Opinión Nacional

Aprendiendo a negociar

¿Qué tienen en común Teodoro Petkoff, Eduardo Fernández y Monseñor Baltazar Porras? aparte de ser venezolanos y haber participado recientemente en una reunión con el presidente Chávez; sinceramente no lo sé. Sin embargo, sabemos que los dos primeros nunca fueron chavistas y al tercero su jefe siempre le ha dicho de poner la otra mejilla. Dicho esto, me propongo – contra la corriente, como debe ser – escribir en favor de la gallarda y políticamente valiente e inteligente actitud de Petkoff y Fernández, que además de ser la propia de personajes que no sufren de guayabo político, nos enseña que el arte de negociar en política tiene tres escenarios de aplicación; bien sea a través de reuniones oficiales, informales o sociales.

Así las cosas, en el transcurso de ésta ultima semana, una suerte de jauría de opinión – de oposición – ha devorado sin contemplaciones el gesto de Petkoff y Fernández; con lo cual le ahorraron a José Vicente Rangel y al propio Chávez; el corrosivo trabajo de división en el seno de la Coordinadora Democrática.

No podemos evitar recordar que esa misma jauría de opinión, que ni olvida ni aprende, ya había crucificado a Eduardo Fernández la madrugada del 4 de febrero del 92; y como consecuencia de esa torpe actitud años más tarde Chávez llegó en hombros a Miraflores.

Pero retomando el titulo de éste artÍculo, debemos aprender a negociar si de verdad lo que se busca es erradicar del horizonte venezolano, la posibilidad de una guerra civil. A menos que se prefiera dejar que sean el azar, los eructos o los astrólogos quienes solucionen nuestras diferencias.

Corríjanme si me equivoco, pero la guerra civil ¿no se combate negociando? y si para ello hay que ir a tomarse un café en el infierno con el mismísimo diablo, ¿no habrá valido la pena si se logra el objetivo?

El australiano, John Burton fundó a finales de los 60 la escuela del problem-solving; para esa época éste señor ya reflexionaba sobre lo que sería el final de la guerra fría. Burton escribía convencido de que los conflictos tenían sus orígenes mayoritariamente en la ausencia de comunicación, en la falta de comprensión y los bloqueos psicológicos entre los protagonistas y no en las propias razones materiales de los conflictos.

En ese sentido pienso que; ingenuidad, torpeza y amateurismo político no pueden seguir siendo los hábitos de nuestros líderes de oposición. Dichos dirigentes deben despojarse de esa sondeodependencia, que los inmoviliza y que pareciera incapacitarlos para seguir llevando sobre sus hombros la enorme y vital responsabilidad, que significa el mandato de millones de venezolanos, que desde la calle, asfixiados y desesperados; exigen una solución a ésta insoportable crisis de gobernabilidad.

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