Opinión Nacional

Apropósito del Año Nuevo

El tipo más optimista de la Tierra

11:59 p.m.

Dejar un año atrás o darle la bienvenida a uno nuevo resulta cada vez más dramático. O escandaloso. Enfundarse en provocativa ropa interior roja, correr como desquiciado por el vecindario con equipaje vacío a cuestas, tragar doce uvas y cerrar los ojos invocando a todos los dioses, santos, constelaciones y a Walter Mercado para que se cumplan nuestros deseos, se ha vuelto una costumbre tan normal para el ser humano como para Santa Claus prostituir su imagen de octubre a enero en todos los espectaculares y anuncios de televisión, radio y prensa, anunciando desde celulares hasta píldoras para una actividad sexual más potente.

12:00 a.m.

-¡Feliz año! -grita eufórico el locutor de la radio.

Quisiera compartir la euforia de ese señor, pero al mirar a mi alrededor, observo a mi hermano que cada vez adquiere más responsabilidades y menos pelo, a mi hermana que cada vez invierte más en sus curvas y menos en sueños imposibles, a mamá que cada vez descubre más arrugas en el rostro y menos sonrisas en la boca.

-Te deseo salud –me dice mi tía, y descubro que su deseo es de corazón porque bien sabe que no poseo Seguro Social.

-Quiero ver la hoja que diga Fin –me dice otra tía, a sabiendas que llevo varios años escribiendo una novela que tantas angustias le ha causado a la familia.

-Siempre apoyaré la decisión que has tomado –me dice mamá, la última de la fila.

Una buena madre solo utilizará esa frase en dos ocasiones: si te has declarado gay o si has dicho que quieres ganarte la vida como escritor.

2:25 a.m.

Súper modelos desfilan despampanantes por la Quinta Avenida de Playa del Carmen. Nunca se vieron tantas mujeres hermosas reunidas en un mismo tiempo y espacio. Las probabilidades de que se cumpla mi primer y principal propósito del año son altísimas. Por desgracia, mis únicos dos acompañantes son un sujeto que modifica su corte de cabello cada que Ricky Martin lo hace y que me dice al oído que el próximo Año Nuevo tenemos que pasarlo sí o sí en Cuba antes de que muera Fidel Castro llevando maletas repletas de sabritas, chocolates y sándwiches para tener mejor suerte con las mujeres; y el otro, un tipo dedicado a la patética afición de fotografiarse posando junto a automóviles de lujo que jamás tendrá y que me confiesa que robar un Aston Martin es la única opción que se tiene en esta vida terrenal si se desea la compañía de un par de angelitos de Victoria´s Secret a tu lado, y no de dos borrachos descamisados.

11:50 a.m.

Camino por la playa. Pareciera estar sumergido en una película de horror de George Romero. Una mano emerge por sorpresa de las profundidades de la tierra y sujeta mi tobillo. Casi muero de un infarto. Me repongo del susto y mi corazón y mis testículos vuelven a ocupar el sitio que les corresponden en mi cuerpo al descubrir que el montículo de arena sobre el que estoy en pie es en realidad un hombre que dice ser una tortuga de carey. A mi costado, con pasos errantes, dos tipos empanizados en arena aseguran ser la osa mayor y la osa menor. A la distancia un DJ mezcla música en una tornamesa que desmontaron hace horas. Y, pasándome con movimientos que envidiaría cualquier aspirante a extra de una película de zombies, decenas de jovencitos rojos como tomates intentan emprender la graciosa huida al ver que una camioneta de la AFI se vacía de agentes antinarcóticos.

-A mí hágame el antidoping, oficial –le digo a uno de los oficiales de la AFI.

-No somos la FIFA –me dice el oficial malencarado-. Las manos sobre la nuca y dése vuelta.

Conozco a la perfección el procedimiento. Coopero con maestría. No es la primera vez que me confunden con un dealer. Mi primera ex novia campechana terminó conmigo porque su peluquero le dijo que yo me ganaba la vida traficando droga. El agente vacía mis bolsillos. Desilusionado de no encontrar el cargamento esperado de éxtasis, LSD, o mínimo un churro de mariguana, el agente antinarcóticos me recomienda una crema contra quemaduras de tercer grado y me devuelve el único objeto hallado en mis pantalones.

Lista de propósitos de Año Nuevo

1. Acostarme con una Top Model el primer día del año, o cualquier día de mi vida.

2. Hipotecar mi alma al Diablo para que la selección mexicana de fútbol derrote finalmente a los Estados Unidos, de tal suerte y para que una vez por todas la vida de más de cien millones de mexicanos cobre sentido.

3. Dejar de pagar inútiles mensualidades en el gimnasio donde me dedico a observar furtivamente a los gordos y/o enclenques mirarse por hora y media en el espejo creyendo que sus bíceps cobraron mágicamente dimensiones a la Arnold Schwarzenegger después de una superserie.

4. Preguntarle a Patricia Mercado Castro (ex candidata a la presidencia de la República y ex presidenta del Partido Alternativa Socialdemócrata y Campesina) si al menos sembró las semillas de los rosales del jardín de su mansión.

5. Felicitar personalmente a Felipe Calderón Hinojosa por su apabullante triunfo en contra del narcotráfico. Los más de 5,400 muertos del año 2008 se lo agradecen.

6. Preguntarle al Papa Benedicto XVI por qué no cambia la sede del Vaticano a Somalia.

7. Exigirle a Ivonne Ortega que le regale un auto más rápido y más furioso al Secretario de Seguridad Publica de Mérida, Luis Felipe Saidén Ojeda para que su retoño Luisito Omar pueda una vez más (a sus anchas, drogado, alcoholizado y a 200 km/hr) despedazar en cachitos a todo imprudente transeúnte que se le atraviese por la avenida de Prolongación del Paseo de Montejo.

8. Sugerirle a los chicos del PRD que le paguen a Lucía Morett una maestría en teatro experimental de creación colectiva en la selva del Congo para que los negritos comandados por el general rebelde Laurent Nkunda le enseñen a derramar lagrimones más reales que los de Thalia en María Mercedes y Televisa la contrate de protagonista en su nueva telenovela.

9. Comprarle al dictador Hugo Chávez Frías una Constitución más grande que una habichuela para que pueda anexar, borrar, modificar y/o inventar nuevos y divertidos artículos que lo ratifiquen y perpetren en el poder hasta su muerte y más allá.

10. Preguntarle a Barack Obama si en su agenda está enjuiciar a George W. Bush por sus crímenes contra la humanidad.

11. Publicar un libro de ensayos, artículos, cuentos y/o novela para que todo el tiraje se pudra en los estantes de las bodegas de las librerías y el gobierno de Campeche pueda justificar el envío de mi novel persona a los encuentros de escritores y así pueda cacarear en todos los rincones de la república que soy un escritor publicado y los periódicos se asombren de mi grandeza literaria y empiecen a tomarme en serio y a pagarme por cada uno de los escritos que toman prestados (traducción: colaboraciones) de mi blog.

12. Suplantar por cianuro las aspirinas de la bolsa de mamá si vuelve a preguntarme si pienso salir a la calle con esa camisa llena de hoyos y/o si mantener un blog es un trabajo de verdad.

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