Opinión Nacional

Antiimperialismo

Una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial comenzó el proceso de descolonización que puso fin a los imperios tradicionales, destacadamente Inglaterra y Francia. Las dos grandes potencias mundiales, los Estados Unidos y la Unión Soviética, prefirieron ejercer su poder por medio de métodos indirectos que llegaron a conocerse como neo-colonialismo. Entre éstos destacaba el predominio económico. En América Latina, área de influencia indiscutida de los norteamericanos, el poder de estos últimos se basó en la inversión y el monopolio del intercambio comercial y en las dictaduras militares, a las cuales vendían sus excedentes de armas obsoletas de la conflagración mundial. Una década después del fin de la guerra, la reacción ante esta situación despertó a los pueblos del continente y comenzaron a caer las dictaduras militares, entre ellas la de Pérez Jiménez. Los Estados Unidos habían considerado que ya era inútil ejercer un control por la fuerza y se limitaron, durante unos pocos años, a mantener su control económico. El cual continuaba siendo inaceptable para América Latina. En estas circunstancias, resultaba necesario oponer al poder “imperial” una resistencia a su penetración económica. Algunas mentes lúcidas de nuestro continente se propusieron defender los intereses de los pueblos de la región y oponerse a ese neocolonialismo, que no por menos visible era menos dañino.

     
Entre ellas cabe destacar, por perspicaces, las de Raúl Prebisch y Manuel Pérez Guerrero, los dos primeros Secretarios Generales de la UNCTAD (Organización de las Naciones Unidas para el Comercio y Desarrollo). Adelantaron un programa de reivindicaciones del llamado Tercer Mundo ante los atropellos del neocolonialismo. Era casi el mismo que Prebisch había concebido desde la CEPAL para América Latina, pero extendido a escala mundial. Este fue un acto mayor de anti-imperialismo.  

Carlos Andrés Pérez fue electo Presidente en Venezuela cuando Pérez Guerrero recién había concluido su labor en la UNCTAD. Le propuso que fuera Canciller, pero como no aceptó lo nombró Ministro de Estado para las Relaciones Económicas Internacionales.  La colaboración entre ambos tuvo consecuencias extraordinarias para la posición de Venezuela en las relaciones económicas internacionales y para la lucha contra la hegemonía neocolonial. Pérez Guerrero aportaba su concepción de lo que debían ser las relaciones internacionales, madurada desde su participación en la Liga de las Naciones, antes de la Segunda Guerra Mundial, y Carlos Andrés añadía su carisma a la tarea. Fue tanta la influencia que adquirieron que contribuyeron a que se produjera un diálogo Norte-Sur, en el cual Pérez Guerrero fue vocero de los países en desarrollo. El diálogo no tuvo éxito, pero se estableció la posición de los países pobres. Fue una gran prueba de fuerza del anti-imperialismo.

Esta voluntad de diálogo contrastaba con  el empeño de enfrentamiento de líderes que, como Fidel Castro, proponían acabar con el neo-colonialismo por medio de la violencia y el enfrentamiento. Empresa inútil, si se considera la asimetría de las fuerzas encontradas. Carlos Andrés Pérez tuvo la habilidad de lograr que Fidel Castro adoptara una posición sensata y de sumarlo a quienes proponían la creación de un Nuevo Orden Económico Internacional. Se creaba así un frente anti-imperialista creíble y con posibilidades de éxito. Gracias a Pérez Guerrero esa posición nacionalista era muy coherente.

Pérez Guerrero y Carlos Andrés Pérez eran dos personalidades completamente diferentes. Mientras el primero era un intelectual que rehuía la exposición pública y hacía un trabajo de hormiga, el segundo era un hombre de acción que buscaba y conseguía la aclamación popular. Pero la colaboración entre ambos logró hacer de Venezuela una referencia mundial en la lucha contra el neo-colonialismo y, a nivel nacional, adelantó la nacionalización del hierro y el petróleo.

 Luis Herrera Campíns percibió la importancia nacional e internacional de Pérez Guerrero y, como éste no le aceptó ser ministro, lo nombró comisionado para asuntos económicos internacionales. Jaime Lusinchi sí logró que volviera a ser ministro. Pero entonces murió. Fue un verdadero anti-imperialista que no amenazó con bayonetas y rifles a los grandes poderes mundiales, pero que sabía darles adonde les dolía. Muy diferente al anti-imperialismo de gritos y oropel que intentan las actuales autoridades y no sirve de nada. Carlos Andrés Pérez le dio todo su apoyo. Lo que debe contarse en el haber de éste último y se añade a sus acciones propiamente políticas que redujeron el poder del imperio, como su papel protagónico en la transferencia del control del Canal de Panamá a ese país, su esfuerzo denodado para que terminara la dictadura de los Somoza, y el refugio que prestó a los desplazados por la dictaduras del Cono Sur, lamentablemente apoyadas por los poderes imperiales. Eso es verdadero anti-imperialismo. Lo demás, simple retórica insustancial.   

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