primer equipo es volver al pasado. Pero la gran mayoría de los aficionados no quiere ni una cosa ni otra. Quiere un juego de verdad, con un umpire imparcial.”

Ese umpire chimbo es la Constitución. Antes favorecía a adecos y copeyanos. La verdadera oposición no tenía ninguna oportunidad. Ahora la nueva Constitución favorece a la segunda caimanera, a la izquierda y adecos y copeyanos sueñan con los tiempos idos. Porque la Constitución Bolivariana puede ser muy democrática, pero las disposiciones transitorias desvirtúan no sólo su letra sino su espíritu. Esto es lo que no saben en el exterior. No lo sabe Gaviria, ni la OEA,.ni la ONU, ni tampoco el recién laureado con el Nóbel de la Paz, el presidente Jimmy Carter.

Las dos ideologías: gobierno y oposición

Si uno estudia con detenimiento nuestra historia republicana, se dará cuenta de que la lucha por el poder nunca estuvo sustentada por ideologías. Ya lo dijo Antonio Leocadio Guzmán, “como ellos dijeron centralismo, nosotros hablamos de federación; pero si ellos hubieran dicho federalismo, nuestro partido hubiera sido centralista”.

La Guerra Federal fue una tragicomedia. Los cuantiosos muertos y la ruina económica del país son, sin duda, trágicos, pero resulta cómico observar que al partido del general José Antonio Páez se le endilgara el cognomento de conservadores, cuando eran ellos los impulsores de la política liberal manchesteriana, mientras sus enemigos, aquí llamados liberales, no eran otra cosa que conservadores más ligados con la antigua política mercantilista española.

Igual ocurre hoy día. Adecos, copeyanos, comunistas, socialistas, piensan de una manera cuando andan en la oposición y de otra bien distinta en cuanto asumen el gobierno. No hay sino que observar a José Vicente o a Luis Miquilena. Los partidos putofijistas alabaron una vez la frase de Betancourt “Ni renuncio, ni me renuncian”, pronunciada en parecidas circunstancias. Deberían ahora ser consecuentes con esa posición, pero no lo son. Ahora andan en la oposición.

Si queremos convivir, si en realidad los voceros del gobierno, entre ellos José Vicente, son sinceros, pues entonces no hay otra cosa que hacer que acabar con la transitoriedad. Tenemos que retornar a Poderes realmente autónomos, que aseguren el fin de la arbitrariedad. En este mismo sentido, sería conveniente acoger el proyecto de la uninominalidad para elegir a los representantes populares a los cuerpos legislativos. Porque la realidad es que a los venezolanos nos cansaron las caimaneras, eso que llaman partidos. Queremos la responsabilidad individual y no el vil ejemplo de cúpulas podridas.

La Asamblea Nacional de Alcaldes

Si algo demuestran los años que América Latina lleva de vida republicana, es que el sistema presidencialista fracasó. Ya lo he dicho otras veces: el presidencialismo sólo funciona en Estados Unidos. Lo hace posible una sociedad enteramente individualista. Por algo, los europeos, jamás intentaron el mismo sistema, ni tan siquiera los británicos

Siempre he sido de la opinión de que en la América latina deberíamos seguir el ejemplo europeo e institucionalizar regímenes parlamentarios. Ya los hay en el Caribe anglófono. Para que una democracia no degenere en un presidencialismo imperial, como ha ocurrido en nuestro subcontinente, se requiere separar las funciones del Estado y del Gobierno. Además, en tal sistema son posibles las elecciones anticipadas, una vez que el Gobierno pierde la mayoría.

La descentralización ha constituido un hito importante en nuestro desarrollo político. Hoy día, no sólo el presidente de la República goza de legitimidad. También la ostentan los gobernadores y los alcaldes. Son liderazgos regionales generalmente bien ganados. Hugo Chávez no ha logrado entender que los alcaldes no son sus subalternos, como tampoco lo son los gobernadores. Cada cual tiene funciones distintas.

Cierto es, sin embargo, que sistema parlamentario, al combinársele con la representación proporcional, produce inestabilidad política. No así, cuando se sigue el ejemplo británico de la elección uninominal por distritos electorales. En este contexto, debería considerarse que en Venezuela, los alcaldes son los representantes natos de los municipios, la célula fundamental de la República. Reunidos en Asamblea Nacional, constituirían la más sana expresión democrática. De entre sus filas, podrían designarse los ministros y el coordinador del Gobierno. Digo coordinador, porque las palabras jefe del Estado y presidente concitan una actitud de mando y de sumisión, que los venezolanos ya no toleramos en estos albores del siglo XXI. También debe ser sustituida la palabra pueblo por nación, porque en castellano, “pueblo” tiene un doble significado, ya que también designa a los más pobres. Y lo que queremos es la unión de todos los venezolanos.

Santiago Ochoa Antich es diplomático de carrera, politólogo y periodista. Fue Embajador de Venezuela en Austria, Canadá, Jamaica, Paraguay, San Vicente y las Granadinas, El Salvador y Barbados.

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