Opinión Nacional

“Argo”, la película dirigida por Ben Afleck

Ver una película no es sólo apreciar el desarrollo de una historia. Ver una película implica, indefectiblemente, verla desde una perspectiva histórica, social, política y cultural, desde un momento y lugar, y también, desde un irrefrenable y necesario impulso para atar cabos, lanzar líneas de conexión comparativa con el presente, y de alguna manera, armar y desarmar un rompecabezas temporal de nuestra realidad.

“Argo”, la película dirigida por Ben Afleck que narra, con no poca libertad creativa, la operación que la CIA llevó a cabo con la ayuda del gobierno canadiense para sacar de Irán a seis diplomáticos estadounidenses en plena crisis de los rehenes, en 1979, nos ubica forzosamente en algún filón mercadotécnico que pudo sopesar la actualidad y pertinencia del tema de la película, cual es, el acérrimo odio y encono histórico entre Estados Unidos e Irán, el discurso incendiariamente anti-estadounidense de Mahmud Admadinejad, Presidente iraní, sin olvidar su encantador deseo, manifiesto y no disimulado, de poder fabricar armas nucleares y unirse a un club tan selecto en el cual ya no se aceptan nuevos socios sin sufrir las consecuencias.

El argumento de “Argo”, pieza fílmica que evidencia, valga acotar, una madurez insospechada pero grata en el oficio directivo-cinematográfico por parte del pana Ben, se describiría así: Luego de su salida del país gracias a un golpe de Estado, se ha declarado el nacimiento revolucionario de la República Islámica de Irán, y el Sha Mohammad Reza Pahlavi, gobernante depuesto, se refugia en Estados Unidos. El Ayatollah Jomeini emerge como nuevo líder nacional y encarnación del más rancio fundamentalismo islámico, y exige a EEUU la entrega del tirano pro-occidental y sanguinario. Las protestas anti-norteamericanas llenan las calles. Una turba se sitúa en frente de la embajada estadounidense en Teherán. Finalmente, la embajada es asaltada por los manifestantes, y sus ocupantes son tomados rehenes. Seis miembros de su personal, logran escapar y evadirse, hasta que se ocultan en la casa del embajador de Canadá. Preocupados por una captura y posible ejecución, si son descubiertos, y con una creciente hostilidad “anti-imperialista”, Tony Mendez (Ben Afleck), un experto de la CIA en “extracciones”, diseña un plan tan loco como desesperado, para lograr rescatar a los seis diplomáticos: Con la ayuda de gente de la industria hollywoodense, se inventan un film falso de ciencia ficción llamado “Argo”, que necesita locaciones en paisajes exóticos y desérticos para ser filmados. Con esta “fachada”, Mendez viaja a Irán y logra convencer a los 6 americanos de colaborar con el plan, hacerse pasar por productores canadienses y bajo el apoyo vital del embajador de esa nación en Irán y su esposa, intentan abordar un vuelo y salir del país.

 

Lo que sigue es una aguda y muy buena utilización por parte de Afleck del ritmo narrativo de la película, con un buen manejo del suspenso y la tensión, y una puesta en escena que logra transmitir tanto el acoso de los militares iraníes en su naciente “revolución” a intereses estadounidenses, como el deseo desesperado de los 6 diplomáticos por salir del país.

En el plano cinematográfico, “Argo” conjuga acertadamente dosis de suspenso, drama y humor, con un ensamblaje de la historia que logra mantener al espectador en ascuas hasta el final del film. Aquí, el mérito de la estética y la producción recae en quien empezando su carrera ganó junto a Matt Damon un Oscar por el guion de “En Busca del Destino”, fue pareja de J-Lo, y se puso hasta un antifaz para encarnar a un superhéroe invidente llamado “DareDevil”.

Pero en el plano político, Ben Afleck adapta e interpreta, a su manera, la historia original, agregándole espectacularidad y omitiendo, por ejemplo, el fracaso de las misiones militares que intentó el Presidente Jimmy Carter, o magnificando posiblemente el papel jugado por la Agencia de Inteligencia, minimizando el del gobierno de Canadá en dicho rescate.

Mientras tanto, Irán sigue jugando con una candelita en forma de programa nuclear, Obama, a diferencia de Carter en su momento, ganó la reelección, y las diferencias políticas, culturales y sociales entre Estados Unidos e Irán se mantienen y acrecientan, mientras la geopolítica traza hoy un cuadro mucho más complejo en cuanto a sus actores, pero sin muchos cambios, en términos de aquellos que pueden, efectivamente, influir y definir ese mapa y sus rasgos distintivos.

Los iraníes han amenazado con hacer su propia versión fílmica de la crisis de los rehenes de 1979. Por su parte, una sonrisa se dibuja en el rostro de Ben Afleck, quien cayó en cuenta hace tiempo, lo rentable y conveniente de hacer “Argo”: un cine sin complicaciones.

@alexeiguerra

 

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