Opinión Nacional

Aprendizaje

En política nada se pierde. Al contrario, todo se acumula. La actividad política es una sucesión continua de aciertos y errores. Generalmente más de estos que de aquellos. Como es obvio, lo ideal sería tener sólo aciertos. Pero no es posible, no hay obra del hombre que sea así. Cometer errores es consustancial con la condición humana. Pero los errores, paradójicamente, tienen la virtud de que enseñan mucho, incluso a veces más que los aciertos. Por supuesto, para aprender de los errores es condición esencial la disposición para ello, y esto es, precisamente, lo que en Venezuela nos ha hecho mucha falta. De modo que aquí no vale lo de que nadie tropieza dos veces con la misma piedra.

Lo importante, en todo caso, es hacer de los errores un aprendizaje, para lo cual el primer paso, imprescindible, es reconocer cuándo y cómo se ha errado.

Después de muchas reflexiones he llegado a la convicción de que el referendo revocatorio fue un error, que todos cometimos, lo cual, por cierto, no disminuye su importancia. La inclusión en la Constitución de 1999 de la figura del revocatorio fue recibida con entusiasmo, por su aparente carácter democrático. Y en la primera ocasión nos aprestamos a proponerlo, como una manera relativamente fácil de remover al presidente por la vía constitucional, sin ver que el referendo es democrático sólo si el gobierno al que se aplica es también democrático, condición que no se daba en nuestro caso.

A mi juicio el referendo fue un error porque alertó a Chávez sobre el riesgo de ser sacado de Miraflores mediante un recurso constitucional, que él mismo había propiciado, y le dio tiempo para armar la trampa que le permitiere superar ese riesgo. Trampa que comprendía, no sólo el fraude aritmético que finalmente se aplicó, sino también las innumerables triquiñuelas practicadas en los largos meses corridos desde la fecha en que se solicitó el referendo, hasta el día en que efectivamente se realizó. Triquiñuelas que comprendían hechos como la manipulación y adulteración del registro electoral, el manejo criminoso de la famosa lista Tascón, las llamadas misiones creadas con descarados fines electoreros –más allá de sus posibles aspectos positivos–, la compra inescrupulosa de votos con fondos del erario público, las mil formas del ventajismo oficial, etc.

Si no nos hubiésemos engolosinado con el referendo, hubiésemos visto que lo indicado era aguardar hasta las elecciones, al final del período de Chávez, y apostar allí todos los recursos para derrotarlo. Como la celebración de las elecciones es a plazo fijo, el gobierno no hubiere podido aplazarlas como lo hizo con el referendo, y no habría dispuesto de tanto tiempo para preparar sus marramucias. Lo cual no quiere decir que no hubiere podido cometer fraude, de haberlo querido, sólo que entonces le habría sido más difícil.

Por haber sido un error, precisamente –del cual nadie es individualmente responsable, pues fue un error colectivo, además de casi ineludible–, el referendo, tal como ocurrió, aporta valiosas enseñanzas, que ahora, de cara a las elecciones de diciembre, debemos asimilar con inteligencia, a fin de no caer de nuevo en la trampa a que en 2004 fuimos llevados dócilmente.

Oiga de lunes a viernes, a las 11,10 a.m., el micro CON LA LENGUA EN ONDA, por la emisora RADIO ONDA, la superestación, en el programa de Mari Montes.

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